lunes, 21 de diciembre de 2009

LA COMUNITAT, LA PEOR NOVELA DE LA HISTORIA, POR PACO CAMPOS. CAPÍTULO SEGUNDO

Más o menos en la misma fecha en la que el Führersito llegaba al poder, el joven Anakin Skywalker-Julien Sorel-Peris, tras haberse dado cuenta de que no podía aguantar ni un segundo más viviendo en su Comunidad Autónoma de tercera, había decidido largarse caminando en peregrinación hacia el país de las Pirámides, una nación de cultura más antigua pero también más avanzada que la de la Monarquía Cocotera; al menos en la opinión, todavía joven, pero muy bien informada, del futuro Caballero Jedi Antiimperialista.




Soler y Peris apareció en el mundo durante el mundial de España 82, concretamente el día del España-Honduras. Iba a ser uno de los días más felices en la vida de Visent Peris y de su mujer Pepita Estellés Peris el nacimiento de su hijo primogénito, Anakin Skywalker-Julien Sorel-Peris-De Niro.



Ese día, como todo buen ciudadano de la Comunitat, el señor Peris, valenciano ejemplar y modélico, tras volver en un coche Ford a su piso de Ruzafa; habiendo ya también supervisado su explotación agrícola, -en donde producía arroz y naranjas cien por cien no egipcias en las afueras del castillo de Benisanó-, degustó una paella, leyó un poco el Cabinista y se lamentó de que si no era más asquerosamente próspero era por culpa de las terribles confabulaciones de los líderes egipcios, que se morían de envidia hacia la Comunitat Valenciana y conspiraban junto al presidente sociata y junto a las FARC para hundirla en la miseria a base de impuestos y nacionalizaciones y de aumentar el número de funcionarios.



Mientras contemplaba los hermosos naranjales que se prologaban por toda la región de l´Horta, el señor Peris se recreaba complacido con la idea de que los terrenos pertenecerían un día a su hijo Anakin, otro valenciano ilustre que llevaría con orgullo de la Comunitat el apellido Peris.



Sería un glorioso empresario, como su padre, o un famoso cantante de baladas estilo Bruno Lomas, o bien un delantero del Valensia Club de Futbòl. Ah, la Comunitat, la terreta millor del mòn, que tampoco los de la Meseta sabían valorar correctamente. Les xiques valencianes, les més boniques. En las otras comunidades autónomas no tenían ni idea.



Pero todas las esperanzas y sueños de Peris y de su mujer Estellés-Peris saltaron en mil pedazos en el preciso momento en que se dieron cuenta de que su hijo había nacido egipcio.



Egipcio. Nada más y nada menos. Que le pasara a él, precisamente, valenciano de pura cepa. Naranjito devoto, que todos los domingos acudía a Mestalla a ver los partidos del Valencia. Ni andaluz, ni chino, ni americano, ni mongolo. Tenía que ser precisamente lo más odioso y despreciable del mundo. Egipcio.



La pobre señora Peris se echó a llorar inmediatamente. "!Por qué me pasa ésto a mí, precisamente a mí –se quejaba en voz alta- A Visenteta la del quinto no le ocurren estas cosas... tiene un hijo normal..."



-No te preocupes xiqueta –intentaba consolarla Peris, cuyos ojos mostraban también que estaba muerto de miedo- tiene que haber un error,¿verdad doctor Candel?



-Lo siento, no cabe ninguna duda –sentenció el doctor, sin temblarle la voz, con la frialdad de quien está acostumbrado a dar cualquier noticia terrible, incluso una noticia como esa, una noticia peor que la muerte- se trata de un bebé cien por cien egipcio.



“Observen bien –les dijo friamente, disipando así cualquier atisbo de esperanza que quedara-: tiene la clásica postura egipcia. El brazo derecho extendido hacia adelante, en forma de ele, con la mano de ese brazo en horizontal apuntando hacia delante. Y el brazo izquierdo hacia detrás de la espalda,con la mano en horizontal hacia detrás. No hay ninguna duda”



A partir de ahí, nada volvió a ser como antes. Tantos sueños familiares y esperanzas rotas para la pobre familia Peris.



Le preguntaron al doctor si era posible abortar aunque el niño ya hubiera nacido. “Pero si son sólo unos minutos, doctor..” –insistieron. Éste les comento que técnicamente era posible, pero que se negaba en redondo, pues significaría vulnerar la Constitución española, salvaguarda de los derechos democráticos de los ciudadanos y ciudadanas españoles y españolas.



De manera que la familia Peris pasó a valorar una segunda opción, que consistía en enviarlo a un campo de reprogramamiento mental, lo que en lenguaje técnico se conoce como “colegio privado católico”. La señora Peris había oído en la peluquería que una de las vecinas del barrio había envíado allí a su hijo para que lo enderezaran porque había salido del sexo opuesto al que quería Dios. Aí que, si enviaran también a su hijo egipcio, éste quizás se convertiría a largo plazo, gracias a una educación recta y disciplinada, en un niño normal y corriente como cualquier otro.



Después de estudiar la opción a fondo, los Peris consideraron que lo del colegio era una idea excelente pero que no garantizaba una probabilidad del éxito del ciento por cien, sobretodo si se lo comparaba con cierto sistema que se le había ocurrido últimamente a la propia señora Peris.



El método, que siguieron a rajatabla durante años, consistía en alimentar al niño, desde el primer día, a base exclusivamente de de paella y horchata.



Cuando era bebé, le daban todos los días papilla de paella; cuando llegó a la edad escolar, su madre le prepaba todas las mañanas bocadillo de paella, para que se lo comiera en el recreo del cole como un niño valenciano cualquiera. Le cocinaban además pizzetillas de paella, napolitanas de paella y kebabs de pollastre y conill. Y por si eso no fuera suficiente, le obligaban a escuchar chistes de Arévalo durante horas, así como cintas de música regional. Pero aún así el niño siguió sin hacerse valenciano, para decepción de sus padres, que habían puesto todas las esperanzas en ese método tan imaginativo.



Mientras los niños normales jugaban a especulador inmobiliario, y al Monopoli; a construir rascacielos encima de la huerta, a secar ríos, a recalificar el patio del colegio, el pequeño Anakin se divertía construyendo simples pirámides el desierto y sacrificando lagartijas e insectos a Ra. Sin hacer nada de provecho en su tiempo libre. Sin odiar al FC El Cairo. Sin hacer ni pensar nada remotamente valenciano.



Así que el pobre Anakin pasó toda su infacia aislado. Carecía de amigos, y los profesores le ponían siempre de ejemplo de todo lo malo, de todo lo que llegarían a ser si no se esmeraba en sus estudios y se decantaba por el camino recto.



-No seas tan egipcio, hombre -le decían-. Tienes que ser más como Ronald Reagan y Magaret Tacher, luchadores por la libertad que combaten contra el egipcismo radical en todo el planeta, y menos como Hugo Chávez, un militar fracasado cuya lucha por un mundo más democrático es un sinsentido que no conduce a nada. Ese tipo nunca será conocido internacionalmente ni llegará a ningún sitio, ni siquiera a Presidente de su país.



Anakin no sabía quién era ese tal Chávez. Pero si los odiosos profesores le odiaban, seguro que se trataba de un hombre excelente.



El único amigo que tenía Julien era un individuo conocido como “el Pordiosero Unidad” ,”el Pordiosero” con mayúsculas o “el Pordiosero a secas”.



Ocurría que los padres de Anakin organizaban a menudo ciertas reuniones ultras en su casa a las que acudían regularmente un buen número de exaltados de su misma ideología para beber horchata juntos, cantar canciones tradicionales valencianas y gritar a viva voz peligrosas consignas antiegipcias. Como no querían que otros valencianos vieran que tenían un hijo egipcio, justo antes de empezar cada una de las sesiones lanzaban al niño al parque directamente desde su casa por un tobogán que habían construído junto a la ventanda del chico para ese mismo propósito. Así es como Anakin creció casi como un salvaje entre los mendigos del parque y se hizo amigo del Pordiosero, con el cual descubrió todo un mundo hasta entonces inimaginado.



Para empezar, el Pordiosero no desempeñaba su profesión por necesidad o por infortunios de la vida, como todos pensaban, sino por afición. Y de hecho, había crecido en un palacio de la Calle Poeta Querol, una de las calles más exclusivas del centro de la ciudad valenciana. Pero desde su más tierna infancia contemplaba con curiosidad y secreto deleite desde la ventana de su habitación la vida de los desarrapados que vivían en los parques y esquinas de su barrio.



Igual que hay quienes disfrutan desde la edad más temprana del ajedrez o de la música, descubriendo un sinfín de correspondencias, metáforas y sinestesias en cada acorde de una pieza de Chopin o de Mozart, Unidad se quedaba obnubilado estudiando la composición de la materia orgánica adherida a estos personajes urbanos; las curiosas telas demacradas en las que se envolvían; el fétido olor que llevaban consigo a todas partes. Desde niño se había idenificado con estos seres valientes y a la vez resignados; los parias del capitalismo. Admiraba la libertad y la fidelidad inquebrantable a su modo elegido de vida, pero sobretodo, ya que Unidad ante todo se consideraba ante todo un tipo vago, su capacidad para vivir sin pegar ni golpe, sin obligaciones ni responsabilidades de ningún tipo.



Era capaz de deducir qué marca de vino de cartón había bebido la noche anterior cada harapiento examinando el color y la textura de vómito que por la mañana ensuciaba el suelo de su alrededor. Cada noche fantaseaba secretamente en su lujosa alcoba de aristócrata con acabar él también en las mismas condiciones, renunciando a su riqueza y convirtiéndose en uno de ellos.



Cuando terminó el bachillerato y aprobó el selectivo después de haber pasado su vida en un colegio elitista del Opus, Unidad se puso a pensar durante toda la noche si estudiaba derecho o económicas, pero finalmente decidió hacerse pordiosero, que era un trabajo mucho más cómodo y acorde con su ideología. Podía beber todos los días que le apeteciera, incluso entre semana, y podía incluso tajarse por la mañana; bien porque le daba la gana, o bien simplemente porque le molestaba la resaca del día anterior.



Así que al día siguiente, bien temprano, le comunicó su decisión al rancio aristócrata con monóculo de su padre, descendiente de los Bilderberg de toda la vida; mas no se quedó a escuchar alaridos de espanto ni sus futiles amenazadas y salió presto de su morada, decidido a cumplir con su destino. Como anécdota curiosa, hay que señalar que Unidad, para conmemorar la ocasión, ese día se había duchado y afeitado por última vez en su vida.



