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sábado, 28 de enero de 2012

EL FUGITIVO

Nací en el país
donde el 99 por ciento de la población son niños,
y es por eso que, en la adolescencia,
en la pared de la realidad horedé un largo túnel,
para escaparme del vulgo tan infame,
y caminé sin tregua,
a través de alamedas de humo
decoradas con guirnaldas de oxígeno azulado.

Así desperdicié mi segunda adolescencia,
y aunque consagrado al Hijoputa y al hijo de la Viña,
tras morir en italiano,
y dedicar todo tipo de odas a Baco,
para no perder más tiempo humillado por barbies,
pasé una temporada en el peor país del mundo,
y en la caja monocromática donde vivia,
transformado por fin en un horrible monstruo,
lancé a un paralítico escaleras abajo,
con silla incluida,
y un tarado me encerró en el interior del Hijoputa.

Tambien descubrí patria griega entre sombras
y a Robinson, viaje al final del mundo,
y creé el concepto
de la barbacoa en el salón,
y más adelante, en un país remoto,
del cochinillo en salsa espesa de higo y vino dulce

Escapé del Hijoputa envenenado
a vagar durante siglos por el metro de Londres
inhalando nubes rosas por la nariz de un tuerto,
y siempre con la amargura de haber descubrido,
la mas rancia de todas las tradiciones británicas,
el único reloj que funciona con cerveza,
también conocido como "the Beerclock".

Pero como en todos los momentos de derrota,
en las leyendas de cualquier antigüedad que se precie,
tuve un sueño en el cual Homer Simpson
se comía un buey de Kobe entero él solito,
y ahí regresé de nuevo a mi adolescencia,
pese a los reproches del testarudo Oráculo,
y ya nunca más pude, por mucho que lo intentara,
comer otro tipo de carne de ternera.

Y me bañé en aguas termales de ramen sabor tonkotsu
tras rebozarme, maravilloso rolling,
en las montanas cubiertas de kakigori de Carpis,
y encontré la paz exterior entre escombros,
conviviendo con pordioseros, robots podridos.
y marujas kamikazes en bicicleta,
en el siglo XIX, muy cerca de Ishikiri,
donde las fábricas lanzan humo verde a la atmósfera,
y tras las nubes bajas oculta el rocío,
como naves nodrizas de V,
gigantescos pinchos de pollo Kikukawa.

Por eso prometedme que no volveré nunca
a visitar vuestros páramos intelectuales,
excepto disfrazado de salvaje occidental
aprovechándome del euro a punto de caramelo
y agradeciendo por fin a las barbies y a los locos
los servicios prestados,
o cuando el enorme Buda de Nara,
indignado, igual que un Godzilla clásico,
para chafar como un pringoso huevo
las bases militares yanquis de Okinawa.

jueves, 19 de enero de 2012

NO ES LO MISMO

Los nativos de América nunca quemaron vivos a los conquistadores españoles para ver si tenían alma;

ni los chinos prendieron fuego al Palacio de Buckinham, ni utilizaron a ingleses como trabajadores  semiesclavos, ni atacaron Inglaterra y Francia para obligar a los franceses e ingleses a comprarles droga;

a los rusos no les dio nunca por invadir Alemania ni Francia.



Los hindués que se rebelaron contra los británicos

no habían colonizado y saqueado antes Inglaterra, ni destruido su economía por la fuerza, ni habían aplicado en ese país la la doctrina del lapso

y los cubanos nunca habían establecido una feroz dictadura en Washinton, ni convertido los Estados Unidos en un casino.



Ningún escuadrón de la muerte argelino ni vietnamita ha limpiado nunca los barrios de París de opositores;

ni el ejército afgano o iraquí ha invadido nunca Estados Unidos;

ni los bancos africanos han acumulado grandísimas fortunas apoyando el tráfico de esclavos europeos y norteamericanos.



Las empresas ecuatorianas o bolivianas nunca han contaminado el Tajo o el Ebro con miles de peligrosos vertidos tóxicos ilegales y descontrolados,

ni Irán derrocó a Obama para poner a un torturador en el gobierno;

ni los uruguayos bloquearon los puertos de Liverpool, Marsella y Le Havre; ni Argentina se anexionó las islas del Canal en ningún momento de la historia.



Los árabes nunca se coaligaron para arrasar un país occidental, bombardeando cientos de escuelas y hospitales y matando niños para robarles su petróleo, como hicieron Sarkozy, Obama y Brown o Cameron en Libia;

ni los coreanos invadieron Estados Unidos, asesinando a decenas de miles e imponiendo una dictadura fascista en la mitad sur del país;

y tampoco Vietnam bombardeó pueblos enteros de Michigan con napalm.



Los países del tercer mundo nunca han obligado a las naciones europeas ni a Estados Unidos a privatizar salvajemente sus industrias, hospitales y escuelas, ni a poner en práctica planes de ajustes draconianos;

ni tampoco han presionado a gobiernos del primer mundo para obligarles a tomar préstamos que eran imposibles de devolver,

ni los catalanes han impuesto nunca el catalán como única lengua oficial en Castilla;



Los palestinos no han decidido de repente fundar un estado árabe en Misouri, expulsando a los habitantes de Misouri a Méjico;

ni un grupo de países musulmanes se ha autoproclamado el derecho de decidir qué país puede tener armas nucleares y qué país no;

y tampoco han lanzado misiles contra ciudades europeas que eran consideradas patrimonio de la humanidad por la Unesco.



Los venezolanos nunca han organizado golpes de estado en Estados Unidos;

las mujeres de aquellos pobres mineros no le afeitaron el cabello a Fraga;

y los latinoamericanos nunca han puesto en práctica un Plan Cóndor en Europa para torturar a los opositores de la dictadura de los mercados, o para tirar a la gente viva al mar desde aviones.

Pakistán no bombardea América con drones.

Ninguna conocida marca de refrescos colombiana ha utilizado nunca sicarios para asesinar sindicalistas en sus plantas de Estados Unidos.

Ningún militar del ejército afgano ha orinado sobre el cadáver de un (presunto) integrista cristiano en Estados Unidos y luego lo ha grabado en vídeo.

Ningún miembro del ejército iraquí ha sido pillado in fraganti por la policía de Londres, disfrazado de inglés corriente y con el maletero del coche a rebosar de explosivos, cuando estaba a punto de realizar un atentado.

Los países africanos nunca han saqueado Europa a su antojo.

Ecuador nunca ha tenido bases militares en Florida.

Y la república española no fue producto de un levantamiento armado ilegal contra un gobierno democráticamente electo, reconocido internacionalmente y legítimo, por lo tanto no es lo mismo.

Métetelo en la cabeza:

No es lo mismo.

No es lo mismo.

No es lo mismo.

No es lo mismo.

Y si  alguna vez, un campesino en Colombia o Chiapas, o un indio del Amazonas, un zipayo, un palestino o iraquí al que ha perdido la casa o la familia en un bombardeo con drones o una víctima de las torturas en Latinoamérica,

después de haber sido obligado a masticar cristales durante siglos,

decide finalmente levantarse, y pasar de víctima a verdugo,

quizás sea reprochable, condenable, y juzgable,

(y será especialmente lamentable si se vierte sangre inocente)

pero no, no, no, no, no, no, y no.

No es lo mismo.

viernes, 11 de noviembre de 2011

ELECCIONES

Prestige o Gal, España se va a pique

con su rancio, pueril capitalismo.

Y el español, que se odia a sí mismo

escoge al memo que la sacrifique.



Rubalcaba o Rajoy, Prestige o Gal,

elige: torturador o embustero.

Lacayos. como Aznar y Zapatero,

de los bancos y de la patronal.



Aunque en público fínjense enemigos,

decidido ya han estos felones

que le darán a Botín las pensiones,

y a los parados una caja de higos.



Si uno infame apoyó ocupación,

más vil aún, el otro apoya cuatro.

(Aunque “los medios” –que son puro teatro-,

las llamen “humanitaria misión”.)



Así que el Memo intenta (¡qué asco!),

de democracia a Cuba dar lecciones,

mas sonríe cuando un juez, en elecciones,

prohíbe partidos en el País Vasco.



Y pues está todo ya decidido

por la élite ruin de esta cleptocracia

-que parece un poco una democracia

porque aún se permite algún partido-,



como no ocurra una revolución

que se hunde España es hecho consumado.

No votar facha extremo o moderado,

DERROCARLES es la única opción.

domingo, 28 de agosto de 2011

CUENTOS JAPONESES: EL SOPORÍFERO SOPOR DE LA SOPA

Elvar Ata en el metro de Pekín. Un hombre occidental se acaba de sentar enfrente y dos asientos a su derecha. Tiene el pelo amarillo y de punta, como Sting en Dune, y el rostro extremadamente pálido y mortecino, con barba de dos días y unos exiguos pedazos de carne bajo los cuales casi se le transparentan los huesos de la cara. El hombre mira directamente hacia Elvar sin pudor alguno, con una extraña sonrisa que le hace parecer un perturbado, y cada tantos segundos le dedica una mueca diferente.

Elvar duda en principio que los gestos vayan dirigidos a él, pero cuando se hace evidente que no hay ningún otro destinatario entre los viajeros chinos que se encuentran en el vagón, comienza a su vez a devolverle al hombre las muecas. Así comienza un intercambio ridículo que se prolonga durante varios minutos, hasta que Elvar se cansa y pregunta directamente al hombre de qué va.

-Soy Dios- responde el hombre con una gran sonrisa de autosatisfacción. Tiene los ojos perdidos, como si se encontrara en otra dimensión o como si en el pasado hubiera consumido prolongadamente grandes cantidades de drogas psicodélicas. -Soy Dios -insiste, ante el silencio de Elvar. Y luego le ordena:

-Pregúntame si tengo alguna manera de probarlo.

Elvar Ata, cuya expresión muestra una creciente curiosidad, obedece sin pensarlo, movido por la incredulidad, pero también por cierta fascinación hacia tan extraño personaje:

-¿Tienes alguna manera de probarlo?- le pregunta.

-Por supuesto -contesta Sting convencido, y luego añade-: pregúntame cómo, por favor.

-¿Cómo puedes probarlo?

-Puedo desaparecer a voluntad.

En ese instante, el cuerpo de Sting desaparece por completo de repente, para varios segundos después aparecer, sin más, sentado junto a Elvar.

-Ciertamente asombroso.

-Gracias. En realidad no soy Dios todavía, pero lo voy a ser pronto. Pregúntame por favor cómo voy a conseguirlo.

-¿Cómo vas a conseguirlo?

-Me he hecho con 4 de los 5 amuletos templarios que coinciden la divinidad a su portador.

El tren ha llegado ya a la estación de Guomao, en la que Elvar debe hacer transbordo. Nuestro protagonista se levanta y hace ademán de disculparse y despedirse. Pero el otro hombre se levanta también y abandona el vagón a su lado. No tiene ninguna prisa y necesita a toda costa hablarle. Sentados juntos en el siguiente tren, Sting ha sacado de su cartera ciertos objetos extraños:

-El zafiro rojo de Anubis -explica-, que concede la invisibilidad.

-El zafiro rojo de Anubis. -contesta Elvar, como si quisiera aparentar estar poco impresionado

-Y estos son el rubí mágico de las tinieblas, que permite volar, y el lapislázuli amarillo cósmico, que cura cualquier enfermedad. Pregúntame qué más hay.

-¿Y qué más hay?

-Finalmente, la esmeralda trapezoidal de jade, que otorga a su poseedor la capacidad de manipular a cualquier persona que se encuentre a la vista. ¿Ves a esa china de ahí?


-Sí, la veo.

-Voy a obligarla a que se siente a tu lado.

