La respuesta española al tren bala japonés, -que cubre el trayecto de 550 kilómetros entre Tokio y Osaka en 2 horas y 30 minutos, es decir a una media de 220 km/h y que destaca también por su frecuencia de paso, similar a la de una línea de metro-, es el regional Valencia-Madrid de Renfe, que tarda 5 horas y 45 minutos en recorrer la distancia entre la capital de España y la tercera ciudad del país (352km), lo cual, sin descontar las paradas, que tampoco son demasiado largas, da una velocidad media de 61 kilómetros por hora. La mera existencia en pleno siglo XXI de una tren de tal lentitud uniendo dos de las ciudades más importantes de España (país que hace pocos años decía aspirar a entrar en el G-8, club que aglutina a los 8 países más industrializados del mundo), merece su nominación y su ratificación por el Chino Muerto como Patrimonio de la Inhumanidad.
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domingo, 20 de abril de 2008
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