Bajó a la calle temprano, se compró un pack de chela de medio litro de la marca Steinburg en el Mercadona y se fue directamente a beber al parque de la ciudad que más le gustaba. Toda jornada la paso jugando al tenis sin parar en un banco del parque. Hasta que se hizo de noche y cayó borracho, y se quedó durmiendo en el mismo banco.



Al día siguiente se levantó con una enorme resaca que traía consigo unas náuseas y un dolor de cabeza tan intensos que a cualquier persona cabal le habrían provocado ganas de suicidarse; pero Unidad se encontraba tremendamente feliz, ya que el haber pasado una noche entera en un parque le confirmaba como un pordiosero de verdad. Para celebrarlo, se fue al supermercado a comprarse más bebida y de peor calidad, se tajó otra vez, y pasó la siguiente noche y la siguiente, y el resto resto de su vida, en el mismo banco; banco del que sólo se despegaba durante sus constantes viajes al supermercado para comprar más latas de tenis. Con el tiempo, Unidad se convirtió en un auténtica leyenda entre los demás mendigos, y se le acabó conociendo como el el Pordiosero a secas, el Pordiosero en mayúsculas.



Desde el principio, el Pordiosero vio a Skywalker como un reflejo del sí mismo años antes, un tipo algo marginal, asocial que parecía vivir siempre en su propio mundo de egipcismo. Por su parte, el futuro Jedi le admiró a él de la forma romántica en la que un muchacho cualquiera admira a sus héroes de juventud.



El Pordiosero enseñó a Skywalker-Julien Sorel todas sus habilidades secretas. Por ejemplo, la capacidad de conseguir rápidamente acumular en su propia ropa la suciedad de cualquier entorno urbano; adquiriendo así sobre su propia piel las tonalidades y colores de tal entorno, y pudiendo moverse así sin ser visto como si se hubiera tranformado en el mismísmo David Bowie.



Además, le regaló así su propia chaqueta, forjada tras decenios de vida insalubre en aquel parque. Al ponerse esa chaqueta adquiría uno el don del camuflaje urbano y se hacía literalmente invisible a todos los elementos hostiles presentes en la ciudad, como los agentes de la autoridad, los skinheads, los pijos borrachos, etc.,de manera que podía dormir tranquilamente en cualquier sitio y a cualquier hora del día, en cualquier barrio de cualquier país, sin que nadie le viera.



Conforme pasaron los meses y crecía, Skywalker iba demostrando cada vez un interés mayor en todos los artilugios y cachibaches que coleccionaba el Mendigo. Al ojo inexperto trastos inservibles,  en realidad todos ellos tenían una función concreta.



Un día, Unidad enseñó a Sorel a fabricarse por sí mismo chaquetas de pordiosero en un santiamén, habilidad que le sirvió de gran ayuda años después, cuando combatía a los invasores israelíes en el sur del Líbano. Pues además de invisible al ojo humano, lo convertió en indetectable incluso para los misiles más "inteligentes" de los que los carniceros sionistas disponían.



Otra destreza que le salvó varias veces la vida, en las selvas de Colombia o en los desiertos de la franja de Gaza, fue la de poder pasar varios días en modo stand-by, con las funciones vitales reducidas a la mínima expresión, aprovechando y prolongando los nutrientes contenidos en una sola lata de pin pon genérica, como por ejemplo las latas Steinburg de Mercadona con las que Unidad había podido sobrevivir a los periodos más difíciles de su juventud.



Pero no sólo ese tipo de capacidades secretas y casi mágicas aprendió, sino también otras más aburridas y burocráticas pero igualmente necesarias para vivir sin trabajar, aprovechando al máximo todas las ayudas gubernamentales, becas y subvenciones que existen en la mayoría de los países desarrollados. Todas esas habilidades que le fueron de gran provecho al niño cuando se hizo más grande y viajó de un lado a otro buscando cumplir su destino.



El experto máximo en es subvenciones, becas y ayudas, era un tarado llamado “El Profeta Azul”, que vivía una pensión de invalidez de la que siempre se jactaba como su mayor obra maestra, pues la había conseguido poinendo en marcha un ingenioso método de su invención que había consistido en golpeándose a sí mismo con un ladrillo en la cabeza. El Profeta era amigo de un tipo llamado Elvar, que pese a hablar cinco idiomas y poseer un título universitario vivía en un cajero automático.



A parte de las charlas con el Pordiosero, con el Profeta y con Elvar, siempre excitantes, la infancia y el principio de la juventud de Skywalker-Julien Sorel pasaron con más pena que gloria; sin amigos, acomplejado y despreciado por las chicas guapas por ser egipcio. Sólo se relacionaba con otros individuos marginales, tipos tan despreciables para los demás como él mismo, pero nunca había encontrado a nadie de su edad con nivel suficiente para divertirse charlando, alguien que tuviera si acaso un cuarto de la profundidad y el humor del Mendigo, del Profeta o de Elvar.



Estaba dotado en realidad de una inteligencia superior a la de la mayoría de sus compañeros de sangre naranja, pero nadie a su alrededor se había dado cuenta de ello; ni si quiera él mismo había reparado. En parte porque apenas la había desarrollado en absoluto, debido a la falta total de estímulos que le rodeaba; en parte porque le tenían marginado. Como era egipcio, y por tanto un enemigo de la Comunitat en potencia y un futuro terrorista, no había nadie en su entorno que le hiciera caso.



No tenía puntos de referencia con los que compararse, así que consideraba que sus capacidades eran simplemente normales, y que los demás, sus compañeros, eran una banda de idiotas, sin que hubiera uno solo que se salvase.



Aprobaba los exámenes con notas justas, sin estudiar y sin atender al profesor. Los profesores, llenos de ideas políticas preconcebidas, creían que, pese a ser medio bobo, se esforzaba en casa y por eso conseguía unas notas decentes. Pero en realidad ocurría lo contrario. Que sin preocuparse de nada, ni escuchar, ni interesarse por ningún tema escolar, iba pasando de curso con la ley del mínimo esfuerzo



En ese ambiente de apatía de su época preadolescente, ya se pasaba el día pensando que le gustaría irse de la Comunitat Valenciana, mas si no lo intentaba era porque el fondo opinaba que todas las comunitats se debían de parecer bastante entre sí, pues los niños provenientes de otras partes de España no eran tampoco especialmente listos.



A menudo, dudarente los largos paseos en solitario por el patio de la escuela, se formulaba cuestuiones que nunca se hubiera atrevido a preguntar a nadie. ¿Dónde podría escaparse? ¿Habría un país en el que todos los hombres fueran iguales, sin importar su procedencia o estatus social? Sus respuestas eran siempre negativas. “Imposible, no hay a dónde ir. Excepto los mendigos, que carecen de ambición, los seres humanos son malvados por naturaleza, y por lo tanto los países también”. De manera similar se acababa respondiendo siempre, influido sin darse cuenta por las sombrías ideas filosóficas de los moradores del parque.



Así es como su vida discurría día tras día en la inopia, y así hubiera discurrido hasta el final de sus tiempos si no llega a ser por un descubrimiento casi fortuito que cambio su vida de repente y le proporcionó un componente intelectual y una esperanza a su existencia de los que había carecido totalmente hasta entonces.



Tenía 17 años. Estaba sentado tranquilamente esperando a que empezara otra clase de literatura o matemáticas, otra clase aburrida cuyos contenidos carecerían como siempre de cualquier aplicación en la vida real, cuando uno de sus compañeros de clase empezó a explicar al resto del grupo que ese fin de semana iba a ir a una manifestación contra Cuba. El chico intentaba a convencer a todos los alumnos, incluído Skywalker, de que fueran a la mani juntos por el bien de la democracia y de los Domingo Fernández.



En principio lo que dijo el chico no llamaba la atención a Skywalker. Era un discurso totalmente en consonancia con lo que entonaban todos los medios de comunicación a todas horas y cuya veracidad siempre había aceptado automáticamente, sin someterla a ningún tipo de duda. Pero esta vez había algo raro.



Quien que sostenía ese discurso no era un presentador del telediario, sino el alumno al que Sorel-Skywalker consideraba el más imbécil de clase, un estúpido pijo y progre, muy popular entre todas las nenas del colegio, que respondía al nombre de Ramoncín Bosé. Si un idiota como Ramoncín Bosé estaba en contra de Cuba,¿no querría decir eso que Cuba podía ser un país que valía la pena?



No podía ser. La televisión siempre criticaba a Cuba, y Skywalker todavía pensaba que la televisión no decía mentiras nunca. Además, los seres humanos eran malvados en cualquier sitio, así que no podía existir ningún país igualitario ni bueno.



Sin embargo, la posibilidad remota de que existiera un país diferente al que le había tocado vivir, significaba un rayo de esperanza y una duda que permaneció en su corazón durante semanas. Y si pensaba un poco más, uno se daba cuenta de que la democracia no debía de ser un sistema tan bueno como lo pintaban, pues la Comunitat, según decían, era también democrática, y pese a ello resultaba una auténtica mierda. La sospecha se agravó al enterarse que unas compañeras de su clase que nunca pensaban por sí mismas y que dedicaban todo el tiempo a leer revistas del corazón y a pintarse la cara de colores iban también a la manifestación, con lo cual ésta quedó a sus ojos totalmente desacreditada.



Había sin duda gato encerrado. Todos los idiotas odiaban a Cuba. A lo mejor resultaba que Cuba era un país mucho mejor que España; lo cual, a su vez, significaría que todos los periódicos y radios españoles se pasaban el día mintiendo. ¿Era eso posible? Durante algún tiempo no se atrevió a preguntar, le daba verguenza. Pero un día se le explicó sus dudas directamente al Pordiosero.



-No puedo contestarte –le dijo éste-. En Cuba debe de haber cosas buenas y malas como en todos los países, no debe de ser todo tan malo como dicen.-Y luego añadió: -De todas formas, no conozco el tema en profundidad. El que sabe de política internacional es el Chino Muerto, así que vamos a verle y que te lo explique –y se fueron a ver Chino Muerto para que explicará a Anakin la situación en Cuba.