En ese momento, la china a la que Sting se ha referido, sentada en el extremo contrario del vagón, se levanta en silencio y se sienta junto a ellos. Elvar y Sting intercambian gestos de aprobación.

-Ciertamente asombroso.

-Ahora -ordena de nuevo Sting- pregúntame al respecto de la última piedra.


-¿Cuál es la última piedra?-, inquiere Elvar. A partir de estos momentos, el discurso de Sting irá adquiriendo u tono solemne y misterioso:

-La tienen los comunistas chinos. Y la utilizan para manipular a todo el mundo. Por eso les va tan bien últimamente. Pregúntame también por favor cuál es la historia de la piedra.

-Explícame por favor la historia de la piedra.

-De inmediato procedo a relatártela:

"Esa piedra se perdió en las cruzadas cuando un grupo de custodios fue asaltado por sorpresa en Tierra Santa. La reliquia llegó a Damasco, donde estuvo varios siglos, hasta que desapareció después de cierto incendio que asoló la ciudad. En el siglo XVII unos jesuitas fueron asesinados salvajemente en Pekin después de haber pasado varias semanas en compañía del emperador, presuntamente intentando evangelizarle. La reliquia debía de haber llegado de alguna manera a manos de la familia imperial a través de la Ruta de la Seda..."


-Si la tuvo el emperador, quiere decir que ahora estará en las dependencias subterráneas secretas de la Ciudad Prohíbida, custodiada por la cúpula del Partido Comunista. ¿No es así?


-Eso es precisamente lo que yo creo. En la biblioteca imperial, que se encuentra en tales dependencias secretas, hay un manuscrito que escribieron los jesuitas que intentaron recuperar la piedra en el siglo XVII. El manuscrito explica todo sobre la naturaleza de la piedra y cómo obtenerla. El problema es que la biblioteca es un laberinto en el que es casi imposible orientarse; todo está escrito en varios idiomas, incluído el latín, el español medieval, el portugués antiguo, el chino antiguo y el japonés arcaico. Yo me he introducido varias veces en el palacio haciéndome invisible, pero no he conseguido pista alguna sobre el libro...

( ... )

Han pasado varias horas desde su primer encuentro en el metro, y Elvar ha olvidado ya cualquier otra cita o compromiso que pudiera haber tenido para esa tarde. Ahora Elvar y Sting están caminando por una de las callejuelas que conducen a Tianamen y a la Ciudad Prohibida. Es una típica tarde de verano en Pekín, cuyo húmedo aire parece haberse convertido en una asquerosa sopa de excrementos radioactivos. La sopa es de un marrón pútrido claro, y el ajetreo de cachibaches extraños por las callejuelas de la parte antigua, continuamente exhalando la pésima calidad de su humo, contribuye a prolongar la sensación de sopor insoportable de la sopa. Dos chalados han cruzado la calzada sin mirar cargando un andamio metálico de tres pisos con sus propias manos.

-Las cinco piedras tienen gran poder por separado -continúa explicando Sting-, pero juntas su poder se multiplica infinitamente hasta convertir automáticamente en un dios a su poseedor...


- En resumen -interrumpe Elvar-: pretendes que me haga invisible y me introduzca en la biblioteca imperial, en las dependencias secretas de la Ciudad Prohibida, para poder leer el manuscrito que ayuda a identificar la piedra y el lugar donde se encuentran.

-En cuanto asistí a tu conferencia sobre español medieval en el Palacio de Congresos me di cuenta de que eras mi hombre. Por tu gran conocimiento del español medieval y de los libros antiguos. Porque te escuche hablar fluidamente en japonés y luego te vi leer panfletos en chino durante tu estancia en Pekín. Porque probablemente no haya otra persona en el mundo capaz de hacer este trabajo...


La conversación se prolonga volviendo una y otra vez a los mismos puntos, igual que el periplo de los dos hombres les lleva una varias veces a cruzar la misma esquina o esquinas parecidas. La extraña historia de los jesuitas y el extraño cambio de actitud hacia ellos del emperador, que con tanta amabilidad les había acogido en un principio. El poder infinito de las piedras. Las consecuencias terribles de caer lo amuletos en las manos equivocadas...

Aunque los pekineses no pueden entenderles, y por lo tanto no se alteran ni un apice ante la presencia de estos dos extranjeros imbuídos en tan fantástica aventura, un hombre viene siguiéndoles desde el principio a cierta distancia. Ataviado con gabardina y traje oscuro, les contempla fríamente desde detrás de sus gafas de sol y de su periódico. Una figura inquietante como un agente de la KGB, o de la CIA, o quizás un matón a sueldo de unos mafiosos de Chicago. Se trata del clásico espía de las películas americanas de los años 30: el hombre del sombrero.

(...)

Por fin, delante de la Ciudad Prohibida. Anochecer. Elvar ha recibido de Sting una de las piedras. Los dos hombres se saludan por última vez. Sting promete a Elvar los placeres de la vida eterna si consigue el preciado bien que durante tanto tiempo había estado buscando. Elvar se hace invisible y a continuación se introduce en las dependencias secretas y maravillosas de la misteriosa ciudad.

(...)

Ya. Han pasado varias horas desde que Elvar se hizo invisible y se introdujo en el lugar que por tantos siglos estuviera prohibido para la mayoría de los mortales. Sting no ha parado de fumar en todo ese tiempo, mirando continuamente al reloj y esperando la maldita llamada. Por fin, cuando la noche esta a punto de empezar lentamente a ajarse, suena el teléfono.

-Se dirige hacia allí con la piedra -le dice al fin a Sting el hombre del sombrero-. En cuanto lo veas, utilizas el amuleto para doblegar su voluntad, le arrebatas las dos piedras restantes y acabas con él de un disparo o utilizando el poder de las piedras.

(...)

Suena el timbre. Sting saca de su escritorio una pistola y se la mete en el bolsillo, mientras que con la otra mano aprieta fuertemente las poderosas piedras. Abre la puerta de su despacho, convencido de poder asesinar fácilmente a su presa, pero se sorprende al ver que no hay nadie en el rellano.

Es demasiado tarde cuando al fin su mente comprende la sencilla trampa a la que ha sido sometido. Elvar, que estaba escondido en el hueco de la escalera ha salido preso de su escondrijo y de un certero golpe en la cabeza le ha hecho perder el conocimiento y luego le ha registrado los bolsillos para quitarle las piedras. Porcelana china falsa.

(...)

Ahora los dos hombres están frente a frente en el despacho, y mientras Sting lamenta su estúpida caída, Elvar es el que obliga a hacer las preguntas:

-El diamante negro -dice-. En el tesoro secreto del emperador. La localización era demasiado evidente, por eso se te pasó. Incluso sin leer el manuscrito podías haberla conseguido.

-Se nos pasó a todos.

-En realidad, veníamos siguiéndote hace años -le explica ahora Elvar su derrotado contrincante-. No podíamos permitir que te hicieras con tales objetos poderosos. Sabíamos que tus ojetivos eran puramente científicos en principio, pero al no poder conseguir tu mismo la última piedra, vendiste tu alma al Diablo para conseguirla.

-Sólo pretendía usar a los americanos para que me ayudaran con la información y la tecnología. Después tenía previsto abandonarles.

-Quizás, pero nosotros sabíamos que los americanos tenían la intención de matarte a ti y arrebatarte las piedras. Y no podíamos permitir que asesinos tan sanguinarios se hicieran con objetos tan poderosos. Si los americanos reunieran todos los amuletos, el poder de destrucción del capitalismo se extendería sin resistencia por todo el mundo, y todos las naciones e individuos del planeta se convertirían en esclavos suyos.

-Estás con los comunistas chinos, ¿verdad?

-Estoy con los comunistas, pero con los chinos. Pero ahora eso ya no importa...

Elvar ha mirado al techo durante un instante, como soñando. Sabe de su posición como vencedor absoluto en el juego y no quiere ensañarse ni un momento más con su contrincante. De repente, se le ha ocurrido una idea. Es el momento de despedirse.

-Preguntame para qué necesito las piedras.-ordena a Sting.

-¿Para qué la necesitas?

-La necesito para curar a cierta persona -ahora sus ojos expresan pena-. Una de las pocas personas realmente buenas que existen en el mundo y quizás el único político no corrupto que existe.

Sting hace gesto de entender aunque quizás no comparta la opinión. Elvar le contesta con una mueca, una mueca como las que Sting le había dirigido la mañana anterior en el vagón. Sting le devuelve la mueca, ante lo cual Elvar esboza una extraña sonrisa, y otra mueca, y otra, y a continuación desaparece.


Otros cuentos japoneses publicados en este blog.



 
















jueves, 26 de mayo de 2011

DIRECCIÓN CONTRARIA

Tal quien circula en dirección contraria,
mientras insiste, con pueril enfado,
que todo el mundo está equivocado
y quien protesta es perroflauta o paria,

así conduce turba temeraria
el auto occidental averiado:
si estamparse les ordena el mercado,
ni lo duda esta caterva sectaria;

mientras en otra latitud construyen
escuelas, hospitales, autopistas...,
éstos cierran, privatizan, destruyen...;

liberalsociópatasdesalmados
que tachan de radical populista,
a quien no se humille ante los mercados.

miércoles, 23 de febrero de 2011

OJALÁ SE CAIGA



Ojalá se caiga

la pirámide hecha de corrupción y ladrillo,

en la cumbre de la cual medra un rey borracho,

sobre las cabezas huecas del vulgo más cerril de la historia.



Ojalá se caiga,

descomunal armazón de cemento

encima de lo que acaso un día fuera hermoso,

gastronomía de la infamia para paladares de cobalto,

servida por los mismos camareros demócratas,

en la cartera la estampita de Rubalcaba, Aznar, Pincochet, Obama, Uribe.



Ojala se caiga,

con su turismo de morsas,

sus borrachas fofas vacilantes,

ministras progres que no venden sus ideas

porque no las tienen,

sindicalistas que apoyan a banqueros ladrones

y currelas -pobres y encima de derechas-

pidiéndole al gobierno que les quite más derechos,

que privaticen su existencia,

que les contrarreformen

que se gasten sus impuestos en decadentes fastos,

en apoyar contrarrevoluciones,

en salvar banqueros ricos, paradoja, corrupción y pleonasmo,

en cenar con dictadores, desestabilizar Venezuela,

y en "invasiones de paz" y "guerras humanitarias".



Que se hundan Prestige y Gal,

PP y PSOE, Rajoy y Camps y Zapatero y Rato,

y alcaldes y especuladores con sus patronatos y fundaciones,

y banqueros corruptos, el País y el Mundo,

contertulios televisivos y analistas económicos,

y sobretodo que se hunda el electorado.



Y en su lugar, que surja cualquier cosa,

lo que sea, excepto otra vez, España


jueves, 10 de junio de 2010

CUENTOS JAPONESES: LA LIBERALIZACIÓN DE LAS STRONGS

El Primer Ministro Hatoyama se vio obligado a tomar una de las decisiones más difíciles de toda su etapa al frente del gobierno. Una decisión complicada, y que sin duda muchos sectores de la sociedad no entenderían, pero que era absolutamente necesaria para garantizar el futuro del país y para restablecer la confianza de los mercados. Una ley que todos los gabinetes anteriores sabían que debían sacar adelante lo antes posible, por el bien de todos, pero que al final, por falta de visión estratégica, o por miedo a la reacción del electorado, nadie se había atrevido a proponer al parlamento. Esa tardanza en aplicar una medida tan importante había  provocado que las situación de las finzanzas públicas se hubiera seguido deteriorando con los años, haciendo que el público estuviera más y más descontento con su clase poítica y que para cada nuevo gobierno fuera todavía más difícil hacer tan necesaria reforma.