El Chino Muerto era el mejor conocedor del panorama geoestratégico mundial que había en España. Vivía en un antro subterráneo del barrio del Cármen llamado “La Caverna”, justo enfrente de una de las dos torres de la antigua muralla árabe que todavía quedaban en pie en Valencia. Precisamente en ese bloque de edificios había construído el primer avión de España el genial inventor y artista Ricardo Causarás Casaña, bisnieto tío del también polifacético y genial artista valenciano “Elvar Ata”, poeta, compositor y autor periodístico.



El Chino Muerto encendiño la luz de la cueva en la que habitaba. La cueva del era a la vez museo de sí mismo y también metáfora del mundo en el que vivían, cada vez más dominado por la ignorancia y por el miedo. El Chino Muerto se río al ser preguntado.



-Me han hecho esta pregunta cientos de veces、pero muy poca gente ha escuchado la respuesta. –dijo. Y tras una teatral pausa de unos segundos y dijo:- He viajado en el tiempo y en el espacio y jamás he visto un país del tercermundo tan desarrollado en educación, solidaridad y Derechos Humanos como Cuba.



Julien se sintió satisfecho al descubrir que su corazonada se cumplía y que no todos los países del mundo eran egoístas e insolidarios. Quiso poner a prueba la opinión del Chino utilizando los argumentos que ya había utilizado Bosé- Ramoncín en la clase de matemáticas, pero el gran pensador, filósofo, escritor y analística político ya se había adelantado a sus réplicas.



-Aunque se la suele atacar en el tema de los Derechos Humanos –siguió explicando el Chino- la lectura de los informes de los diferentes organismos internacionales demuestra a las claras que Cuba está muy por encima de países como España y Estados Unidos en ese tema, países donde sí que se tortura (y se bombardea, ejecuta, invade y espía) y donde sí que existen presos políticos. Puedes ir a cualquier hemeroteca y comprobar cuál es el país de Latinoamérica que más atentados terroristas ha sufrido en su historia. No es Colombia, ni Estados Unidos, es Cuba. Y detrás de todos ellos está la mano de Estados Unidos. Y también podemos pasar a otros terrenos como sanidad, por ejemplo, donde Cuba es uno de los paises más punteros del mundo, ofreciendo tratamiento a todos sus ciudadanos, así como a ciudadanos de otros países pobres. Comparado con países como Estados Unidos y Afganistán, que no ofrecen sanidad gratuíta a sus ciudadanos y donde muchos de sus residentes carecen de cobertura sanitaria, se trata de un logro asombroso para un país tan atacado.”



-¿Entonces, por qué siempre intelectuales de la talla de Ramoncín Bosé critican siempre a un país tan maravilloso?



-Básicamente porque a los dueños de las grandes empresas y de los bancos en España (que a su vez son los dueños de los partidos políticos y de las televisiones) les interesa que ese modelo ejemplar, solidario, no se extienda, pues ello pondría en peligro los privilegios y la explotación en las que se fundamenta su riqueza.Es por eso que se dedican a inventarse abusos contra los derechos humanos continuamente, mas los que cometen su propio país o aquellos o los que tienen negocios, de esos jamás los oirás hablar.



-Gracias, Maestro –terminó, satisfecho, Skywalker- por concederme gratuitamente una información que los medios de comunicación me habían ocultado. A partir de ahora estudiaré por mi cuenta, contrastando toda información tendenciosa, y volveré, si así me lo permitís, con más preguntas.



-Estudia con pasión y vuelve cuando te plazca, joven vivaz e inquieto, ya que siempre serás bien recibido en este ámbito, debido a que responder a tus interesantes cuestiones me causa gran placer.



Sorel salió en ese momento de la cueva, con el corazón prendido de ansias por aprender más cosas sobre Cuba. Pronto, viendo que todo lo que le decían era pura mentira, dejó de leer periódicos y empezó a acudir sólo a fuentes independientes o imparciales. Pero lo que más le abrió la mente fue el hecho de deshacerse de la televisión que había usado hasta entonces. “Maravilloso”le felicitó el Chino cuando se enteró de que la había lanzado contra el escaparate de una entidad bancaria que también regalaba sartenes. “Es un medio de comunicación clave en el dominio de las mentes por parte de las élites. ¿Te has parado ha preguntar por qué en muchos países la sanidad, la educación, o el agua potable son de pago, pero la televisión es gratis en todas las naciones del orbe?”



Skywalker estaba entusiasmado con el tema cubano. Era precisamente lo que había siempre anhelado, un país donde se practicaba la solidaridad como modelo de Estado y no la competición y la exclusión por norma de quienes se consideraban diferentes. No discutía con sus compañeros sobre el tema, pues aún los consideraba demasiado necios para discutir, pero se pasaba el día estudiando la realidad objetiva y los problemas de la isla. Era consciente de todos los problemas de la revolución cubana, muchos de los cuales eran sin dudad por culpa del bloqueo, otros más bien por la corrupción de las personas.



Gracias a estudiar sobre Cuba y sobre la revolución, aprendió también sobre historia contemporánea y sobre la realidad siniestra de muchos países capitalistas a los que la televisión siempre ponía como ejemplos en todas las virtudes, cosa que confirmo la visión nada alentadora que tenía sobre su propio país y comunidad autónoma. Desde el principio pensó en que le gustaría marcharse de España y largarse a vivir a esa isla revolucionaria. Estuvo pensando seriamente en inmigrar, y de hecho llego a sopesar las posibilidades de construirse el mismo una balsa con la que cruzar el océano. Quizás si viajaba a Estados Unidos, desde allí podría emigrar más facilmente.



Pero aunque nunca abandonó su entusiasmo por Cuba, conforme estudiaba y ampliando su visión sobre el pequeño país caribeño se daba cuenta de que la lucha del pueblo cubano no era una lucha individual sino la lucha de toda Latinoamérica. Y la lucha de Latinoamérica era también en el fondo la misma lucha que la del pueblo palestino, del pueblo egipcio, del pueblo árabe, del pueblo asiático, y en general de todas las personas marginada y excluídas del mundo, incluso en la Comunitat.



Le llenó de dicha el confirmar una idea que se le había ocurrido hace mucho tiempo, pero nunca había desarrollado hasta entonces, quedándose en forma preconceptual: que el odio a todo lo egipcio no era natural ni tampoco fortuíto, sino que respondía a los intereses de clase de un grupo en concreto. Era, dicho esquemáticamente, una simple manera de mantener al pueblo unido a favor de sus gobernantes y en contra de un enemigo inventado por esas mismas élites. El odio a los judíos, a los árabes, a los cristianos, a los egipcios, a los franceses...; a lo largo de la historia, todos los odios de un pueblo a otro respondían a similares motivos. Así que Anakin poco a poco fue superando su anterior complejo de inferioridad como miembro de una minoría perseguida y aprendió a transformar la frustración en orgullo, a la par que iba centrando sus estudios en la historia y la política de la nación egipcia y del pueblo árabe. A todos los que le miraban con aires de superioridad les explicaba los impresionantes logros culturales y aportaciones a la humanidad de su patria verdadera. Y aunque Cuba seguía siendo un modelo, a donde quería ir ahora a vivir era a su propio país, al país de la pirámides y el paté de camello.



Entretanto, seguía yendo a la cueva del Chino Muerto a poner en común lo que aprendía y a pedirle recomendación sobre sus lecturas. Se habían hecho grandes amigos y se pasaban charlando hasta las tantas. El Chino le contaba cómo había conseguido la capacidad para viajar en el tiempo y en el espacio. Cómo había visto con sus propios ojos caer a Estados Unidos al final de la siguiente década. Cuando le hablaba sobre la situación de cualquier otro país, los hechos siempre coincidían con las comprobaciones que hacía luego Skywalker basándose en datos objetivos. Pero cuando hablaba del futuro o de experiencias que había vivido él mismo en sus propias carnes,Anakin nunca sabía si el Chino iba en serio o bromeaba.



-Las revoluciones las hace sin duda el pueblo, no los líderes, pero en todas las revoluciones hacen falta individuos formidables que tengan la suerte de estar en el lugar adecuado para ayudar a las naciones a liberarse y a alcanzar el progreso. ¿Quién sabe si el propio Anakin Skywalker Julien Sorel de Niro Peris se convertirá en uno de esos hombres formidables que cambiará el curso de la historia?



Un día el señor Peris, padre de Skywalker, después de salir medio tajado del Aguas Manolo, pasó por el parque en el que viven los pordioseros y escuchó a su hijo hablando con un mendigo y criticando a la Generalitat valenciana desde un punto de vista de izquierdas. Aunque estaba preocupado desde hace tiempo por su amistad con este tipo de calaña, pensaba que precisamente por no haberse vuelto valenciano se trataba de un caso perdido y no se podía hacer nada por ayudarle, y por eso no había intervenido en su educación. Pero lo que estaba viendo en esos momentos el Señor Peris con sus propios ojos era ya lo máximo. Además de egipcio, el chico había salido rojo. Las dos cosas peores del mundo. Sólo faltaba que se hiciera seguidor del FC. El Cairo.



Los Peris decidieron que cuando volviera a casa lo crucificarían sin cena hasta que recapacitara y decidiera espontáneamente afiliarse al "Partido". Así lo tuvieron largas jornadas en la cruz, en el cuarto oscuro de los ratones, sin dejarlo salir, alimentándolo sólo de hiel y alfalfa, mas el chico no hacía arriba su mente ni por aquellas.



Después de unos cuantos meses, como vieran que aún así seguía sin cambiar su intolerable actitud, decidieron torturarlo de verdad, así que movieron sus contactos para llamar a un locutor ultraderechista de radio llamado Federico García Lorca. Cuando Federico escuchó el caso, se sintió tan preocupado que canceló todos sus compromisos y vino desde Madrid a propósito "en misión humanitaria", para poder susurrarle al oído en persona las mismas lúcidas reflexiones, siempre comedidas, moderadas e inteligentes, con las que cada día inspiraba la conciencia cívica y democrática de tantos españoles; cosa que hizo durante largas jornadas desde temprano por la mañana hasta que se ponía el sol.



Pero ni con eso consiguieron torcer la valiente resistencia del joven Skywalker, que al oir aquellos discursos llenos de odio se iba dando cuenta poco a poco de que ningún chantaje, amenaza o tortura podía hacer marchitar su propia consciencia. Conforme había estudiado la realidad política mundial con el Chino Muerto, había constatado la estupidez de la mayoría de sus conciudadanos. Pero esta vez ya no era la inferioridad de los demás, sino su escondida grandeza interior,la que se le revelaba.



Por primera vez en su vida, sintió orgullo. El orgullo de los leones, el de la individualidad inquebrantable rodeada de hombres pequeños y mezquinos, individuos que estaban incluso dispuestos a arruinar su propia vida y la de los demás por objetivos espurios, encadenándose los unos a otros por efecto de meros instintos tribales. Estaba descubriendo la Fuerza.



Ya durante la crucifixión, antes de que llegara Lorca, su corazón había empezado a cambiar poco a poco. Su conciencia había ido creciendo y multiplicándose de manera que hasta él mismo se sorprendía del conocimiento de sí mismo al que iba llegando.



Se había transformado sin darse cuenta en una persona especial, capaz de resistir casi cualquier sufrimiento que le infligieran. Con la coraza moral que sólo otorgan las convicciones nobles y desinteresadas, pero también con la rabia del que a sufrido en su propia piel las injusticias. Un hombre de la talla de Allende, Chávez, Nasrala, King, Castro, el Ché, etcétera. Un héroe antiimperialista. Por eso, los discursos de Federico García no conseguían sino aumentar la convicción de sus ideas.



En ese periodo que pasó encerrado con el locutor centrista, Sorel descubrió también la esencia del torturador como persona en permanente posición de necesidad y por tanto, de inferioridad, con respecto al torturado. Eso le hizo también invulnerable cuando se tuvo que enfrentar años después a los verdaderos salvajes. Los que no se andaban con discursos ni dejaban pasar el tiempo en cruces preguntaban antes de hacer daño. Los torturadores de las fuerzas de secretas de los países del bien (Inglaterra, Estados Unidos, Israel y Colombia.) Además, desde ese momento, ya nunca ibaa dudar que el mundo estaba tremendamente enfermo, que todo lo que le había dicho el Chino Muerto era esencialmente cierto y que hacían falta grandes hombres que ayudaran a curarlo.



Si le hubieran dejado en paz, quizás su impulso revolucionario se hubiera extinguido a sí mismo, preso de la apatía, como ocurría en tantos cientos miles jóvenes. Pero esa agresión tan infame, el maltrato al que le sometía su familia, había encendido la llama de la rebeldía, y Anakin se había dado cuenta de que ya no había vuelta atrás.



Sintió pena por aquel pobre tipo. Sagasitó su interior, con el nuevo poder de rayos equis que tenía en sus ojos de Jedi. Y no vio más que miedo, origen último de todo fascismo.



En las argumentaciones a las que volvía recurrentemente, el locutor de ideología reformista liberal moderada comparaba una y otra vez a España con Estados Unidos, y ponía al país de los palos y estrellas como ejemplo a seguir en todos los terrenos. El país de la bomba atómica, de los campos de tortura, de las invasiones, del neocolonialismo, del racismo, de las desigualdades, de la especulación, del pensamiento único. ¿Cuánto tiempo haría que no había puesto en tela de juicio sus propias creencias el pobre Federico?



Y sin embargo, era un tipo con estudios, al que millones de españoles tomaban en serio, y que había escrito incluso libros. ¿Por qué mecanismo una persona de inteligencia normal podía acabar desarrollando una ideología tan perversa e irracional, tan llena de odio como la de Federico García? Una vez más, la respuesta era el miedo. Incluso si lo hacía a cambio de dinero o poder, el miedo sería sin duda el motivo de traicionarse a sí mismo. Por fortuna, Julien había dejado de sentirlo gracias a Federico García.



Los primeros discursos del pequeño bufón nazi le habían resultado más bien cómicos. Pero pasaban los días, la tortura seguía, y amenazaba con matar a Julien de verdad de aburrimiento.



En realidad, no podía ya reirse más, ni hacer absolutamente nada más, en ese país; su estancia en la Comunitat estaba acabada.



Seguir en la Comunitat Valenciana significaría tirar su existencia a la basura.Era obvio que si se quedaba en España se pudriría como el resto de la juventud del país.



Como la conciencia de sí mismo como individuo independiente, no sujeto a los intereses de ninguna tribu, había crecido ya tanto que se había transformado en una autoconfianza casi digna de un héroe, Anakin se sabía capaz de irse de ese lugar en cualquier momento. Tal era la fuerza que sentía en su interior, y tales eran las ganas que tenía de crecer por encima de los límites que le imponía su fallido destino como empresario naranja de provincias.



Esa misma noche, cuando ya Federico se había retirado a descansar de sus actividades de tortura, el joven Skywalker Sorel sintió un agradable aroma raído como a mezcla de mueble antiguo, la casa de tu tía a la que vas a cenar una vez al año casi por obligación, y cerveza industrial de la peor calidad de la que consumían los pordioseros. Supo sin necesidad de verlo de quién se trataba.



El Pordiosero se había infiltrado en la habitación en la que el Sorel estaba crucificado utilizando sin duda alguna de sus habilidades especiales. Se encontraba junto a la puerta de la habitación en modo standby; modo imposible de ver para una persona normal y sólo detectable por otros pordioseros verdaderamente experimentados.



Al día siguiente por la mañana, llegó al parque un escuadrón de las fuerzas especiales antiterroristas en misión de paz humanitaria preventiva y rutinaria (aprobada por la Comunidad Internacional, la de vecinos, y por la ONU).Se llevaron a todos los pordioseros a un lugar tranquilo y cómodo; les invitaron a merendar, agasajándoles con Fanta de naranja, ganchitos y palomitas; y luego de hacerles masajes y de entregarles algunos presentes, como mochilas, gorras y toallas de playa, les preguntaron con amabilidad dónde se encontraba aquél al que toda la “Comunidad Internacional” y las fuerzas internacionales del bien estaban buscando.



-Venga, tío, dímelo, porfa –insistían los amables jóvenes de las brigadas antiterroristas- Yo te he invitado a merendar y tú no me ayudas a encontrar al pordiosero terrorista. Eres un mal colega. Se lo voy a contar a todo el mundo.



Los mendigos estaban en realidad tan encantados con tales agasajos por parte de la guardia civil y de las fuerzas de la ONU que hubieran delatado a cualquiera. Pero la verdad es que no tenían ni idea de dónde se encontraba la persona en cuestión.



Sólo uno de los pordioseros consiguió escaparse de la redada. Y lo hizo sin esforzarse, como todo lo que hacía en la vida, y sin renunciar a las chelas que se bebía todos los días para hacer más soportable la resaca del día anterior. Pese a que las fuerzas de seguridad lo habían tenido delante de sus narices varias veces aquella mañana.



Acabó aquella noche vomitando en el suelo, pero no porque nadie le pegara sino porque la taja de transición se le fue de las manos y degeneró un ejercicio brutal de sueling.



Con las fuerzas especiales del bien iba un tipo trajeado y con gafas de sol a lo Matrix. Este hombre, a quien llamaremos desde ahora “El mensajero de las Tinieblas”, apareció completamente furioso en casa del señor Peris, reprimiéndole severamente por haber dejado marchar a una persona tan peligrosa, una persona que en el futuro iba a vulnerar los derechos humanos tantas veces como su hijo, e iba a colaborar con la alianza ETA-Corea del Norte para intentar romper el Estado de Derecho.



Al enterarse de que su pequeño Anakin Skywalker Julien Sorel Peris se había convertido en un terrorista, el señor Peris se dio cuenta de que todos sus sueños y esperanzas habían saltado ya totalmente por los aires y que no había posibilidad de arreglar su ya de por sí anodina existencia de vulgar comepaellas.



Así le le pagaba la vida los esfuerzos para llevar a su hijo por el buen camino y para ayudarle a convertirse en un buen valenciano.Se había sacrificado toda su vida para sacar adelante su negocio valenciano, para que su hijo valenciano pudiera vivir bien y casarse con una chica valenciana (les mes boniques del món) y formar una familia valenciana y no egipcia. Aunque el señor Peris ni siquiera hablaba valenciano.



Y ahora su hijo se lo pagaba convirtiéndose en un terrorista izquierdista egipcio, que seguramente que quería regalarle Navarra a Kim Yon Il o a Gadafi.



El señor Peris perdió totalmente la fe a partir de aquel momento. Decidió que el resto de su vida sólo quería hacer cosas malvadas, nada más que cosas malvadas.



El día siguiente aceptó una oferta que tenía desde hace varios años sobre la mesa para vender el castillo de Benisanó a una multinacional yanqui, empresa que a su vez quería convertirlo en un casino resort temático medieval con restaurante de cuatro estrellas y parque temático fenicio romano con campo de golf, plantación de algodón recolectado por rumanos, centro comercial y un horrible rascacielos piramidal de 28 pisos que se veía incluso desde Barcelona.



Con esa operación ganó una grandísima fortuna que mediante la especulación y la destrucción de playas y de campos de naranjos se fue agrandando hasta convertir a Peris en un multimillonario y en uno de los hombres más influyentes de la Comunitat. Aunque obscenamente poderoso y rico, sin saberlo el señor Peris había perdido definitivamente su alma para siempre.



Había dejado incluso de ser valenciano. Ya no le importaban las naranjas, ni la paella, ni el Valencia CF. Ni si quiera era ya antiegipcio. Sus únicos objetivos eran destruirlo todo y especular, acumular poder, robar a los pobres, secar ríos, realizar transvases gigantescos, y en general cualquier tipo de obras públicas faraónicas, con la única condición de que destruyeran el medio ambiente y no sirvieran para nada.



Acumular más poder, manipular los medios de comunicación, vulnerar cualquier principio ético porque sí, por placer y por mero deporte; para enriquecerse más y más y sentir la pura belleza de hacer el mal.



Porque Vicent Peris había dejado de ser una persona normal y un empresario normal, y se había convertido en una criatura malvada y apenas humana.



Se había convertido en un empresario zaplanista.

lunes, 14 de diciembre de 2009

LA COMUNITAT, LA PEOR NOVELA DE LA HISTORIA, POR PACO CAMPOS. PRIMERA PARTE. CAPÍTULO PRIMERO

Estoy sentado en un banco del parque en el que vivo. Es uno de los bancos más sucios del parque porque cada noche vienen los mismos melenudos a fumar porros y hacer botellón y lo dejan todo perdido, qué asco nano, pero también es el mejor de todos, porque da el sol casi todo el día y porque es el único que permite una visión íntegra de toda la plaza. En cuanto a la suciedad, estoy totalmente acostumbrado a ella y por eso no me afecta; y además, como dijo el propio Elvar Ata, la limpieza es propia de las personas mediocres, el genio prevalece en el Caos, creo que era. El parque en sí es uno vulgar y corriente; un parque de barrio que cualquiera consideraría aburrido pero que en realidad resulta todo lo contrario: si sabes mirar es excelente, puedes saber todo lo que ocurre en el mundo sólo fijándote en la gente que vive o pasa por este lugar un día cualquiera.