Una resolución impopular para algunos y polémica para casi todos, pero absolutamente imprescindible para el conjunto de la sociedad. Se trataba de liminar el límite máximo de grados que podían alcanzar las cervezas comercializadas en todo el territorio nacional. La liberalización de las strongs. El límite estaba por el momento en 8, cantidad que ya los expertos la consideraban muy alta para tratarse de cerveza, pues con esa graduación uno se emborrachaba ya bastante con sólo un par de latas. Pero ya era hora, por el bien de la libertad de empresa, de eliminar esa absurda ley y permitir cervezas de tan fuertes como el consumidor pudiera libremente aceptar. De hecho en otros países del mundo existían cervezas de 10, e incluso una de 24 grados. Pero en Japón, se mantenían de espaldas a la modernidad con la típica Strong 8 que se vendía en todas las tiendas de conveniencia desde hacía décadas. No era suficiente para un país ambicioso y con orgullo como Japón.


A los pocos meses de ser promulgada la nueva ley, Asahi, el fabricante más popular del país, lanzó al mercado una Strong 9, y su gran rival, Kirin, pronto le contestó con una strong 10. De ahí se pasó a la strong 13, 19 y a la mítica 29, que ya era una barbaridad y hacía que te emborracharas con una sola lata. Pero el público se había ido acostumbrando y demandaba productos mucho más fuertes, así que se seguió subiendo hasta llegar a aberracíones como la strong 50, la 69, la 88 y finalmente la strong 100, que te tajaba de un trago.


Gracias a las nuevas strongs radicales, la vida de los japoneses cambió grandemente, lo cual permitió al gobierno sacar adelante sus nuevas políticas. Ahora todo el mundo era feliz porque estaba siempre borracho o de resaca. Los asalariados salían del trabajo, y se metían al bar para tajarse bebiéndose su única Strong diaria. Los que no tenían trabajo simplemente se pasaban doblados desde la mañana hasta la noche. Las amas de casa, justo antes de dormir, entraban en un estado de dicha artificial comparable a los tiempos en los que se habían sentido queridas por sus esposos,  que ahora se mantenían en situación de permanente mal humor por culpa del trabajo, el pachinko o el béisbol. Los pordioseros, a su vez, en los parques dormían como lirones y se sentían como si estuvieran durmiendo en un palacio. Era un chollo para todo el mundo. Por los mismos 140 yenes (un poco más de un euro), que costaba la antigua strong 8 o las cervezas normales del pasado, pillabas una taja entera cercana al coma etílico, ahorrandote un tiempo y un dinero que eran vitales en las duras junglas de asfalto que eran las ciudades japonesas.


De manera que pronto se llegó a un punto en el que la gente era absolutamente deliz y no se preocupaba en absoluto de la vida política del país, ocupados como estaban esperando a la siguiente taja que les curara la resaca de la taja anterior. Y el gobierno pudo llevar por fin a cabo sus ambicioso programa de reformas económicas y recortes para restaurar la confianza de los mercados, y sin ninguna oposición ciudadana se implantó el despido a cambio de una caja de alcachofas, la jornada laboral de 65 horas diarias, el contrato de un minuto y quince segundos y la jubilación a los 95 tacos.


Cualquier atisbo de movimiento contestatario ciudadano que hubiera existido en el ya de por sí conservador y socialmente taimado archipiélago de ojos rasgados desapareció totalmente gracias a las nuevas chelas que provocaban mucha más satisfacción, a mucho menor precio, que el mejor sistema de bienestar social escandinavo. Aunque las reformas del gobierno seguían castigando atrozmente a las clases medias y trabajadoras, y privándolas de todas las conquistas sociales de los últimos 100 años para beneficio de una pequeña élite de banqueros y de multimillonarios, la gente parecía estar por fin satisfecha y nadie se quejaba de nada, una situación que recordaba a la de la España de Zapatero, justo antes de que el barco se hundiera definitivamente y España fuera vendida a pedacitos a una multinacional taiwanesa. Igual que en España, se dijo que la reforma ayudaría a generar empleo, pero lo único que consiguió es hundir más la economía del país, pues la reducción del gasto público sólo hizo que se perdieran puestos de trabajo y que disminuyera la recaudación del Estado. 

En esa coyuntura, "los mercados" empezaron a presionar al resto de los países para que siguieran el ejemplo japonés de elevar la graduación de la strong que se vendían en cada uno de ellos. En cualquier país donde hubiera leyes que limitaran el número de grados de la cerveza, empezaban a acosar al gobierno, acusándole de populista, cercano a Eta y a Hugo Chávez, antiamericano y en contra de la libre empresa, de la democracia, de la Constitución, de la libertad y de los acuerdos de Maastrich. Un país donde la gente no bebiera por lo menos strong 30 era considerado poco competitivo, de escaso atractivo para los inversores. Se arriesgaba por tanto a que los capitales se fugaran a lugares donde las rentas generaran beneficios más altos, paises "más abiertos a la inversión". Y así es como los gobiernos fueron cayendo poco a poco y los capitalistas volvieron a adueñarse del mundo que se les había estando escapando en los últimos años por culpa de Hezbolláh, Lula, Chávez, Evo Morales, los chinos, Putin, Corea del Norte, las Farc, Hamás, el blog del Chino Muerto y la guerrilla maonista del Nepal.


Hasta yo mismo estaba en esa época totalmente idiotizado. Aunque anteriormente a las superstrongs ya me tajaba casi a diario, a partir de la nueva normativa cesaron de tener ningún contenido literario ni filosófico, y desaparecieron totalmente las largas discusiones políticas que solía mantener con mis compinches suelistas. Poco a poco deje de escribir hasta el blog del Chino Muerto, el único blog con varios Premios Pullitzer y que alquilaba pisos en el centro a un euro. Vivía sólo para curar lo más rápido pasible mi brutal resaca de cada mañana y transformarlo en una nueva taja de strong 200, la cerveza que te emborrachaba con una sola gota. Tajas irracionales y silenciosas, ábsolutamente robóticas, en las que apenas intercambiaba ni una sola palabra con mis compañeros de banco.


Una de esas mañanas apareció en el parque un nuevo pordiosero distinguido vestido con elegante traje de marca, el pelo perfectamente engominado y una forma de hablar refinada y culta que contrastaba con el sucio acento de Osaka de los mendigos que yo había conocido hasta entonces. El mendigo elegante se sentó a mi lado y me dijo que se llamaba Hatoyama. Era el mismo nombre que el Primer Ministro que había aprobado la ley que permitía strongs ilimitadas. Pero yo ya no me acordaba del nombre ni del Primer Ministro Actual ni del mío propio. Por eso el hombre abrió su maletín y me mostro varios periódicos y revistas en los que aparecían fotos suyas, al pie de las cuales se decía que  el Primer Ministro Hatoyama expresó ayer en rueda de prensa su voluntad de esto o lo otro o Hatoyama hizo énfasis en la necesidad restablecer la confianza del electorado, e innumerables sentencias de ese tipo que los políticos repiten todos los días sin saber que significan.


Al darme cuenta de que se trataba de un personaje verdaderamente ilustre, le ofrecí una cerveza que tenía guardada para ocasiones especiales, ni más ni menos que una litrona de strong 250, la cerveza que te tajaba con solo olerla. Pero Hatoyama me la rechazó indignado, y pasó a contarme la historia de las strong y de como  había dimitido de sus funciones, preso del más doloroso remordimiento, tras firmar, presionado por el FMI y el Club Bilderberg, la ley para la liberalización de las strongs, que él mismo calificó de diabólica e inhumana. Estaba arrepentido del daño que había hecho a su país y quería que la población supiera la verdad. Es por ello que había venido al parque a pedirme ayuda, pues yo, en su época en el gobierno, había sido su más bravo opositor.

Parece ser que durante ese tiempo, yo había estando organizando a los pordioseros y lanzándolos contra el gobierno, y gracias a nuestra tenaz lucha les habíamos obligado que nos concedieran algunas reivindicaciones, como por ejemplo sanidad gratuíta para el parque (sanidad gratuíta de la que no gozaban el resto de japoneses), una biblioteca llena de periódicos viejos y también cajas gratuítas para dormir que nos traía todas las semanas en camión una asociación de caridad cercana al partido en el poder. No era mucho, pero considerando que la seguridad social en Japón es prácticamente nula, y que el gobierno en Japón tiene como única función relevante garantizar la seguridad de las bases americanas en Okinawa, eran grandes conquistas. Además, al fin y al cabo no eramos sino un pequeño grupo de mendigos que vivíamos en un parque de una ciudad dormitorio de Osaka.


Yo no me acordaba de todo eso. Pero Hatoyama me enseñó fotos en las que yo aparecía al frente de las manifestaciones. También me explicó que en esa época, dada la inexistencia en Japón de una izquierda fuerte, mi grupo de pordioseros y yo habíamos sido el colectivo contestatario que más le preocupaba al Poder, y que por eso habíamos estado continuamente en el punto de mira del gobierno. Y hasta tal punto nos habíamos convertido en una molestia que Hatoyama casi había convertido al Departamento de Estado yanqui para que nos incluyera en su lista de organizaciones que debían ser ilegalizadas porque no habían condenado el terrorismo, pese que yo ya había dicho en mil ocasiones en mi blog que el peor terrorista del mundo era el nuevo negrata que ocupaba la Casa Blanca. "Siempre metemos pacifistas en la lista, como por ejemplo Evo Morales o a Nelson Mandela. Por el contrario, a militaristas radicales como Henry Kissinger, el Dalai Lama u Obama les damos premios de la paz."


Vaya noticia. Así que yo había sido un gran revolucionario. Cómo me había podido hundir así, teniendo un pasado tan glorioso. Ya estaba bien de beber strongs de cien grados. Había que contarle a todo el mundo la verdad. Así que nos pusimos manos a la obra y comenzamos a preparar barricadas de strong para detener el tráfico y provocar un caos en la ciudad y así llamar la atención de la opinión pública. Trabajando codo a codo pasamos el fin de semana Hatoyama, los mendigos y yo, sin beber strong de más de 8 grados (ah, la vieja strong 8, con todo el sabor y sólo el doble de grados, pero el triple de calorías, qué gozada, ya no me acordaba); todo el fin de semana escribiendo panfletos, llamando a las radios. Hasta contactamos con Chávez vía Twitter, y el Presidente de verdad nos garantizó apoyó para nuestra empresa y nos prometió que hablaría con los otros líderes nacionalistas de su continente y otros camaradas del eje del mal para difundir nuestras ideas. Hatoyama habló también con un amigo suyo que controlaba un canal de televisión y que iba a concedernos varios espacios publicitarios. Varias radios locales también nos confirmaron su apoyo. El domingo por la noche habíamos terminado de preparar la campaña, que teníamos pensado poner en marcha a partir del lunes por la mañana. Sudorosos en la tórrida noche de Osaka, exhaustos por el esfuerzo realizado, nos miramos los unos a los otros satifeschos e ilusionados.


Es entonces cuando apareció. Un tipo vestido totalmente de negro, con una capa, andares lentos, respiración pesada y profunda, y un horrible casco negro metálico. Darth Vader. Todos los pordioseros le miran sorprendidos mientras se acerca lenta pero firmemente hacia nosotros. Pero Hatoyama ni se inmuta, parece acostumbrado. "Es del Fondo Monetario Internacional"-me dice-"Les gusta ir siempre por ahí con esa pinta, intimidando a la gente y dándoselas de malos".