Si bien yo juego con ventaja en eso del mirar, ya que toda mi existencia discurre aquí sentado, y al final uno termina aprendiendo, por mucho que yo sea más bien un poco lelo. Y también está el hijo de la viña especial que venden en el establecimiento Manolo, un sitio mugriento que no se sabe si es un bar o una tienda o lo que es; aunque ya tendré el tiempo de hablaros del Manolo más adelante. Creo que el parque fue construido en los años 80 por los sociatas; al principio lucía brillante e impoluto, pero se fue deteriorando poco a poco y cubriéndose de suciedad y de pintadas, hasta echarse a perder, como todo en esta vida, igual que los propios sociatas.



Y además, el banco en el que transcurren mis jornadas no da en realidad tanto asco como el banco que queda justo enfrente. Y no estoy hablando de corrupción ni de impureza moral, sino de simple mugre, basura, suciedad, gena. Pues en ese banco habitan, mientras transcurren las horas del día y los días del año, dos personajes, a quienes apodan Rajoy y Anasagasti, que se alimentan y duermen siempre en ese mismo banco. Y que se pasan el día tirándose comida por encima, y nunca trabajan ni se duchan, porque se dedican exclusivamente a beber vino de cartón y a insultar a Zapatero. Y comen en el propio recipiente donde vienen los productos; y siempre comen por fuera del plato, como las alimañas y los animales de cerda, y como el resto de las bestias que creó el señor.



Rajoy, el clásico mendigo viejo con barba y chal raído, es una auténtica leyenda del parque. Tanto que a veces llega a parecer que ya habitaba su banco incluso desde antes de que el parque fuera construído. Le llaman Rajoy porque, cuando los niños van a burlarse de él y a lanzarle huevos a la salida del colegio, él se dedica a perseguirles con un palo, amenazándoles y señalándoles que no saben quién es él, político de gran prestigio del centro reformista español; recordándoles que fue líder de la oposición durante décadas y también vicepresidente del gobierno, y que incluso estuvo a punto de ser el presidente de España. En ese punto los chavales siempre se ríen del pobre pordiosero, lo que hace que el bueno Mariano se enfurezca todavía aún más, e indignado, acabe por lanzar el palo por los aires:



-¿Es que nadie me cree? –se queja siempre, con su peculiar forma de hablar y su ceceo característico- Si hasta salía en televisión todos los días mintiendo sobre el Prestige, y subía en helicóptero, y tuve un accidente una vez del que de milagro salí ileso...



El otro pordiosero sí que fue un político de verdad, próspero y corrupto como cualquier otro, que militó en las filas del Partido Nacionalista de Andalucía y que fue expulsado de su propia formación acusado de ser el peor político de la historia. Dicen quienes compartieron partido con él que era un un político verdaderamente pésimo; un político tan malo, incluso para ser un político español, que sus propios compañeros de filas votaron unánimemente que debía abandonar toda actividad política e irse a vivir a un parque. Y que en ese parque quedaría para el resto de sus días confinado bajo la amenaza de cortarle un dedo cada vez que saliera; y así es como Anasagasti pasó de ser un tipo importante y con haciendas y fueros a ser un mero pordiosero del parque, igual que Rajoy.



Al principio Anasagasti hizo todavía algún triste intento de reconstruir su vida. De hecho tuvo la genial idea de empezar a escribir un blog en el que se dedicaba a insultar al presidente de Venezuela –alguien que nunca le había causado a él el menor daño-, con la esperanza de llamar la atención de CIA y de que ésta le pagara una pensión a cambio. Mas resultó que el nacionalista andaluz no era solo un auténtico vacío conceptual, un mero folio, incapaz de escribir nada que no careciera de cualquier interés, sino que también en esa época los yanquis empezaban a correr fuera de pasta, y, habiendo cesado de ser los amos del universo ya no podían permitirse pagar a cualquiera por escribir cualquier cosa. Y además a Anasagasti acabaron echándole también de la biblioteca cercana al parque en la que se conectaba gratis a internet y escribía sus textos. Lo echaron porque asustaba a los niños y a los viejos que iban a usar internet a la biblioteca y se encontraban a un pordiosero durmiendo tajado, encima del ordenador, a plena luz del día como si estuviera muerto.



Rajoy y Anasagasti no sólo se odiaron desde que se conocieron en aquel parque, sino que se pasaban el tiempo enzarzados en peleas casi a muerte, rodando por el suelo ensangrentado ante las miradas divertidas del resto de los mendigos, que a su vez mataban el tiempo apostándose cartones de vino en esos combates. Poco a poco, la expectación que esas peleas casusaban se fue haciendo cada vez mayor, de manera que empezó a venir gente de otros barrios para verlas y apostar en ellas, y el asunto de las timbas se fue convirtiendo en un negocio en toda la regla que empujó el PIB del parque a unos niveles de crecimiento superiores a los de cualquier asiático tigre. Tal era la expectación que levantaban en esos combates que se produjo una especulación sobre el alquiler de los bancos en todo el parque que dispararó tales alquileres a niveles casi inalcanzables para los pordioeros normales. En un momento dado, la población que acudía a ver esos combates no se limitaba ya a mendigos, sino que muy pronto se había ampliado al incluir a bacalas, skaters, barbies, jubilados y viejas, en un principio; y gente común y ordinaria, de cualquier otra clase social, en los meses venideros.



De hecho, ocurrió el hito trágico para la estabilidad de nuestra democracia de que las viejas del barrio dejaron de suministrar cariño a sus nietos y de prepararles tartas porque se pasaban el día apostándose la paga de éstos en las peleas, lo que provocó que unos años después, cuando los niños crecieron, se convirtieran en auténticos delincuentes juveniles que no se dedicaban a otra cosa sino a fumar drogas, votar al PSOE, y a atacar a viejas. Y por si ello no fuera suficiente, estaban de acuerdo con la gestión del Presidente de Bolivia, Evo Morales, y su obsesión por cambiar la Constitución para romper Bolivia y quedarse para siempre en el cargo.



De los todos los pordioseros que vivían en el parque, sólo uno se mantenía al margen tanto de las peleas como de toda la economía paralela que alrededor de éstas iba floreciendo. Se trataba de el Pordiosero en mayúsculas, o el Pordiosero Unidad, un tipo arisco que no se relaciona con nadie, ni siquiera apenas con los otros pordioseros. Muchos decían que el Pordiosero Unidad era autista, pero en realidad ese aparente autismo no era sino una de las habilidades especiales de pordiosero que él mismo había desarrollado en sí mismo y que le proporcionaban una superioridad secreta sobre el resto de los mendigos. Por ejemplo, podía pasar varios días, incluso meses enteros, en modo stand-by, como los vídeos, sin ejecutar absolutamente ninguna acción e incurriendo con un gasto energético practicamente igual a cero. Y es que, igual que los coches japoneses estaban destinados a vencer a la larga a los americanos por su eficiencia, Unidad, como viejo guerrillero o arisco lobo de las estepas,había aprendido de niño que la supervivencia, no sólo de un pordiosero, sino de la toda la raza humana en general, depende fundamentalmente, por un lado, de su habilidad para integrarse y confundirse con el medio ambiente en que vivía; pero también, por el otro, de su capacidad para ahorrar energía y aprovechar los escasos recursos disponibles.



Tras varias semanas de peleas continuadas, la única persona que intentó poner fin a todo el disparate de las apuestas fue una pequeña estudiante taiwanesa llamada Yu-hou que bajaba todos los días al parque a estudiar hebreo y rumano. El tumulto impedía concentrarse en sus estudios como era debido a Yu-Hou, así qie decidió tomar cartas en el asunto y ejercer sus derechos como ciudadana de un país del bloque capitalista.



Así que You-hou-san escribrió una carta al Cabinista pidiendo al ayuntamiento, por entonces en manos del PP, que hiciera algo al respecto de esa situación. Y gracias a la presión del Cabinista, el gobierno local se decidió a estudiar el asunto, y tras varios días de reuniones y complicadas deliberaciones, decretó una serie de bajadas de impuestos y exenciones fiscales que beneficiaban sobretodo a las clases más altas; así como un completo programa de recortes en los servicios sociales y asistenciales de la ciudad que acabó siendo contraproducente al dejar a los pordioseros con todavía más tiempo libre.



Como en realidad las políticas fiscales no tuvieron efecto alguno sobre el asunto, las peleas entre Rajoy y Anasagasti terminaron cuando ambos se dieron cuenta de que colocar el sentido común y su odio a ZP por encima de todo lo demás era preferible que machacarse mutuamente poniendo en riesgo su vida. Así que partir de ese momento decidieron formar una coalición para intentar conseguir el poder del parque. Se dedicaron así a compartir el cartón de vino y hacer sueling juntos, y se convirtieron en compañeros inseparables de banco y de tajas, lo cual no fue tampoco difícil porque en el fondo les unía una misma ideología política, cerrilmente neoliberal y profundamente antizapateril y antichavista. Y es así como se convirtieron en los mejores amigos del mundo.



Básicamente lo que cuento es ciento uno por cien verdad, aunque tengo cierta tendencia a mezclar ciudades, personas y épocas, como en el relato del Inmortal de Borges. En parte es por mi culpa, pues he habitado en tantos lugares y siglos que los recuerdos se mezclan con demasiada facilidad en mi ajada memoria. Pero también es por culpa de las pésimas condiciones higiénicas del establecimiento Aguas Manolo, en donde el Hijo de la Viña, que sospecho que se vende por debajo del precio de costo, tiene sin duda propiedades fantasmagóricas.



Llegados a este polémico e incluso algo vergonzoso punto de mi novela, el que hace referencia a los bares, he de confesar que lo de pasar el día en el banco no es totalmente cierto, ya que algunas mañanas voy al susodicho antro de Manolo, ese establecimiento maravilloso que ocupa una de las más malolientas esquinas del parque desde hace más de cien años. Y eso que no soy partidario de beber en tabernas, ni tascas, ni izakayas; ya que, aunque todos éstos me parecen lugares estupendos para tajarse en compañía de otros personajes incluso más esagradables que yo mismo, considero que se trata de una manera absurda de desperdiciar el dinero el acudir a este tipo de antros. Pues adquirir los líquidos que nos sean necesarios en el supermercado e ingerirlos directamente en un banco no sólo resulta muchísimo más barato, sino que además nos permite disfrutar también de paso del excelente clima de nuestra urbe y de los estupendos espectaculos culturales que organiza el ayuntamiento. De manera que en realidad, excusas aparte, he de decir que yo sólo voy al Manolo cuando mi fenomenal amigo Barto Bano, extraño arístócrata venido de un país del este de Europa y que conocí en la época del comunismo, me invita a ir a tomar unos tientos en su estupenda compañía.



¡Qué personaje tan contradictorio, sorprendente, genial, generoso, el querido conde Barto Bano! Un tipo al que nunca dejaré de admirar por su honestitad y valentía. Mas ya tendré la ocasión de presentarles más adelante al Conde. Pues de entre los singulares moradores del Manolo, de quien quiero hablarles en este momento es de Visent Peris, "el Empresario Zaplanista", antes "el Empresario" a secas.



Ese Visent Peris es una de las personas más curiosas que he conocido nunca. Una vez, cuando era joven, soñó que iba a tener un hijo egipcio y que sería asesinado por ese mismo hijo. Así que después de contarle ese sueño a Manolo, a quien en virtud de su oficio de camarero apodaban el Oráculo, empezó a desarrollar un odio cerril hacia todo lo egipcio. Ese odio se fue haciendo cada vez más grande, de manera que, incluso antes de hundirse en el lado oscuro de la Fuerza y hacerse zaplanista, toda su ideología y su manera de vivir estaba marcada por el odio irracional que sentía hacia el país de las Pirámides.



Casa vez que en la tele se emitía un reportaje sobre pirámides o sobre algo que remotamente tuviera que ver con el país de los faraones, Visent se ponía hecho una fiera y se dedicaba a gritar, a proferir insultos a diestro y siniestro, y a explicar con todo lujo de detalles las conspiraciones por las cuales los gobernantes egipcios estaban intentando obtener el poder mundial para conseguir su fin último de destrozar la Comunitat Valenciana. Las pocas veces que no estaba despotricando, se le veía andando por la calle de mala leche, mascullando sombrías reflexiones para sí mismo:



-Ahora dicen que hasta la chufa valenciana es de origen egicpicio y que la trajeron a la Comunitat los árabes... luego dirán que la paella también es un plato egipcio... ¡lo que faltaba!, no contentos con haber derribado el teatro romano de Sagunto para erigir en su lugar un mausoleo a Nefertitis..



En realidad Visent no tenía la culpa de sentir tanto odio. (Si bien, cómo se le exacerbó luego, eso sí que es una historia bien distinta). Porque ese sentimiento tan poderoso no era sino la consecuencia más normal de haberse pasado décadas escuchando emisoras de radio cuyo exagerado contenido anti egipcio era diseminado intencionadamente ante la población para atemorizarla y volverla más mansa; y también leyendo periódicos que se decían independientes pero que en beneficio de sus dueños se pasaban el día inflamando al populacho español con consignas ultras en las que se atacaba el país de las pirámides con toda una gama de argumentos que, por otra parte, carecían de toda base real. Esas consignas habían alterado el cerebro a Vicent de manera lenta pero constante, hasta provocarle una terrible obsesión que se manifestaba en paranoias de la más monstruosa índole, en profecías de lo más delirante y en todo tipo de sueños visionarios.



Por lo demás, hay que decdir que, dejando aparte ese leve sentimiento antiegipcio que se vivía en todo el país, era un tiempo aquel de gran prosperidad y felicidad para España: el final de los noventa y principios de los cero. Edad de oro gracias a la sabia administración del Führersito, que había puesto fin a la corrupción y el libertinaje que imperaban durante el periodo negro conocido como Felipismo.



Durante la época del Fhürersito, la Monarquía Bananera se había convertido en la novena potencia económica mundial y en la mejor liga profesional de fútbol; permitiéndose incluso el lujo de promover invasiones militares y bloqueos económicos a naciones totalmente pacíficas, así como golpes de Estado en países más normales y avanzados que el nuestro; países que nunca nos habían hecho ningún daño y a los que nunca se les hubiera ocurrido hacérnoslo.



Pero la cosa no se quedaba ahí, porque no sólo la política exterior del minifhürer era de gran sagacidad, sino que también la economía experimentó durante esa época tal apogeo que se alcanzó prácticamente el pleno empleo por primera vez en la historia. Ello se consiguió gracias a un crecimiento económico que carecía de parangón en la Unión Europea,tal como se obstinaban en recordar continuamente tanto el peor periódico de la historia como el periódico líder en desinformación. De hecho, Vicent Peris, aunque no paraba nunca de quejarse, tenía muchísimos motivos para estar contento, y ni se imaginaba en esa época lo que se le iba a venir luego encima con el Gran Satán, ese tipo detestable cuyo nombre estaba formado por dos letras, la Z y la P; letras cuya sóla mención era capaz de volver loco a cualquiera persona “de bien” que habitara el Reino.



Como decíamos, durante la época de gobierno del presidente Ranza, el pueblo disfrutaba de un elevado tren de vida y de un crecimiento económico que ni era insostenible, ni ficticio, ni estaba mal distribuído, y que ni de lejos ponía en peligro el medio ambiente ni la prosperidad de las futuras generaciones.



Para dar una idea adecuada de tal prosperidad, basta decir que hubo un momento en que, de toda la población española, solamente Rajoy y Anasagasti estaban sin trabajar. Y si no trabajaban era simplemente porque no querían y porque eran unos vagos que, como habían hecho también todos los funcionarios del país, habían aprendido a vivir exclusivamente de ayudas públicas y mamando del papá Estado. Y eso pese a que les llovían ofertas de trabajo por todas partes, y de hecho cada día varios empresarios diferentes se acercaban al parque a ofrecerles un puesto de trabajo de 35 horas semanales, 4 pagas extras y salario superior a la media europea. Pero Anasagasti tenía prohibido dejar el parque y se exponía a perder sus miembros si lo hacía; y en cuanto a Rajoy, era un tipo íntegro: siempre decía que prefería dormir en un cajero a cualquier fortuna que pudiera ofrecérsele. Como suponían la única mancha en las estadísticas oficiales, ya que si España no había alcanzado ya el pleno empleo era ya sólo por su culpa, les acabaron ofreciendo su peso en oro para que laborar a hicieran. Pero ni por esas lo consiguieron.



Así que al final el gobierno, viendo que no les daba la gana ganarse el pan honradamente pese a los grandes incentivos que se les ofrecían, resolvió que era imposible considerárseles parados, incluso a efectos jurídicos y morales, y declaró, mediante decreto ley publicando en todos los boletines oficiales, que se trataba de meros maleantes; hecho que además fue demostrado científicamente por los expertos de varias universidades complutenses y publicado en varios periódicos independientes y rigurosos como La Razón, El País, El Mundo, Marca, etc. De forma que se acabaron cambiando las leyes para que Rajoy y Anasagasti no contaran oficialmente como desempleados.



Tal es la manera como España alcanzó por fin el pleno empleo en la época del neoimperialismo ansarista. Y puesto que el Real Madrid también estaba ganando copas de Europa, todo el mundo en España estaba contento en aquellos tiempos.



Mas pese a toda la gloria que trajo, los comienzos del gobierno de aquél a quien Fidel Castro llamaba el Fhürersito y un periódico marroquí de gran tirada calificó como "el Pequeño Franco" no fueron en realidad ningún camino de rosas.



Después de haber estado dedicándose a insultar por sistema al gobierno anterior durante años, el pequeño Fürher se había dado cuenta, tras la victoria electoral que le dio el acceso al poder en 1996, de que se le había olvidado formular un programa político y de que, en el preciso momento en que le llegaba el turno de gobernar de verdad, en realidad no tenía ni la más remota idea de cómo iba a ingeniárselas para hacerlo.



Estuvo pensando seriamente en llamar al anterior presidente y preguntarle qué es lo que se hacía en esos casos. Pero se acordó de que no había hecho más que insultarle durante los últimos años, así que era casi imposible que le cogiera el teléfono siquiera.



Aparte de ciertas nociones vagas de política que había adquirido en su juventud cuando militaba en el falangismo, el único bajaje intelectual del señor “Cenar” consistía en el odio cerril que sentía hacia todo el que no compartiera su idea de España,odio que venía acompañado de un deseo más bien racista de convertir de nuevo a su nación en una potencia imperialista, mas como ya dijimos antes sin saber cómo hacerlo. Pues el odio, el racismo, y el desconocimiento de la historia, no le conducirían por sí mismos a su objetivo, y por eso, conforme se fue dando cuenta de que no tenía plan alguno, la ansiedad se fue acumulando en su pecho hasta hacerse casi totalmente insoportable.



Ocurrió la misma noche de las elecciones, después de las celebraciones en la sede del Partido. Al llegar a casa, azorado por un miedo terrible y por la consciencia de su inferioridad intelectual con respecto al anterior presidente, el Fhürer de bolsillo fue atacado por una extraña enfermedad y pasó la noche bajo cuidados médicos intensivos, delirando por los efectos de la terrible fiebre. Los médicos que le atendieron pronosticaron que la enfermedad que le aquejaba no tenía remedio, y que era casi imposible que llegara a la investidura.



Miles de niños iraquíes, venezolanos y cubanos, de saber en esos momentos lo que estaba ocurriendo en Madrid, así como las implicaciones que tendría sobre su futuro el desarrollo de aquella enfermedad, habrían sin duda hecho fuerza para que no saliera vivo de ese trámite. Pero por desgracia para esos niños, algó extraño ocurrió que contradijo la opinión de los médicos. Y el déspota a pequeña escala salió vivo, más vivo que nunca, y con ello las posibilidades de que la humanidad alcanzara la paz y el entendimiento quedaron seriamente dañadas.



Mientras se debatía entre la muerte de los demás o la suya propia, tuvo el Fhürersito, igual que todos los grandes reyes de la Historia, un sueño misterioso en el que el Presidente de varios Estados que se habían unido hace tiempo le salvaba la vida a él y al Presidente del Reino Unido Mudo. Un extremista antiglobalización, un loco fanático, había intentado asesinarles a los tres con el objetivo de imponer el comunismo a nivel mundial, pero la reacción valiente y sagaz del Presidente Arbusto había evitado el desastre. Después del incidente, entraba en acción un viejo trajeado con la cara podrida, un viejo que hablaba como un personaje de las películas de Star Wars. El viejo le aconsejaba que siguiera siempre a Arbusto y al Mentiroso, y después le revelaba un método mágico por el cual la economía de la Monarquía Bananera crecería eternamente sin esfuerzo alguno.