El emisario del mal no se anda con rodeos. Díce que las fuerzas de paz de la ONU bombardearán y arrasarán nuestro parque al amanecer a no ser que abandonemos nuestro plan de divulgar al mundo la verdad de las superstrongs y de la implicación de las instituciones internacionales y de Estados Unidos en el asunto. Los pordioseros nos miramos unos a los otros. No hace falta ni siquiera hablar. Le digo, haciéndome el valiente. "No nos importa morir. La Muerte es como una taja más larga de lo normal, pero sin resaca." Miro a los otros pordioseros, orgulloso de que en un momento tan importante se me hubiera ocurrido una frase tan buena. A su vez, ellos me miran a mí con orgullo. "Además, Admajimehjad ha dicho que si nos atacáis militarmente borrará Israel del mapa. De hecho, están construyendo una goma de borrar gigante en unas instalaciones subterráneas secretas en el desierto."

Vader respira hondo y se vuelve hacia mí. Por un momento parece como si me fuera a atacar directamente. "Encontraremos también a vuestros familiares y les haremos sufrir uno por uno los más crueles sufrimientos " -amenaza-. "No tenemos familiares. " replico, con lógica insuperable. "Si los tuvieramos, no dormiríamos en un parque. Así que díle a Obama que vaya a Irán o a Venezuela a recoger el próximo Nobel de la Paz si tiene huevos "  Se oye una ovación en el parque. No sólo los pordioseros, sino también las viejas, y las parejas jóvenes con hijos me aclaman.

Gracias a mi resistencia numantina, parece que Vader se da por vencido. Pero cuando ya está a punto de marchar, se vuelve otra vez hacia mí, y como intentando congelarme con su respiración negra y gélida, se queda callado mirándome. Un silencio sienestro recorre todo el parque. Tensa espera. El miedo lo recorre todo. Finalmente, el Señor de la Oscuridad se dirige de nuevo a mí.

-Suministros gratuítos de por vida al parque de la nueva Strong 300.

Eso sí que son palabras mayores. La nueva Strong 300, la cerveza que te taja de solo entrar en el establecimiento donde se comercializa. Miro a los pordios. Están sudorosos y cansados. Parece que todo el mundo tiene sed.


Otros cuentos japoneses del Chino Muerto:

-El Cuento de los Kanjis.


-El Cuento de los 12.000 yenes


-La Experiencia Japonesa de James Douglas Paterson


-Hatsumode


-Aventuras del Profeta Azul en Japón (Segunda Parte)


-El Tercer Hombre (Plagio de la Película de Carol Reed)


-El Marido Perfecto

jueves, 3 de junio de 2010

CIUDADES QUE NO FIGURAN EN NINGÚN MAPA: VALENCIA

La capital de la Comunitat está situada en una estepa remota de Siberia, alrededor de un lago con forma de circunferencia de unos 12 kilómetros de diámetro. La zona residencial está formada por monótonos bloques de apartamentos que rodean el perímetro el lago, sin alejarse demasiado de éste. Pero las partes más interesantes de la ciudad son sin duda las que se encuentran en la superficie del propio lago y debajo del mismo.

Existe dentro del lago una gran diversidad de pequeñas islas e islotes. Algunas de tales islas están desiertas y conservan gran parte de la flora original, en otras islas hay parques de atracciones de los años cincuenta como en el que aparece en la película de Hitchkock "Extraños en un Tren". En otras islas hay pequeños pueblos tradicionales británicos de piedra, con hermosas iglesias góticas e incluso una catedral, y en otras hay bellas playas o palacios de congresos ultramodernos que cuentan con enormes galerías acristaladas subacuáticas desde las que se puede contemplar el fondo en todo su esplendor.

A pesar de su localización en la parte más inhóspita y despoblada de Siberia, Valencia cuenta con un mircroclima propio que hace que sus temperaturas anuales sean más similares a las de Venecia que a las del resto de Rusia. Por eso los valencianos suelen utilizar góndolas y vapoettos para desplazarse a las islas más cercanas y entre las islas, y la ciudad está llena de hermosos apeaderos de madera y de junco. Para cruzar el lago o para ir hasta las islas más lejanas de éste, la ciudad cuenta también con una excelente red de metro que comunica unas orillas con otras y que tiene estaciones debajo de las islas principales. 

Para no perjudicar el encanto visual y la estética del lago, existe una gran variedad de complejos de ocio construídos bajo el nivel del agua alrededor de las estaciones de metro, con innumerables pasillos y pabellones en los que podemos encontrar cines, estadios de fútbol, supermercados, restaurantes y tiendas donde se venden artículos de moda. 

miércoles, 12 de mayo de 2010

CUENTOS JAPONESES: EL TERCER HOMBRE (PLAGIO DE LA PELÍCULA DE CAROL REED)

El Alcohólico aterrizó en el aeropuerto de Kansai el 26 de enero de 2010. Llegó prácticamente sin blanca, invitado por su amigo Elvar Ata, al que al parecer le iba bien en Japón, pues de hecho había prometido al Alcohólico un trabajo. Si al final conseguía trabajar, sería el primer trabajo del Alochólico en años, después de que la incompetente política laboral de la administración de Zapatero le hubiera condenado al ostracismo y al desempleo hasta hacerle perder totalmente la paciencia y la esperanza.

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El Alcohólico llegó un poco pasadas las 11 de la mañana a la residencia de Elvar en Osaka. El portero de la residencia era un hombre bastante huraño, que fruncía el ceño de manera casi permanentemente y que a parte de “no”, y quizás los números del uno al diez, apenas hablaba ni una palabra en el idioma de George Bush y de Willian Shakespeare. No obstante su falta de habilidad para los idiomas, el hombre consiguió indicar por gestos al Alcohólico que Elvar Ata ya no se encontraba en aquel lugar, pues acababa de morir hace unas pocas horas y su cuerpo había sido ya transladado a la morgue.



Cuando el sorprendido Alchólico le pidió que confirmara la información y la repitiera despacio, el hombre hizo un gesto inequívoco pasándose el dedo índice por todo lo largo del cuello, y luego señaló una vez más el reloj y dibujó en el aire el número 8 con el mismo dedo. Finalmente, llevó al Alchólico a fuera del edificio y le indicó el punto exacto, justo delante de la propia puerta de la residencia, donde Elvar Ata había sido atropellado por un automóvil.

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El Alcohólico llegó justo a tiempo para ver el entierro desde el principio. Fue un acto corto y sencillo. El sacerdote cristiano pronunció apenas media docena de frases en japonés, y Elvar Ata fue enterrado sin más dilación. El propio Alcohólico vio como la caja era introducida en una fosa y cubierta de tierra. Sólo unas pocas personas, aparte del Alcohólico, habían asistido al acto; entre esas personas había una mujer japonesa, que se encontraba visiblemente afectada, y un policía.

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El Alcohólico estaba sin blanca, no hablaba japonés y a parte del difunto no conocía a nadie en Japón. Así que carecía ya de motivo alguno para pasar siquiera un segundo más en el país del sol naciente.



Por el momento había decidido volver al centro para buscar un sitio para dormir. El día siguiente siguiente se levantaría temprano e intentaría comprar un billete para volver a España lo antes posibles.



Justo cuando acababa de salir del cementerio, un coche de policía se le acercó, lo estuvo siguiendo un momento y finalmente se detuvo a su lado. Se trataba del mismo agente a quien había visto en el funeral de Elvar, aunque como supo después, no se trataba de un simple agente sino del comisario de policía de Osaka; un tipo muy amable que le ofreció llevarle al centro e invitarle a un trago, y que también le dijo que le conseguiría un sitio donde dormir hasta que pudiera comprar el billete de vuelta.

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Estuvo tajándose un par de horas con el comisario. Era un hombre agradable y atento, del que no se separaba un chino corpulento y tosco que le servía de ayudante y de guardaespaldas. El Comisario hablaba un inglés bastante decente por lo que el Alcohólico no tuvo problemas para comunicarse con él, y además, como ambos resultaron ser aficionados al güisqui y a la música, se llevaron a las mil maravillas desde el principio. No obstante, en un momento de la conversación, el Comisario hizo una observación en la que se mancillaba el honor de Elvar Ata, casi insinuando incluso que éste hubiera estado involucrado en algún momento de su vida en actividades terroristas o mafiosas.



Si bien el Alcohólico y Elvar se habían distanciado ideológicamente en los últimos años, su amistad, con alguna trifulca que otra de viejos amigos borrachos y tarados, se había mantenido hasta el último momento. Por otra parte, Elvar podía haber tenido muchos defectos, pero nunca habría empleado la violencia para materializar sus ideales, y de hecho era una de las personas más pacíficas que el Alcohólico hubiera conocido nunca. Y por si ello no fuera suficiente, sabía de fuentes fiables que una buena parte de la fortuna que había forjado en Japón la estaba empleando en obras benéficas en las que ayudaba a los pordioseros y a los niños pobres. Pero sobretodo, al Alcohólico le repateaba que en nombre de la corrección política se descalificara a todos los que pensaban de manera diferente a lo que les convenía a los que detentaban el poder. Así que se sintió obligado a defender a su amigo, y por ello se levantó para dar un puñetazo al Comisario.



Pero el gigante chino se le adelantó, golpeándole al él en la cara y dejándolo completamente noqueado. Lo subieron al coche y lo llevaron al lugar en donde pasaría la noche.

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Lo metieron en un hostal para pordioseros en Kamagasaki. Estaba lleno de tipos con pinta absolutamente sospechosa, pero la mayoría de ellos eran pacíficos y sólo lo miraban con curiosidad o lo saludaban en un inglés pésimo.



Aunque el comisario le había concedido una pequeña pensión para que sobreviviera unos días, el Alcohólico estaba decidido a dejar el país lo antes posible. En cuanto pudo conectarse a internet, se dedicó a buscar el billete más barato de entre todas las compañías aéreas que ofrecían vuelos a España..



Sin embargo, no podía alejarse de la cabeza la sensación de que todavía le quedaba una tarea por resolver. No dejaba de pensar en la absurda muerte de Elvar. Era casi imposible tragarse que un tipo tan inteligente, que hablaba fluídamente el japonés, el italiano y el inglés, además del castellano y del valenciano, y que había conseguido establecerse y prosperar en Japón, y convertirse en un hombre respetado en tan poco tiempo, hubiera muerto una mañana normal, atropellado de una manera tan estúpida, justo frente la puerta de su casa. Además, había algo sospechoso en la manera en que el comisario de policía se refería siempre a él de manera despectiva. No hay duda de que el comisario era un buen tío, su única ayuda en Japón. Le estaba dedicando, sin apenas conocerle, las mejores atenciones. Pero ello no eximía la posibilidad de que estuviera envuelto en temas oscuros. De hecho, conocía a muchos policías españoles que pese a ser excelentes personas lo estaban.



Elvar había sido siempre un tipo muy de izquierdas que mantenía y divulgada opiniones que el gobierno podría haber considerado peligrosas. ¿Y si se lo hubieran quitado de encima por razones políticas? Aunque las ideas políticas del Alcohólico eran opuestas a las de Elvar, él mismo había sido perseguido en la España de Zapatero, así que toda su solidaridad iba con él, no sólo por ser su amigo, sino porque ambos compartían la condición de excluídos por “desaveniencias ideológicas” con el gobierno de turno.



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Volvió a encontrarse con el Comisario la noche siguiente. Éste le llevó a un pub irlandés que era uno de sus lugares preferidos de Osaka, y entre pinta y pinta de Guiness le aconsejó que dejara el país lo antes posible. El Alcohólico no dejó de ver en este consejo sino un deseo por quitarse de encima al único individuo al que en algún momento se le podría pasar por la cabeza investigar el tema. Aunque había una persona más. La novia de Elvar. Había intercambiado apenas unas palabras obligadas durante el entierro. Si, hablaría con ella en cuanto acabara con el comisario.