A partir de ese momento, como si renaciera él mismo tras haber estado a punto de morir, el Ansar real se recuperó casi milagrosamente de su fiebre y puso a funcionar a su gobierno con toda la confianza del mundo. Y la economía española empezó también a crecer a una velocidad de órdago, gracias a la nueva política milagrosa del gabinete Cenar.



La fórmula milagrosa del Gabinete Asnar consistía en dedicar todos los esfuerzos del gobierno a empujar el sector inmobiliario para que se construyeran en todas partes tantos edificios como fuera posible. Lo cual daba empleo a cientos de miles de personas, aumentaba el valor del patrimonio, creaba prosperidad, plusvalía, cultura y democracia, y de paso hacía que se vendieran muchos más periódicos en todas las regiones de España, ya se tratara de periódicos serios o de periódicos deportivos.



Encima de las playas, de las huertas, en los desiertos, en lugares donde no crecía vegetación alguna y por no haber, no había ni agua. Encima de otros edificios, debajo de otros edificios, en lenguas de tierra de sólo unos metros de anchura rodeadas de mar. Edificios hermosos o feos, edificios innecesarios, edificios horrorosos, daba igual. No había otro propósito sino el deconstruir más y más en cualquier sitio.



Se intentó que todo el litoral de España se convirtiera en una sóla macrourbanización en forma de anillo que rodeara todo el territorio nacional y la frontera con Portugal; urbanización regada con agua que se robaría a otros países y se llevaría a España mediante megatrasvases hidrológicos. Toda esa macrourbanización estaría conectada además algún día por un monoraíl de alta velocidad. Construído, por supuesto, con fondos públicos, pero gestionado por una empresa privada cercana a alguno de los ministros.



El plan fue aplicándose sin la menor oposición hasta llegar a un punto en el que todo el mundo se había contagiado y parecía que no fueran sólo los peperos, sino el país entero, quien se hubiera vuelto a la vez loco por construir. Todo el país se dedicaba a fomentar esa estúpida doctrina de construir sin ton ni son en todas partes. El virus se había propagado a todos los estratos de la población, sin distinción de ideologías o clases sociales.



Todos ganaban con ese sinsentido. Los bancos se forraban prestando dinero que no tenían y recibiendo mes a mes el sudor de los trabajadores. Éstos, a su vez, se gastaban más del cien por cien de su sueldo en comprarse una casa, convencidos que se harían ricos unos años después cuando el valor de su piso se multiplicara por hechizo o encantamiento. Los ayuntamientos de cualquier signo, pepistas, sociatas, nacionalistas, se hinchaban vendiendo terrenos a precios estratosféricos. Los periódicos y emisoras de radio miraban hacia otro lado porque sus dueños y anunciantes eran los principales interesados en que ese disparate siguiera funcionando. Era un sistema tan perfecto que cuando los sociatas volvieron al poder varios años despúes, ni se molestaron en fingir que iban a hacer nada para cambiarlo.Por eso, aunque era evidente que todos nadaban en un mar de pura corrupción; se seguía vendiendo al mundo el sistema que el sistema era ejemplar, democrático, progresista, etc., y se daban lecciones de democracia a gobiernos extranjeros que en realidad eran miles de veces más respetuosos con los derechos humanos que la propia Monarquía Bananera.



Era un panorama más bien surrealista, con casi el 70 por ciento de la población trabajando directa o indirectamente para una inmobiliaria o para un banco. Con eso y con tanto vago como Rajoy y Anasagasti sin dar palo al agua y viviendo de ayudas del gobierno, altaban incluso trabajadores, así que cientos de miles de extranjeros eran deportados a España a cada minuto desde los países pobres del mundo para que ocuparan los puestos de trabajo que los españoles ya no querían hacer. El Profeta Azul, en su estupendo blog, definió la situación con su característico sentido del humor:



Esos tiempos felices, que cualquier imbécil que supiera caminar sin caerse de cara al piso podía ser albañil/a, ganar 1200 euros, meterse en 3 hipotecas y un coche a pagar en 104 cómodas cuotas y su mujer/marido que trabajaba de comercial en una de las inmobiliarias fantasmas que aparecían en cualquier espacio con mas de 2 metros cuadrados, podía comprar un montón de basura inútil y carísima gastándose el sueldo entero de ese mes, el siguiente y el del mes siguiente al siguiente, con su flamante tarjeta del corte ingles que actualmente residen en el recto de los ex-clases medias en paro.



El gobierno aprovechó el momento de prosperidad ficticia para realizar los objetivos malvados que en realidad perseguía: privatizar empresas públicas y de ese modo quedárselas ellos mismos; bajar los impuestos a las clases altas; desarrollar una política internacional racista al servicio de potencias extranjeras; enviar un montón de multinancionales a América del Sur para que limpiaran los ríos y las selvas, ayudaran a los nativos y apoyarán a gobiernos que contaban con la aprobación de la mayoría de su pueblo. Pero sobretodo, había que desarrollar lo que se convertiría en la punta de lanza del Partido y de todos los intereses empresariales que manejaba: los contratos laborales basura. Y para ello el gobierno realizó un verdadero esfuerzo investigación y desarrolló en esta esfera, lo que se tradujo en la aparición de un sinnúmero de contratos de lo más innovador e inmaginativo, como el contrato de siete segundos o el contrato de duración negativa (que se terminaba justo antes de empezar a trabajar).



Por supuesto, apenas nadie salió a la calle quejarse. La clase trabajadora española había sido sustituida por una nueva clase provisional de nuevos o futuros ricos cuya única ideología estaba basada en el puro odio: odio a los pobres, a los egipcios, a los franceses, al equipo rival, a Hugo Chávez.

domingo, 6 de diciembre de 2009

CUENTOS JAPONESES. LA EXPERIENCIA JAPONESA DE JAMES DOUGLAS PATERSON

James Douglas Paterson era un americano más, un americano inculto e imbécil como cualquier otro, el tipo de persona que en plena crisis financiera creía que el problema de su país era simplemente que se habían vuelto demasiado blandos. Pues según Paterson, en los últimos tiempos se estaban amariconando hasta el punto de comportarse como una nación socialista europea de poca monta y por eso les iba así de mal; no trataban a los iraníes y a los cubanos con la dureza que se merecían y con esa actitud se les estaba subiendo todo el mundo a las barbas. Y ahora ese tal Hugo Chávez, que se había aliado con los terroristas islámicos para extender su dictadura populista por todo el mundo y para romper la Comunitat de Michigan. Era obvio que necesitaban un Chuck Norris o un Schwartzenager de presidente, en vez de un presidente tan simpático.

Había que ser más verdaderamente americanos. Bajar más los impuestos, retirar más fondos de las escuelas públicas, invertir en armas más mortíferas, desregular las bolsas, más privatizaciones, producir coches más grandes y más contaminantes, extender los privilegios de las aseguradoras. O si no los chinos o los norcoreanos o los sandinistas serían los próximos dueños del mundo. Últimamente no estaban matando suficientes afganos, ni estaban practicando la tortura tanto como era necesario, ni casi promovían golpes de Estado, y por eso la economía ya no funcionaba tan bien como antes.

Sin ir demasiado lejos, su ciudad, Detroit, era ya tan peligrosa como cualquier gran ciudad de América Latina. Más del sesenta por ciento de la población la había abandonado en las últimas décadas, dejando un panorama desolador, con descampados y casas en ruinas por todas partes y una delincuencia galopante. El sueño americano se había convertido en pesadilla. Hacía falta un verdadero héroe que hiciera despertar a América.

Como cualquier yaqui normal, incluyendo varios de los presidentes, lo que le más gustaba hacer los fines de semana a James Douglas Paterson era tumbarse en el sillón a tirarse birras por encima de la cabeza y a ver partidos de béisbol. Apenas salía de casa, excepto para ir al trabajo o al centro comercial, y siempre en su enorme todoterreno Cadillac descapotable 4x4 y parando a mitad camino en el Krustiburger. La única excepción a su habitual sedentarismo era la visita de todos los sábados por la noche, acompañado por su chica, al parque de atracciones semiabandonado de la ciudad; parque de atracciones que, por otra parte, como todos lo parques de atracciones de América, había sido construído encima de un antiguo cementerio indio de animales domésticos.

Aquella noche, en el parque de atracciones, Paterson había discutido con su chica porque ésta quería montar en el Túnel del Amor, mientras que él prefería alguna atracción que implicara la destrucción, algo para hombres y no para mariquitas, a ser posible la destrucción de comunistas malvados de los que odian Michigan porque nos tienen envidia. Ah, esos comunistas bolivianos. Querían romper los Estados, movidos por el odio a nuestra Constitución y a nuestra libertad de prensa.

Así que habían acabado yéndose por separado, y mientras iba deambulando en solitario por el parque, Paterson maldecía para sí mismo contra su chica, contra Fidel Castro y contra todos los niños cubanos que habían sobrevivido al embargo. En su ruta de maldiciones, en un rincón de la feria, acababa de descubrir una atracción nueva, una extraña atracción de feria llamada "La experiencia japonesa de James Douglas Paterson".

No le sonaba que esa atracción estuviera allí la vez anterior, y además había sin duda algo extraño y misterioso en ella que no acababa de identificar claramente. En cualquier caso, no le vendría mal un poco de acción a la japonesa, con ninjas, karaokes, sushi, karatekas y con robots del futuro. Así que, sin pensarlo dos veces, James Douglas Paterson compró el voleto al viejo japonés y se subió en el tren misterioso, el cual arrancó unos minutos después hacia lo desconocido,con Paterson como único pasajero.

Al cabo de una hora o así, el tren se detuvo, y se abrieron automáticamente las puertas. Paterson se vio en un pequeño y hermoso pueblo japonés de montaña. Si bien no disfrutó de su belleza, ya que seguía esperando la aparición de los ninjas y de los robots. Al fin y al cabo se trataba de una experiencia japonesa.