Según el Comisario, no había duda alguna respecto a la muerte de Elvar Ata. Había un informe firmado del médico en el que se señalaba el atropello como causa de la defunción. Dos transeúntes habían transladado el cadáver de su amigo hasta la pequeña consulta médica que el mismo doctor tenía a varios pasos de la residencia de Elvar. Estaba todo claro y había testigos. Lo mejor que podía hacer el Alcohólico era olvidar el tema y volver a España lo antes posible.

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Al día siguiente, el Alcohólico visitó por ese orden a la novia de Elvar, al médico y al portero de la residencia, el hombre con el que había hablado durante su primera mañana en Japón. La conversación con la novia le decepcionó. Esperaba recibir alguna ayuda de su parte para iniciar la investigación, algún dato que le sirviera, o cuanto menos su apoyo moral. Pero en lugar de eso, parecía limitarse aceptar la tesis oficial del atropello. Se la veía exhausta, sin ganas de iniciar batalla alguna, como si desde que supo lo del accidente hubiera estado llorando hasta agotar todas sus fuerzas.



Aunque siempre había estado al tanto de las apasionadas deas políticas de Elvar, nunca les había dado demasiada importancia –explicábale al Alcohólico-, considerándolas una mera exageración, sin influencia sobre su vida cotidiana y una mera consecuencia inevitable de su carácter apasionado y de su curiosidad intelectual. Pero eran simplemente sus ideas, y aparte de su admiración por el Partido Comunista de Japón y de escribir en algunos blogs que apenas leían unas decenas de personas, Elvar no estaba relacionado con ningún partido ni desarrollaba ningún tipo de actividad política alguna.



Por otra parte, no le conocía ningún enemigo. Tanto los negocios como la vida social le estaban yendo viento en popa durante los últimos años, y casi todos los japoneses que conocía, y principalmente las japonesas, le miraban con muy buenos ojos. Ademiraban su buen dominio del japonés, su exquisita cortesia y sobretodo las obras de caridad con los pobres que estaba llevando a en el momento en que la muerte llamó a la puerta de su residencia.

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El médico también le confirmó la versión que el policía y todos quienes en Osaka conocían a Elvar repetían en todas partes. El atropello en la puerta de su casa, los dos hombres que pasaban en aquellos momentos por aquel lugar y que transladaron el cuerpo hasta su consulta. El cuerpo se hallaba ya sin vida cuando los dos hombres que lo portaban llamaron a su puerta.



En la residencia, volvió a encontrarse con el portero del primer día, pero éste declaró no saber nada más del accidente. Estaba arreglando unas tuberías en el interior del edificio cuando ocurrió aquella tragedia, y por lo tanto no lo había visto. Lo que conocía se lo había contado aquella misma mañana uno de los agentes de policía llegados a la escena del suceso cuando el cuerpo de Elvar había sido ya transladado a la consulta. En ese punto, el portero le pidió al Alcohólico que fuera tan amable de marcharse. Sentía lo de su amigo, pero tenía todavía varias averías que arreglar aquella tarde.

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Quizás había ido demasiado lejos en sus sospechas, se decía a sí mismo el Alcohólico. Había sido atropellado, y así lo decía todo el mundo. Había testigos, un parte médico oficial. La versión del comisario de policía también concordaba. No había duda de que estaba perdiendo el tiempo con el asunto. Esa misma noche iría a pedirle disculpas al Comisario, al que había insultado varias veces acusándole de corrupto y de estar implicado en la desaparición de Elvar. Desde el principio, el comisario se había portado con él de manera maravillosa, y el sólo se lo había agradecido con indirectas e insultos. Quería tajarse con él antes de volver a España. Había visto en internet un vuelo bastante económico para el día siguiente por la mañana. Sería el final de su corta y absurda primera visita al país del sol naciente.

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Justo cuando se disponía a entrar en la boca de metro para poner rumbo al hostal de pordioseros en Kamagasaki, se vio sorprendido por la voz del portero, que venía corriendo detrás de él mientras le repetía con voz entrcortada que que no se marchara todavía.



El portero, que parecía preocupado en todo momento por comprobar que no era seguido por nadie, llevó al Alcohólico a un callejón desierto y, le contó entre jadeos, mezclando japonés, inglés, y gestos, que en realidad sí que había visto el accidente con sus propios ojos. Primero había oído un coche acercarse a la residencia. Al acercarse a la ventana para ver de qué se trataba, el presunto atropello ya había ocurrido, y tres hombres, no dos como todos habían afirmado, se afanaban ya en transportar el cadáver. El portero se asustó todavía más al repetir que eran tres, no dos, los hombres que se habían llevado el cadáver. Y justo en ese momento se oyó un estrépito y el discurso del portero se detuvo para siempre.



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El tercer hombre. El Alcohólico había sospechado en todo momento que existía algo raro en aquella historia. Elvar no había muerto atropellado sino asesinado, había estado en lo cierto desde el principio. Como casi siempre. Lo había advertido con Zapatero, con Obama, siempre que había gato encerrado lo detectaba desde el principio, y aún así siempre era tachado de paranoico.



El portero había sido derribado a mitad de su conversación con el Alchólico, quien inmediatamente había pensado que lo mejor que podía hacer era abandonar el lugar antes de que le ocurriera lo mismo, pues sin duda había alguien interesado en que la verdad no se supiera. Tanto si él mismo era atacado, como si la policía llegaba a la escena del crimen y lo acusaba de la muerte del portero, lo mejor que podía hacer era largarse deprisa de aquel callejón..

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Pensó en ir a hablar con el comisario pero puede que este lo incriminara en el crimen, o aunque no lo hiciera, es posible que le molestara con preguntas absurdas. Se decidió a ir a casa de la novia de Elvar.



Ésta pareció molestarse con su presencia. Parecía empeñada en olvidar su vida anterior y a su ex novio, así que por mucho que el Alcohólico le hablara de aquel tercer hombre, ella seguía sin querer saber nada del asunto. Con los ojos llorosos le dijo que era posible que la policía estuviera en lo cierto. En los últimos meses las cosas le habían empezado a ir muy bien, estaba ganando dinero del gordo por primera vez en su vida. Quizás al fin y al cabo sí que hubiera habido algo extraño en esas actividades..



Tras el frío recibimiento inicial, el Alcohólico y la novia de Elvar compartieron unos vasos de vino de una botella que Elvar había comprado para disfrutar con ella en alguna ocasión especial. Conforme el alcohol se esparcía por sus venas, ambos se fueron relajando y sintiéndose cada vez más cerca del otro. Ella le mostró algunas fotos de su vida en Osaka y él empezó a admirar a la única mujer del mundo que había conseguido atar a Elvar a una ciudad y a un trabajo. Si bien seguían viviendo por separado, al parecer Elvar solía pasar los fines de semana y las vacaciones en casa de aquella mujer. En cualquier caso, era la primera vez que Elvar tenía novia durante tanto tiempo.



Aunque de algún modo u otro, el Alcohólico también compadeció por haberse dejado atar. Y quizás la muerte no fuera ni un suicidio, se le había ocurrido a Elvar para poder ir viajando. El mismo Alcohólico había pensado mil veces en ello.



En cualquier caso, aquella mujer debería haberle ofrecido argumentos motivos fuertes para que acabara rindiéndose ante ella, se decía el Alcohólico mientras contemplaba al gato con el que la pareja había convivido tantas veces abandonar la casa por la ventana de repente, como atraído por algún evento exterior que sólo él mismo pudiera percibir. Hasta entonces, Elvar había odiado a todos los animales no comestibles, pero a tenor de las fotografías que ella le había enseñado, en sus pernoctaciones en casa de su novia se había encariñado de la mascota. Sin duda, lo había cambiado por completo al pobre Elvar.

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El Alcohólico salió perturbado de la casa. La mezcla de alcoholes diversos, junto con los contradictorios pensamientos que se habían ido despertado en su cabeza en las últimas horas le habían llevado a un estado de irrealidad e indefensión del que no sabía como liberarse, al tiempo que a su alrededor el mundo físico daba vueltas sin parar como queriéndolo arrastrar en su embriaguez loca. Había estado convencido desde el principio de que Elvar había sido asesinado. Pero ¿quién?, y sobretodo ¿para qué? Había algo sospechoso en todos los personajes que se había cruzado hasta el momento. El policía alcohólico, corrupto y mujeriego, con el gigantón chino siempre a su lado. La falta de interés de la novia. La perfección en el relato del médico. ¿Quién le estaba engañando? Las explicaciones que le habían dado concordaban a la perfección. ¿Sería que se habían puesto de acuerdo? ¿Estarían todos compinchandos para engañarle?



Se dedicó a deambular borracho por los alrededores de la casa de la novia de Elvar. No sabía qué hacer ni a donde ir. No podía seguir investigando. No sólo ocurría que nadie le ayudaba sino que además todos parecían compinchados para confundirle. Y además no hablaba japonés y en ese país apenas nadie hablaba inglés. Lo más sensato sería abandonar. Pero no podía dejar la cosa como estaba. ¿Qué haría?



Empezó a sentir rabia e impotencia, y su enfado se acrecentó al sentir la presencia de alguien que le observaba desde uno de los portales en la penumbra al otro lado del callejón. Sin duda le habían venido siguiendo desde hace tiempo, por lo menos desde su última conversación con el portero de la residencial. Y al parecer el primero en darse cuenta, y por eso el Alcohólico, al oir un ruido, se había girado hacia aquella sombra, había sido el gato de Elvar.



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Sin pensárselo dos veces, empezó a increpar a esa silueta negra que le observaba desde la penumbra, llamándole cobarde y sicario y retándolo a descubrirse y a enfrentarse a él si era un hombre de verdad y si tenía agallas. Entonces, se encendió una luz en uno de los apartamentos del lado de la calle en la que se encontraba el Alcohólico. Una vieja, que sin duda había sido despertada por los gritos, empezó a increparle para que se callara y la dejara dormir en paz. La luz que atravesaba la ventana de la vieja se posó instantaneamente sobre el portal en el que la misteriosa figura se ocultaba, y el Alcohólico se quedó petrificado al contemplar un rostro que le era de sobra conocido. A su vez, su viejo amigo le contemplaba con una sonrisa cínica y siniestra, como burlándose por haber jugado con él durante todo ese tiempo pero a la vez pidiéndole disculpas. Entonces un automóvil pasó por la calle interponiéndose entre ambos. Y cuando el coche se fue, su viejo amigo había escapado también, y el Alcohólico oyó los pasos que se alejaban corriendo y doblaban la esquina, y se puso a correr él también persiguiendo esos pasos. Pero girar la calle por la que el misterioso hombre había escapado, su amigo había desaparecido, y ante él sólo quedaban el silencio y la penumbra.



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Nada más levantarse a la mañana siguiente, tras preguntarse a sí mismo si todo no habría sido un sueño fue a ver al Comisario a primera hora de la mañana para informarle de sus últimos descubrimientos. El comisario le confirmó que era uno de los sospechosos del asesinato del portero, pero que como él, personalmente, creía en su inocencia, por el momento no era necesario interrogarle ni detenerle.



El Alcohólico le relató lo ocurrido la noche anterior, y ante su insistencia, el Comisario acabó acudiendo a los alrededores de la casa de la novia de Elvar. Cuando el Alchohólico indicó el lugar por el que Elvar había desaparecido casi instantaneamente la noche anterior, el gigantón chino empezó a soltar exabruptos en su idioma, pero a continuación el comisario descubrió un pasaje subterráneo medio escondido al otro lado de la calle, y al bajar por ese pasaje en cuyo interior se amontonaban varios clubs semiclandestinos, se llegaba a una puerta en la que un cartel prohibía la entrada a personas ajenas al negocio. Y si se entraba en el local, un viejo almacen lleno de pasillos y escaleras, se podía continuar hasta otro almacen que comunicaba con otros pasillos que a su vez comunicaban varias estaciones de metro. Sin duda Elvar, había aprendido mucho sobre la realidad subterránea de Osaka durante esos días que había pasado escondido.

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Tras ese descubrimiento, el Comisario había accediedo a la solicitud de ir al cementerio para abrir la tumba de Elvar. Y de hecho, aquella misma mañana, al desenterrar el cajón de la muerte, el Comisario pudo ver con sus propios ojos que la persona que estaba dentro del ataúd no era Elvar, sino otro hombre.



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El Alchohólico no esperó a la investigación oficial, y en cuanto el Comisario se retiró para continuar su trabajo, corrió a la consulta del médico que había firmado el acta de defunción de Elvar, y tras comprobar que la consulta se hallaba cerrada, pidió a una de las viejas que vivían en el mismo apartamento la dirección de la casa de aquél. El Alcohólico le dio a su vez la dirección a un taxista, y éste le condujo al otro extremo de la ciudad, dejándole en la puerta de una vivienda unifamiliar de nueva planta cerca del puerto.



Empezó a gritar el Alcohólico que quería ver a Elvar. Pasaron los minutos y no hubo respuesta, hasta que en un momento dado salió el Doctor al balcón del primer piso para afirmar que no tenía ni idea del asunto.



-Si Elvar no sale –gritó el Alcohole entonces-, armaré un escándalo y atraeré la atención del público y de la policía



Entonces, el doctor se retiró sin decir nada, y al cabo de unos instantes, Elvar salió al balcón y saludó al Alchohólico con amabilidad, como si nada lo que había pasado desde que el Alcohólico había llegado a Japón hubiera ocurrido, como si su relación fuera la misma de años atrás. Sin embargo, se notaba un matiz de cinismo en el modo familiar en que le había saludado. Elvar pidió al Alcohólico que le esperara en la noria de Tempozan, que se encontraba a poca distancia de allí.

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La noria de Tempozan era una de las más grandes de toda Asia, y una de las pocas atracciones turísticas con las que contaba Osaka, esa jungla de asfalto sin edificios históricos ni zonas verdes. Si bien la zona atraía bastantes turistas en verano y los fines de semana, era un miércoles lluvioso a primera hora de la mañana, y por eso no había nadie. Apareció Elvar, y otra vez saludó con cínica cordialidad a su amigo.



Subieron a la noria y el Alcohólico fue al grano, restregándole una información que el Comisario le había dicho según la cual Elvar había robado y vendido a Corea del Norte (que pretendía usarlos para investigar en guerra bactereológica) ciertos medicamentos que iban a ser donados por empresas de Japón a un país del tercer mundo. Centenares de niños de ese país, que esperaban esos medicamentos, habían muerto por culpa de Elvar.



Pese al tono durísimo de sus acusaciones, el Alcohólico había hecho ese reproche a Elvar sin creerlo del todo, como para darle una oportunidad para que se defendiera, convencido de que se habría habido un malentendido, o de que Elvar había sido acusado de un crimen que no había llevado a cabo y por eso había tenido que fingir su muerte para escapar de la policía. Pero Elvar no desmintió los hechos.



-Hay muchos niños en el mundo –dijo-. Ahora son muy tiernos y muy monos, pero pronto se convertirán en homicidas, delincuentes, señores de la Guerra, en votantes de Bush o de Obama, de Zapatero o Aznar, o en traficantes....



Se quedaron mirando el feo paisaje de Osaka. A un lado se prolongaba hasta el infinito una costra inhumana de rascacielos amontonados sin ton ni son. Al otro lado el mar, como una superficie lunar de cemento inanimado.



-En Japón, tras varios decenios de democracia impuesta a base de bombas nucleares –continuó Elvar-, lo único que se ha conseguido son estas monstruosidades imposibles de habitar por un ser humano con corazón. Habitados por humanoides que votan a los mismos partidos que pretenden cambiar las leyes para que puedan despedirles a cambio de un bocadillo. Que dicen odiar la guerra pero acaban de darle el premio de la paz al presidente más belicista del mundo. Que proclaman estar a favor de la paz, de la justicia, de la democracia y de defender a los trabajadores nacionales, mientras odian al presidente del mundo que más está haciendo a favor de estas ideas. Que eligen en cada elección a los representantes de los especuladores y de las mafias capitalistas mundiales que estos les proponen, y luego sufren la represión que esos representantes les imponen, y el expolio al que les someten, sin levantarse un ápice de su sillón. Que se dejan engañar como niños por los banqueros para votar en contra de sus propios intereses, anteponiendo los de los bancos, de los que el gobierno y los ciudadanos se convierten en esclavos.


La noria seguía girando con lentitud sobre el océano. Elvar continuó con su discurso:

-Alcohólico, todos los gobiernos del mundo de occidente se inventan un enemigo para que no se hable de los problemas de la gente. En Estados Unidos es el Islam. En la Comunitat, la culpa es de los catalanes, que nos tienen envidia, y de ZP, que odia a la Comunitat y quiere romper España. En España, el enemigo es la derecha, aunque el partido en el poder ponga en práctica mes a mes la mayoría de sus políticas consistentes en robar a los pobres para dar a los millonarios.



-Usted tiene parte de razón –replicó por primera vez el Alcohólico- Pero aunque el panorama sea una mierda, uno tiene que seguir defendiendo sus ideales hasta la muerte o pegarse un tiro, no venderse a la puta dictadura que más le pague.



-¿Dictadura?¿Cuál es la peor dictadura del mundo? ¿El Reino Unido, donde existen tantas cámaras de vigilancia que cada ciudadano es grabado varios centenares de veces al día?¿España, el país de Europa occidental donde se cierran más medios de comunicación y se denuncian más casos de tortura?¿En Estados Unidos, donde Wall Street arruina la economía y luego exige al gobierno que le rescate con el dinero de los impuestos?



-Todo eso no lo dudo, pero lo de Corea del Norte es peor, una cárcel de la que no se permite a nadie salir.



-Alcohólico, en Corea tenemos el mejor sistema de sanidad pública de todo el lejano Oriente. Mientras que en las dos primeras economías del mundo, E.E.U.U y Japón, los pordioseros que no pueden pagarse una operación se amontonan en los parques, en Corea tenemos una atención de calidad gratuita para todos.



-Eso habría que verlo.



-Lo ha dicho incluso el delegado de Unicef, que no trabaja para nosotros. ¿Pero sabes quién la sanidad pública coreana? No lo acertarías ni en mil años.



-Estados Unidos y Japón, Alcohólico. Sin su ayuda económica, el gobierno de Corea del Norte se habría derrumbado hace siglos. Pero los americanos necesitan que el conflicto de Taiwán y el de Corea se perpetúen para mantener su presencia militar en Asia. Y los japoneses, los circulos más nacionalistas y ultraconservadores cercanos al emperador, furibundos anti-comunistas. Nos pagan para tener algo de lo que hablar que tape las escandalosas desigualdades que existen en este país. Para mantener sus privilegios les sale más barato financiar la sanidad pública en Japón que financiar la suya propia. Hasta ahí llega el cinismo de los gobiernos capitalistas...



-Hasta ahí llega tu cinismo, Elvar. Que entonces estás trabajando en realidad para la CIA, para Estados Unidos, a quien siempre has odiado- En este punto, es cuando el Alcohólico se había dado cuenta de que Elvar había perdido toda su dignidad para venderse. Aunque estaría con América frente a cualquier dictadura comunista del mundo, odiaba a cualquier pesona que acabara vendiendo sus ideales. ¿Lo habría hecho solo por dinero? ¿ No había manera de justificarlo. No le daría otra oportunidad para defenderse. Sólo cabía insultarle.



-¿Para qué lo has hecho, maricón? –le soltó de repente- ¿Para comprarle joyas a tu novia?¿Tú que tanto te has quejado de quienes acaban perdiendo el culo por una zorra?



-¿Y qué hacer, pasar varios años en el paro en España como tú? Si por cada caja de medicamento, de las que vendo varias al día, gano lo mismo que gana al mes cualquier mileurista pobre.



-Alcohólico. Te llamé porque confiaba en trabajar contigo a partir de ahora. Un amigo debe apoyar a su amigo hasta la muerte. Y por otro lado, no tenemos tiempo de perdernos en reproches. Empecé esto por mi mujer, la persona más adorable del mundo. Y digo mi mujer porque, si no nos hemos casado, es sólo por culpa de la fatigosa lentitud de la embajada española a la hora de realizar todo trámites o papeleo.



-Alcohólico, tanto que hablas de él en tus canciones ¿Sabes lo que es amor? Por ella mataría a todos los futuros asesinos de la tierra. Llevo tanto tiempo sin verla. Vivo en las profundidades de Osaka, en los túneles secretos del metro que comunican galerías subterráneas llenas de antros. Por eso confiaba en ti para comunicarme con el mundo exterior. Estaba dispuesto a ofrecerte un buen sueldo. Pero ahora veo que es imposible...



Elvar Ata se metió una mano en el bolsillo y el Alchohólico supo que tenía que pensar rápido si quería salir vivo de la noria. “Sabes que no tengo ningún miedo a la muerte y que incluso la deseo –le dijo, y señalando a un par de hombres que se hallaban sentandos en un banco cerca de la noria, añadió-. Pero no he venido aquí sólo. La policía nos está vigilando. Me han encargado que te ofrezca un acuerdo. Si me disparas, te cogerán nada más pisar el suelo. Si me dejas ir, te dejarán escapar, confiando en que les des información sobre tus contactos.”



En esos momentos Elvar sonrió con gran cinismo y se volvió simpático de nuevo. Apartó la mano del bolsillo y le dio una palmada en la espalda al Alcohólico. Éste se hallaba sorprendido de que su mente, después de tantos años de borracheras continuas, hubiera sido capaz de pensar tan rápidamente una manera de salir aquella situación. No había policía, ni nadie vigilándole ni esperándole allí abajo. Al bajar de la noria, se fueron por caminos diversos y quedaron en volverse a ver la siguiente semana.

......



El Alchohólico había decidido volver a España sin acudir a la siguiente cita con Elvar. No tenía nada que sacar en claro de su estancia en Japón. No tenía nada que decir a su antiguo amigo. Elvar se había corrompido a sí mismo y no iba a poder ayudarle. Si alguien tenía que atraparle, era la policía japonesa. No era asunto suyo si conseguían detenerle o no.



El comisario habló con él para pedirle que no volviera a España y que en se quedara en cambio unos días más para ayudarle a atrapar al malvado. Pero el Alcohólico insistió en que se las apañaran como pudieran, que no era asunto suyo. Entonces el comisario le rogó que, igual que en el pasado él había accedido a abrir la tumba ante su insistencia en que Elvar seguía vivo, él tenía algo que mostrarle.



Lo llevó a comisaria para enseñarle algunas pruebas del caso de las medicinas. Vacunas que Elvar había escamoteado a los niños pobres para satisfacer su propia codicia. Le enseñó imágenes de los niños del poblado africano que habían muerto a consecuencia de la estafa. En un principio, el Alchohólico siguió insistiendo en que no era asunto suyo. Pero luego, ya en casa, mientras se bebía el último güisqui antes de meterse en la cama, le vino otra ve la imagen de esos malditos niños, y se dijo que, aunque todos esos negratas se la traían sin cuidado, el mundo estaría mejor con un dictador menos. Al fin y al cabo, Elvar también había pensado en matarle, y en cualquier caso, no tenía otra cosa que hacer en España sino engrosar las ya de por sí abultadas filas del desempleo.

.............