A su frente no había sino una enorme puerta de madera, detrás de la cual comenzaban a ascender por la montaña unas escaleras, también de madera, cubiertas por un artesonado labrado con motivos tradicionales. Las pasarela seguía ascendiendo indefinidamente hasta perderse en el horizonte. Patterson pensó que por allí podría llegar al lugar en el que se encontraban los robots y los karatekas, así que comenzó la ascensión.

Paterson no era el único visitante que subía por aquellas misteriosas escaleras, pues había un gran número de turistas japoneses: parejas, familias con hijos, grupos de ancianos, etc.; además de unos pelegrinos vestidos de blanco que paraban de vez en cuando a tomar aire apoyados en sus bastones de madera. También se cruzaban a veces con gente que al parecer ya había completado el recorrido y bajaba hacia la puerta inicial con el ánimo ligero.

Paterson no hacía caso a los pelegrinos, ni se fijaba tampoco en las maravillosas esculturas de madera de cedro que, talladas por fabulosos artesanos anónimos, decoraban la formidable pasarela que rodeaba la escalera. Poco a poco, los árboles de alrededor de la pasarela habían ido cambiando de color, tornándose sus hojas en intensísimos azules, amarillos, morados, violetas y naranjas. Los japoneses se agolpaban a ambos lados de la escalera para contemplar ese extraño fenómeno del cambio de color de las hojas, haciendo fotos por doquier. Todo el mundo parecía extremadamente feliz.

Paterson no le encontraba la gracia al asunto, y empezó a considerar la posibilidad de que le hubieran tomado el pelo. Intentó hablar con los japoneses para aclarar su situación, pero la mayoría no le hacían caso. Unos pasaban simplemente de largo, otros se disculpaban por no ser capaces de hablar inglés, otros le hablaban directamente en japonés, intentando entenderle por unos minutos, otros le sonreían. Pero en realidad nadie parecía ser capaz de comunicarse con Paterson, o simplemente no querían hacerlo. Los niños se reían de él y le señalaban con el dedo diciendo: !gaijin gaijin!.

Seguían subiendo. La escalera parecía no tener fin y además cada vez hacía más frío. Aunque los japoneses, incluso los de mayor edad, iban con expresión serena y tranquila, como si apenas sintieran el esfuerzo de la subida, y eso que parecía que hubieran subido varios kilómetros, a Paterson le costaba cada vez más remontar cada peldañom, y de hecho le producía gran rabia el hecho que unos simples no americanos fueran más resistentes que él. De repente empezó a nevar. Primero ligeramente y luego con gran intensidad, la nieve se fue amontonando a ambos lados del misterioso pasillo.

Un frío húmedo e intenso hacía que los dedos de Paterson se volvieran crujientes como rosquilletas. La altura a la que se amontonaba la nieve seguía aumentando, el viento se colaba entre los poros de la piel, congelando hasta el interior del cuerpo. En un momento dado, el misterioso pasillo de madera estaba casi sepultado, pues la nieve rodeaba la pasarela formando una pared a su alredededor. Si seguía nevando, quedarían enterrados y se asfixiarían. Pero el resto de los japoneses parecían no darse cuenta y proseguían su excursión dominical como si nada.

El aire empezaba a ser cada vez más difícil de respirar, y las botas de tejano de Paterson empezaban a pesarle demasiado. Estaba tiritando y su piel se había vuelto casi azul: iba a morir si nadie hacía nada por él. Pero ninguno de los japoneses que seguían subiendo y bajando por la pasarela parecía darse cuenta.

Y cuando parecía que Paterson no iba a poder seguir subiendo, ni si quiera viviendo, los rayos de sol comenzaron a asomar por encima de la blanca pared de nieve y poco a poco fueron también horadándola, haciéndola así desaparecer instantáneamente, como una letanía lejana justo después de ser olvidada. Poco a poco el verde sustiruyó al blanco, los viejos sonrieron, y Paterson respiró aliviado. Y aunque no se puede decir que estuviera de buen humor, por lo menos ya no iba por ahí con cara de quererle pegar una patada a cada niño que veía. Había empezado a dudar sobre la posibilidad de encontrar arriba los ninjas, los robots, las gheisas y los karatekas, pero la curiosidad y el hecho de ver a tanta gente subiendo y bajando le movían a seguir avanzando por las larguísimas escaleras.


Poco a poco la montaña había también ido cambiando de color hasta hacerse rosa. Primero sólo las hojas de los árboles, pero luego también la montaña en sí, los ríos, y también el aire, se hicieron de ese color. Los niños y los viejos fueron los primeros en percibir el cambio, luego las marujas, luego las chicas jóvenes, después el resto de los japoneses, y al final Paterson, que sólo se dio cuenta cuando ya incluso el cielo parecía rosa.

Todo el mundo se agolpó a ambos lados del camino. Muchos sacaron cerveza de sus mochilas, otros incluso pequeñas barbacoas. El bosque de alrededor del templo se animó con cientos de personas llegadas de no se sabe donde. Parecía como si se hubieran vuelto todos locos de repente, como si se les hubieran olvidado todas las normas.


Paterson no se dejó contagiar por el jolgorio. No quería beber cerveza, ni mezclarse con la gente. Sólo le interesaba seguir subiendo, averiguar qué es lo que habría arriba del todo, por qué había tanta gente congregada si no había gheisas ni luchadores de shumo ni karatekas. Gradualmente iba haciendo más calor, el rosa de la montaña se tornó otra vez en verde, el ambiente festivo se fue templando hasta devenir mera jovialidad vespertina.


Hasta que el calor y la humedad se fueron haciendo casi insoportables, y a Paterson se le hizo casi imposible continuar avanzando. Pero ya quedaba poco para la cima, estaba seguro, en cuanto llegara arriba podría tomarse una cerveza fresca. Aunque no fuera una Bud, una cerveza japonesa tampoco estaría mal, necesitaba urgentemente una chela fresca.

Así que Paterson se esforzó por seguir subiendo, pese a que el calor ya casi le mataba. Más que andar, se iba arrastrando, y casi había perdido el juicio. En un momento dado, le parecio que todos los elementos a alrededor suyo se estaban derritiendo materialmente, como si fueran cirios. Eso fue justo antes de constatar que ya no sólo estaba sudando la gota gorda sino que literalmente se estaba deshidratando y parecía que fuera a desaparecer.


James Douglas Parterson avanzaba ya sin saber a dónde iba, impulsado por una fuerza elemental y ciega. Un torbellino de imágenes le vinieron a la cabeza: se vio a sí mismo de pequeño disfrutando con las películas de Rambo; vio a su primera novia y a la última de ellas; vio a Gadafi y a Fidel Castro; vio el ataque a las torres gemelas. En ese momento todo se confundió en su mente. Caminando por un simple pasaje hacia el infierno, entre llamas que habían devorado totalmente el paisaje y a todos sus habitantes, su conciencia se disipó, dejando el camino preparado para la llegada de de la muerte.

Cuando recobró el sentido, se encontraba sentado en la puerta del templo. Estaba anocheciendo y el aire se había vuelto fresco, mas como recuerdo de su anterior agonía le quedaba una desagradable sensación de sequedad en la garganta. Por suerte, había una maquina de cerveza en un rincón junto al templo, y aunque estaba apagada, Paterson pudo pedirle una lata directamente a un monje que salía en esos momentos del templo. Al parecer, habían desaparecido ya todas las barreras lingüísticas, porque sus palabras habían sido entendidas.

El monje le miró por un instante de manera confiada y tranquila, para a continuación reprocharle con un tedioso circunloquio la inconveniencia de su petición. Luego, en una larga exposición, le explicó toda la historia de Japón desde edades inmemoriales, desde la época en que construían una especie de pirámides para enterrar a sus reyes, y le hizo saber sin levantar un ápice la voz que los monjes budistas japoneses odiaban con todas sus fuerzas a los Estados Unidos, y que llevaban décadas rezando para que su país fuera algún día más fuerte que el país de Robertson, y así poder vengarse de los ataques sobre Hiroshima y Nagasaki arrasando todo Estados Unidos con armas nucleares.

El monje se retiró a sus aposentos después del larguísimo discurso, no sin antes indicar a Paterson donde se encontraba la habitación de los huéspedes, lugar donde debería pasar a la noche si no quería morir a la intemperie. Después de descansar a sus achas -terminó el monje-, por la mañana, cuando abrieran la cantina del templo, podría comprar una chela o cuantas le viniera la gana, pero a esas horas era imposible porque, como rezaba el cartel, el servicio del bar había terminado a las cinco. En ese momento, Paterson entendió Japón por primera vez en su vida.

Otros cuentos japoneses del mismo autor:

-El cuento de los 12.000 yenes.
-El cuento de los kanjis.

lunes, 24 de agosto de 2009

SUSPENSIÓN TEMPORAL DEL BLOG

Soy consciente de la repulsa que tal determinación va a generar, con innumerables muestras de oposición, manifestaciones, quema masiva de cajeros (con mendigo dentro) y la gente enviando cartas de protesta a sus correspondientes congresistas y al Cabinista; soy consciente del dolor que esta decisión va a causar en tantas familias españolas y españoles, pero no me queda otra opción.

El caso es que es ya desde hace uno meses estaba escribiendo una novela: "La Comunitat (La Peor Novela de la Historia)", para contar en clave de humor no solo la historia reciente valenciana sino también lo que ha venido pasando últimamente en la monarquía bananera y en lo que queda del resto de planeta tierra. Por cierto, esta vez la novela no vendrá firmada con el seudónimo habitual sino con uno nuevo que creo que va a ser "Paco Campos"; evitamos así ingeniosamente una descomunal avalancha de acciones legales en nuestra contra, y hacemos de paso que las denuncias por difamación e injurias que el Presidente verterá sobre nosotros vuelvan directamente al Presidente y sea éste el que tenga que responder ante sí mismo. Sencillo, delirante y genial.

Pues como se trata de una novela de actualidad, y teniendo en cuenta mi alto grado de actividad actual, con cuatro durísimas horas al día de estudio del idioma japonés más tajas, papeos, viajes, degustaciones, sofás masaje, festivales, etc., hemos decidido aparcar este blog por un momento y acabar la novela lo antes posible.

Calculo que unas dos o tres semana para terminar de escribirla y el mismo periodo para corregirla. Cuando ya este todo, se avisará en este blog por primera vez.

Mientras tanto podéis dedicaros a leer o releer artículos atrasados o a seguir con el blog sobre Japón, que sigue su andadura a partir de la semana que viene pero ahora con un solo lector (aunque mejor un solo lector bueno que 50 lectores de mierda).