Finalmente, Elvar y el Alcohólico se volvieron a encontrar en un antro del centro, y se tajaron juntos por última vez. Pero esta vez, no hablaron de los mismos asuntos que habían tratado anteriormente en la noria, sino que fue como las tajas del pasado en Valencia. Hablaron de política, de fútbol, de cine, de mujeres, de qué había sido de sus amigos comunes. Pasaron horas bebiendo trago tras trago, concatenando comentarios irónicos y carcajadas como viejos colegas, sin ningún odio ni resentimiento, aceptando que era la vida la que les había colocado en el lado contrario de la mesa.



Habían recuperado su amistad, pero ninguno de los dos había olvidado a qué había ido esa noche a ese antro. Así que, cuando la música se paró y el camarero les dijo que debían pagar y abandonar el local, Elvar, tras suplicar un último trago al camarero le preguntó al Alcohólico si había alguien esperándole, éste dijo que no, y entonces Elvar, tras agradecérselo de corazón, sacó su arma de fuego, y su amigo, que no había podido conseguir una, se hizo con un cuchillo de trinchar carne y le atravesó la yugular con un golpe certero. Y Elvar en su último impulso, apenas pudo apretar el gatillo para abrirle a él la tapa de los sesos. Así que, cuando el camarero llegó a la mesa con dos bebidas más, las dos últimas bebidas de la noche, un bourbon y un gin-tonic gentileza de la casa, los dos hombres estaban ya tendidos, sus cuerpos inertes, sobre la mesa.

 
Otros cuentos japones del  Chino Muerto:

-El cuento de los kanjis.
-El cuento de los 12.000 yenes.

-La experiencia japonesa de James Douglas Paterson.

-Hatsumode.
 
-Aventuras del Profeta Azul en Japón (Segunda Parte)

sábado, 13 de febrero de 2010

SONETO A OSAKA

El aire es auténtico veneno,

mas los mendigos de Kamagasaki

se alimentan de neón y de caqui.

-Sin derechos, como un cura esloveno-.



Placer del luctuoso queroseno

o mejor: festival de takoyaki,

al clavarles pinchos de teriyaki

las ancianas se desinflan, ¡qué bueno!



El cangrejo mutante de Dotombori

es un cerdo: secuestra a japonesas,

y se las lleva en jet privado a “Strombori”.



Porque además siempre queda el deporte

si algo falla y se molestan sus presas

de echar la culpa a Corea del Norte.

domingo, 7 de febrero de 2010

LA COMUNITAT, LA PEOR NOVELA DE LA HISTORIA, POR PACO CAMPOS. CAPÍTULO NOVENO

(Atención: Esta novela consta aproximadamente de diez capítulos. Para leerla desde el principio, pincha aquí.)



Tras regresar a los Estados Unidos, los acontecimientos se desarrollaron exactamente como Obama Daitorio los había planeado. El nuevo proyecto empresarial de Manolo, apoyado con fondos del Departamento de Estado, del Pentagono y del Grupo Bilderberg, se había convertido en uno de los pocos negocios rentables en época de crisis, gracias a la fórmula, simple pero irresistible en tiempos tan difíles, de ofrecer al endeudado público americano grandes cantidades de cerveza barata acompañada de tapas simples, rápidas, deliciosas. Y gracias a los ahorros en higiene de sus locales, a la falta de decoración de los mismos y a nula formación de los empleados, el precio de las tapas era del todo imposible de igualar por la competencia. Sin derrochar ni un solo kilowatio de energía, ni un mísero centavo de dólar, ni en publicidad, ni en la presentación de los platos, ni en limpieza, ni en adornos absurdos. En definitiva, en todo ese tipo de bobadas que tanto les gustaban a los americanos hasta que llegó la crisis, pero que a Manolo no le complacían en absoluto, pues las consideraba simples mariconadas propias de metrosexuales y elitistas progres.

En poco tiempo, el Aguas Manolo se había convertido en uno de los establecimientos familiares más conocidos del paisaje urbano yanqui, extendiéndose no sólo por la ciudad de Washington y su estado, sino por todos los territorios al norte de la frontera con Méjico, incluyendo el Canadá y Groenlandia . Era una gran satisfacción para Manolo que su negocio hubiera triunfado en el país de los emprendedores, aunque tuviera un nombre tan raro como“Embajada de Estados Unidos”, extrañísimo nombre para un bar. Pero al fin y al cabo, ese es el nombre que le había pedido Obama Daitorio, y si Obama Daitorio se lo había dicho, el primer presidente negro, el líder del cambio, significaba entonces que ése era el nombre adecuado.

Sin embargo, lo que Manolo no se le había llegado a ocurrir es que el simple hecho de que su bar se llamara así había convertido el cambio de régimen en Estados Unidos, por primera vez en décadas, ya no sólo en algo factible, sino más bien en un acontecimiento del todo inevitable, en una predicción científica con un margen de error inferior al cero por ciento.

La suerte estaba echada. Pues aunque el chiste no tenía demasiada gracia, la realidad es que razón no le faltaba en absoluto. Desde hacía más de un siglo, en todos los países americanos se habían sucedido continuamente golpes de Estado organizados por Estados Unidos contra gobiernos democráticamente electos, siendo el único país en el que no había sucedido ninguno precisamente Estados Unidos. Y la explicación era, como decía Chávez, que en los Estados Unidos no había embajada de los Estados Unidos. Pero ahora, gracias a Dios y a Manolo, y al genial plan de Obama Daitorio, no existía sólo una, sino una verdadera cadena nacional de embajadas, centenares de embajadas americanas repartidas por todo el territorio de Estados Unidos. Así que el golpe era sólo una cuestión de segundos.

Y fue el propio Obama Daitorio el encargado de ejecutarlo. Él mismo se desplazó un martes por la mañana al Aguas Manolo de su barrio, pidió un carajillo del tiempo, un tercio, y medio bocadillo de tortilla, y le preguntó al Manolo yanqui que se encargaba de aquel local si podía utilizar el verde teléfono de monedillas. Desde ese teléfono que nadie había utilizado en siglos, que estaba lleno de telarañas y que por supuesto se quedaba siempre el cambio, Obama Daitorio llamó al jefe del Estado Mayor de Estados Unidos y le ordenó que esa noche secuestrara al Presidente Obama Daitorio, que lo sacara de su casa en pijama y que lo trasladara por la fuerza a Nicaragua.

El Golpe fue condenado por la mayoría de los países del mundo, incluyendo a la administración Obama, quien sin embargo no hizo nada por restablecer el orden constitucional y se dedicó a apoyar a los golpistas bajo cuerda mientras se prodigaba en declaraciones ambivalentes y contradictorias. Ello provocó, tal como esperaba el Presidente, una espectacular respuesta a nivel nacional por parte de los ciudadanos americanos, que estaban ya hartos de tantos años de mentiras continuas a los que se añadía ahora el peso de la crisis sobre sus espaldas y la indignación por el hecho de que el fenómeno Obama no fuera sino otro más de los continuos fraudes políticos a los que habían sido sometidos. Además, les habían comido tanto la cabeza con la propaganda sobre la democracia, y con el cuento de que eran un país especal, que no podían tolerar un golpe de estado en su propio territorio, y por ello pedían a Obama Daitorio más determinación contra Obama Daitorio y que apoyara de una vez la restitución de Obama Daitorio, el presidente democráticamente electo por una abrumadora mayoría de norteamericanos.

Manifestaciones multitudinarias, sin precedentes en el país de las barras y las estrellas, se extendieron desde los nucleos urbanos más grandes hasta paralizar la nación, y, por ende, a todo el planeta. El gobierno reaccionó con contundencia, encarcelando a miles de manifestantes y declarando el toque de queda. Pero esa represión, en vez de apaciguar las protestas, tuvo el efecto contrario: el de acrecentarlas y radicalizarlas. Así que ahora los manifestantes ya no le pedían sñolo a Obama Daitorio la mera restitución de Obama Daitorio y el procesamiento de Obama Daitorio, sino que también exigían la dimisión de todos los senadores, la abolición del sistema en sí y que éste fuera cambiado desde aquel mismo momento por un régimen chavista y fundamentalista parecido al de Corea del Norte, pero con Fidel Castro como presidente honorífico y vitalicio. Por fin se abría una ventana de esperanza en los Estados, y el país se liberaba del yugo de la banca sionista después de largas décadas de tiranía.

Como esperaba Obama Daitorio, el golpe no tardó en llevarse por delante al Multimillonario Máximo, el máximo responsable mundial del crimen organizado y de la lucha contra la paz y democracia. Pues Emamens había sido ya identificado por los revolucionarios en una fase temprana del proceso, quedando en arresto domiciliario en un edificio rascacielos de oficinas de Nueva York que llevaba su propio nombre, sin que el nuevo gobierno pro-ruso y fundamentalista chií que se había instalado en Washington supiera qué hacer con él; si llevarlo a juicio, obligarle a que se exiliara, o arrojarlo directamente al río Hudson. La mayoría de los lacayos del Multimillonario Máximo, incluyendo a varios premios Nóbel de la Paz, habían sido también arrestados y permanecían bajo custodia a la espera de ser juzgados, mientras que otros habían consegido huir al Reino Unido, Israel o Colombia, los únicos países que seguían reconociendo al antiguo régimen. En cuanto al Príncipe de la Tinieblas, el malvado Darth Maul, murió por casualidad ese día. Todos sus sueños de conseguir el poder mundial, alcanzar la inmortalidad, y convertirse así en un dios él mismo, sueños por los que había peleado con tanto tesón desde niño, y a los que había dedicado buena parte de su juventud, quedaban así perdidos en el olvido.

Justo ahora que tenía planeado acabar con el propio Multimillonario Máximo para quedarse para uso exclusivo con la fórmula de la Inmortalidad que su superejército de científicos clandestino estaba a punto de descubrir. Ocurrió el día en que, tras introducirle con éxito unos implantes montruosos recién inventados, su médico le había dicho que ya estaba curado y podía que salir a su propio pie a la calle a hacer el mal todo lo que le diera la gana. Al final había resultado que su enfermedad era un simple tumor benigno, que no hubiera supuesto ni siquiera una molestia a una persona normal, pero que al surgir en el interior de alguien tan maligno como el Príncipe, cuyo interior era puro cáncer capitalista exaltado, le había provocado una reacción adversa y casi mortal que ningún médico no cubano había podido entender durante años. Al final el Doctor Candel sólo lo había conseguido curar in extremis induciendo tumores malignos que devoraran al tumor original bondadoso.

Así, el destino de ese hombre malvado se zanjó de manera absurda cuando habiéndose curado de su enfermedad, y contento como un chiquillo, nada más salir del hospital, pisó una cáscara de plátano y cayó al suelo, abriéndose la cabeza en dos y surgiendo de ésta pequeños arcos rojos que palpitaban suavemente en el alegre sol de la mañana

El único de la cuadrilla del mal que había tenido tiempo para ponerse a buen recaudo era el sobrino de Obama Daitorio, Julien Sorel Skywalker Peris, que controlaba todas las comunicaciones y que había sido consciente en todo momento de los ingeniosos movimientos de Obama Daitorio.

De hecho, todo estaba le saliendo a Skywalker tal como lo había planeado, desde el momento en que había sido cooptado por el Príncipe de las Tinieblas para ingresar en en su grupo de Caballeros Oscuros que aspiraban a la dominación mundial. Haciendo gala de una maldad sin límites, había conseguido después el puesto en el cargo de Presidente verdadero, que entrañaba a su vez la supervisión del presidente tapadera, sustituyendo en esa función al Príncipe de las Tinieblas al que él mismo había envenenado introduciendo en secreto en su organismo una célula de bien, solidaridad, justicia y socialismo. Al quitarse de encima ese rival, toda su estrategia para con el Obama Daitorio había consistido de una consigna muy simple y muy clara: sacarlo de quicio tanto como fuera posible.

Obligarle a renunciar una y otra vez a sus ideales y a llevar a cabo una política ultraderechista más estúpida que la del propio Bush. Sacarlo de los nervios hasta que no aguantara más y viera que el problema no era un partido u otro, o esta persona o aquella, sino la propia corrupción y avaricia de poder del sistema capitalista. Desde el primer momento Anakin Sorel sabía que, si le hacía sentir verdadera rabia, como la que había sentido él tras el ataque terrorista de Egipto, Obama Daitorio se revelaría contra el mundo. Y siendo en el fondo un ser de profunda inteligencia y de grandes convicciones morales, sin duda encontraría la manera de enfrentarse abiertamente al sistema y, con la ayuda de Anakin, si hiciera falta, cambiarlo.

De hecho, años después de la Revolución, cuando los dos se pudieron reencontrar en persona, precisamente en Egipto,rememoraron la jugada desde todos los ángulos y las perspectivas posibles, y Obama Daitorio felicitó con sinceridad, admiración y agradecimiento, el genial movimiento ajedrecístico de Skywalker Peris, volviéndole a llamar sobrino, aunqur en esta ocasión lo dijera en broma y con cariño.

Fue en el último momento de su ataque terrorista contra los tres de las Azores cuando Anakin Skywalker Julien Sorel Peris había caído por fin en la cuenta de que no se podía vencer a un Imperio entero si no se hacía desde dentro. Se había visto en el dilema de tener que matar a pesonas que en el fondo eran tan inocentes como cualquiera. Eran productos industriales que se podían crear en un laboratorio, igual que el Makudo y al contrario que el establecimiento Aguas Manolo. El sistema podía producir en masa cientos de presidentes como Aznar, Zapatero o Berlusconi cada año, pero no un verdadero líder. Los líderes verdaderos, con profundidad intelectual y Fuerza, del estilo de Chávez, Evo Morales o Correa; hombres capaces de inspirar a un Pueblo entero para cambiar un país en poco tiempo, de esos salía uno cada cien años, fruto del azar, de la rabia, del estudio, quién lo supiera. Sólo le quedaba que meterse en el núcleo central de la maquina, en el sistema operativo de la bestia, y reconfigurarlo con la ayuda del pueblo.

También el propio Multimillonario Máximo le reconoció a Anakin su jugada genial. Skywalker acudió a despedirse de él definitivamente cuando éste se encontraba en arresto domiciliario en su propio rascata. Para tenderle la trampa de las Azores, él y el Príncipe habían tenido que cambiar años antes el resultado de las elecciones americanas haciendo que fuera elegido un individuo que siempre gustaba de llevar armas encima. Pero Sorel se había ido dado cuenta conforme se acercaba el momento clave de que los fallos en la seguridad del evento no podían sino ser intencionados, y de que si desde hacía un tiempo habían dejado de intentar asesinarle era porque le querían vivo. Sin duda querían reclutarle para trabajar por el sistema, igual que habían hecho en el pasado con tantos combatientes árabes, asiáticos y latinoamericanos, muchos de ellos amigos suyos. Sabía queen aquella desolada noche en el hospital del Cairo no habían ido a matarle, sino a secuestrarle o a atemorizarle. Y ello indicaba que tenían a Ryori también. De hecho, fue parte del acuerdo desde el principio. Ryori sería mantenida con vida mientras Anakin Peris trabajara para él. Y Anakin renunciaría a todo intento por recuperarla y se comprometaría a hacer el mal eternamente y a colaborar en la consecución de los intereses del Bilderberg.

El problema es que el Multimillonario Máximo, cada vez más preocupado de conseguir la Fórmula, no había sido capaz de ver la traición que se le venía encima. Por eso, cuando encarcelado en su propio despacho, Anakin se acercó a visitarlo, todavía pensaba que nuestro héroe se hallaba a sus ódenes y que había venido a rescaterle, a explicarle la situación y a ayudarle a revertirla. Pero entonces Skywalker, con una afable sonrisa de resignación, imitó el movimiento mediante el cual Bush le había disparado a él, años antes, en las Azores. Aunque esta vez, sin apretar el gatillo. Y Emamens entendió perfectamente el mensaje, y se hizo una idea de la irreversibilidad de su derrota y de la manera en que ésta había sido materializada.

Durante tantos años, se había sentido tan orgulloso de la jugada mediante la cual había conseguido hacerle pasar a su lado, que no se le había ocurrido pensar que se podía tratar de un gambito de su oponente. Se había emborrachado de victoria, igual que le había ocurrido a las élites en general al opinar que cla caída de la Unión Soviética significaba la victoria definitiva del capitalismo. La derrota del Multimillonario Máximo ocurría justo ahora que sus científicos a sueldo estaban a punto de descubrir la fórmula de la Inomrtalidad, y que empezaba a implementar su plan para erradicar a un gran parte de la raza humana, esos “estómagos hambrientos” que tanto poder y recursos le habían robado. Pero al fin y al cabo, él era un ser humano también, aunque por mucho tiempo se hubiera sentido amo y señor del universo. Y en aquel instante sintió una gran admiración por su oponente, la misma que en tiempos antiguos le había llevado a perseguirle por toda Europa, Oriente Medio y Sudamérica con el objetivo de capturar su alma.

La suerte estába echada. E incluso sin arma alguna apuntándole a la cabeza podía comprender perfectamente que había perdido. Sólo puso una condición a Skywalker a cambio de la liberación de Ryori. Y enseguida, mediante una sola llamada de teléfono, hizo que ésta fuera liberada y que al fin pudiera salir del lugar en el que la había tenido tantos años secuestrada.Al rato pudieron por fin hablar Julien y ella por teléfono. Ella le confirmó que estaba bien, que le había esperándole todo este tiempo y que sabía que tardo o temprano encontraría la manera de salvarla.

Aunque las lágrimas que le bañaban ahora el rostro eran más de alegría que de rabia, Julien Sorel Anakin Skywalker Peris decidió que la mejor venganza que podría comenter en ese momento era dejar de cumplir de su parte del trato.

No asesinaría al “Príncipe de las Tinieblas”. Un ser tan abyecto no merecía esa recompensa, morir antes de mirar a los ojos de sus víctimas. Anakin además tenía prisa por reencontrarse con su esposa. “No hay castigo más justo a tu vileza que el ser juzgado por esos estómagos hambrientos que tanto odias.”Eso le dijo, y enseguida el Héroe ya estaba corriendo rascacielos abajo. Sería por lo tanto un tribunal chavista el que decidiría la suerte de ese enfermo mental.

Anakin, por su parte, había decidido abandonar para siempre la lucha política. Ya había colaborado en la parte más difícil, empujando al pueblo hacia su propia liberación. Y si se mantenía en el proceso, puede que él mismo se convirtiera en el futuro en uno de los miembros del futuro gobierno. Pero él no tenía nada de gestor, en el fondo no era sino un simple chico egipcio al que le gusaba cazar lagartijas. Quizás fuera el propio Daitorio, ese sí que servía, a la vista de la que acababa de montar. O puede que otro líder surgido espontáneamente del pueblo durante el proceso revolucionario.

Mientras se dirigia al lugar de encuentro con Ryori, le llegó la noticia de que una importante fuerza contrarrevolucionaria, que aglutinaba a decenas de miles de valencianos descontentos desde hace tiempo con el curso de los acontecimientos, se había hecho ya con el control de la Comunitat Valenciana y se dirigía en masa hacia Washington para intentar volver a colocar un gobierno anti egicpio en la Casa Blanca. Esa fuerza había sido al parecer organizada por una coalición de ex dirigentes zaplanistas apoyados por una inmensa cantidad de ciudadanos normales y por un la gran mayoría de los falleros de la ciudad; todos ellos unidos en oposición a la nueva realidad valenciana, de la cual culpaban Zapatero y a los extremistas de El Cairo. Habían aprovechado el fácil acceso a grandes cantidades de explosivos por parte de los falleros para organizar y armar grupos militares con los que organizar un levantamiento popular enfrentarse al gobierno.

Skywalker legó por fin a la puerta de la cárcel, donde tras tantos años se encontró con Ryori y lloró pegando su rostro al de ella. Por el contrario, ella se encontraba alegre y tranquila. Dijo que se había hecho amiga de los carceleros al contarles su historia, lo que había hecho que se enternecieran y que la trataran desde el primer día con gran atención y cariño. Ella le agarró del brazo y le hizo echar a caminar hacia el centro, como si se tratara de una cita normal, como cuando quedaban para pasear después de clase por barrio antiguo de El Cairo.

Afuera, la ciudad de Washington había sido tomada por los paramilitares falleros y por el resto del pueblo valenciano, que marchaba sobre el capitolio para exigir el retorno de un gobierno reaccionario. Los valencianos, amantes del ruido como nadie, conseguían con gran efectividad ir provocando el caos por donde pasaban, lanzando petardos y fuegos artificiales, cantando canciones regionalistas, destruyendo o prendiendo fuego a todo lo que desde su punto de vista oliera a egipcio. Portaban con ellas pancartas con consignas como “!Viva Zaplana!”, ”Exigim el trasvasament”,”Sanidad pública de pago”,”Sí a la destrucció del Patrimonio” !Más especulación!””Volem corrupció!” y”No mos fareu egipcis”. En la cabezera de la manifestación iban encapuchados varios de los máximos dirigentes zaplanistas de la Generalitat de antes de la crisis.

Al salir del módulo especial de la cárcel donde los delincuentes de corbata y traje eran sometidos a atenciones dignas de las que recibían algunos jefes de Estado, los ojos de Skywalker se cruzaron con los de uno de los cabecillas encapuchados de la mani, que al parecer formaba parte de un pequeño grupo de fieles que se habían separado de la marcha principal. Su objetivo era asaltar la cárcel y sacar al President de la Generalitat para que formara un nuevo gobierno, de orientación zaplanista, que devolviera a la Comunitat a sus tiempos de esplendor, trayendo a la Comunitat agua, la Formula U, especulación inmobiliaria y la Copa América.

En realidad, el Presidente de la Generalitat había muerto en la cárcel en las últimas horas del disgusto que le había provocado el conocer que al fin los egipcios habían conseguido su objetivo de acabar con la Comunitat y romper España. Pero eso sólo lo sabía el malvado Peris, el Empresario Zaplanista con mayúscula. Y no pensaba permitir que ningún valenciano lo supiera. Pues ya había de hecho vandalizado el zoo para robar un caballo que tenía preparado para que el presidente hiciera su entrada triunfal en la ciudad del Turia, reconquistando la ciudad después de vivo, como el cid en el pasado, entrando precisamente por la Avenida del Cid.

Alguien acababa de gritar: “Mireu, un egipci, mateu-lo!” Y en las milésimas de segundo que le costó a Anakin discernir la identidad de esa mirada que le resultaba tan familiar, otro encapuchado le prodigó sendos disparos que le impactaron en el brazo y en el estómago, haciéndolo caer al suelo al instante. Y aunque rápido se revolvió el valiente joven egipcio contra el agresor, ya era demasiado tarde. Los guardias de seguridad de la cárcel, junto con fuerzas leales al gobierno legítimo, se habían enfrascado en un tiroteo contra los paramilitares zaplanistas. Así que, si bien Anakin estaba en un segundo apuntando de nuevo a su enemigo, comprobó con rabia que no podía disparar, impotente al ver que el encapuchado había cogido a Rie como rehén y huía parapateándose entre la multitud. El villano entonces, llevando consigo a la pobre chica, consiguió subir a un cadillac negro y se escapó sin que Anakin pudiera hacer nada por evitarlo.