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domingo, 7 de septiembre de 2008

TURISTAS IMBÉCILES

Como he estado varios años trabajando en el aeropuerto de Manises, y como tengo también un amigo llamado Terillas que trabaja por las noches en un hotel del centro de Valencia, puedo de primera mano escribir un artículo sobre las distintas clases de turistas imbéciles que acostumbran a visitar mi ciudad. Para quien crea que no se trata de un tema interesante, basta con decir que cada año son cientos los viajeros que llegan a Valencia (España) cuando a donde en realidad querían ir y donde de hecho pensaban que habían aterrizado es en Venecia (Italia). Al llegar al aeropuerto, y pedir información sobre cómo llegar a la ciudad de los canales, es cuando les dicen que se encuentran a varios miles de kilómetros de Italia, y aquí las reacciones son de lo más variado.

Hay quien se pone a llorar directamente y se marcha sin decir nada, y hay también quien protesta con cierto tono de reproche:

-Oiga, haga algo, esto no puede quedar así, tengo el hotel reservado en Venecia, donde he quedado también con unos amigos... me he pasado varios días planeando estas vacaciones, esto no puede terminar así...

Supongo que es normal que, para hablantes de idiomas muy diferentes al nuestro, los nombres de Valencia y Venecia puedan dar lugar a cierta confusión. Pero si yo me fuera a Alemania algún día, a una ciudad que se llamara, por ejemplo, Rothenburg, tendría mucho cuidado y estudiaría el asunto con bastante atención, para no acabar en otra ciudad con nombre parecido como Rothenberg, Rodeburg o algo así.

Aunque también está quien no tiene ni idea de qué es Valencia:

-¿Valencia?, ¿en qué país está?, ah, en España, ¿y en Valencia qué hay?... ¿sí?...bueno, pues me voy a Madrid o a Barcelona...

Me encantaría trabajar algún día en el aeropuerto de Venecia, para poder orientar a los cientos de tarados que seguro que se plantaran allí pensando que iban a la capital del Turia.

-¿Venecia?, ¿y eso en qué país está?, ¿y qué demonios hay en Venecia?... bueno, pues me voy a ir a Milán o a Roma.

Turistas imbéciles hay de todos los países, credos y colores, pero dos nacionalidades destacan sobre todas las demás, los italianos y los anglosajones.

Lo de los italianos no creo que sorprenda a nadie, tratándose de tipos que gastan un modelo de gafas de sol que les tapan casi toda la cara y que han elegido a un delincuente como presidente del gobierno, han llenado los restos de Pompeya de grafitis y son capaces de matar, literalmente, por un partido de fútbol. El 90 por ciento hace invariablemente la misma pregunta (¿Quién les habrá dicho a todos que eso se dice así en español?:

-Puedo tener una mappa?

Frase difícil de traducir pero que podría ser "trasladada" de la siguiente manera:

-Can I have a female map?

Ante lo cual el recepcionista del hotel se ve obligado a contestarles siempre lo siguiente (respuesta oficial):

-Por supuesto. En España el derecho a la propiedad privada está totalmente garantizado por la ley y por las fuerzas del orden, así que la propia Constitución le concede el derecho de tener no sólo uno, !sino todos los mapas que desee! Siempre que no los utilice para conspirar contra la seguridad nacional ni contra la integridad territorial de nuestra joven pero madura democracia...

Otra conducta clásica entre los italianos es aparecer en la ciudad sin reserva en plena Fórmula 1, Fallas, o Feria del Mueble y buscar un hotel que esté bien y sea barato, céntrico y esté cerca de la playa (en una ciudad en la que el casco viejo está a casi 10 kilómetros del mar).

En cuanto a los anglosajones, se caracterizan por entrar en cualquier lugar de la ciudad en el que haya un mostrador (ya sea una oficina de turismo, la recepción de un hotel, o una tienda de ropa), y sin saludar, ni preguntar de qué tipo de tienda se trata, pedir secamente dos cervezas:

-Two beers.

Aunque también existen los que quieren hacerse los simpáticos y presumir de que hablan muy bien español pero como en realidad sólo saben una palabra, te dicen la frase entera en inglés con esa palabra en castellano:

-Can I have a bottle of "vino"?

-May I have a wake up call at "ocho"?

-Are the restaurants on the "playa" still open?

(Frecuentemente su vocabulario español se reduce a dos o tres tipos de bebida o a la serie de números que van del uno al diez. También están los que saben dar los buenos días en italiano, y ya que es lo único que conocen en un idioma extanjero pues lo aprovechan, y cuando entran a un bar en España, saludan orgullosos diciendo: "buongiorno!")

Aunque sin duda eso es menos molesto que oír a un italiano preguntarte algo en inglés y aunque tú le contestas en italiano el tipo no se da cuenta y te sigue contestando a ti en un inglés pésimo en el que no existen las palabras agudas.

Pero el turista más patético del que he sabido nunca fue un tipo australiano que, para escaparse sin pagar de un hotel, bajó la maleta a la calle desde su balcón atándola a una cuerda, y cinco minutos después, a eso de las 6 de la mañana, salió del establecimiento en chanclas y bermudas, con una toalla al hombro, haciendo como si se fuera a la playa, para acto seguido recoger la maleta que había depositado previamente en la acera y largarse disimuladamente, probablemente felicitándose por el éxito de su plan y burlándose para sus adentros de la estupidez del recepcionista nocturno. Un recepcionista nocturno que, sin duda algo molesto por la interrupción de 1 minuto a la que se vio sometido, se limitó a cobrarle la estancia al número de tarjeta que figuraba en la reserva y a continuación siguió escribiendo el artículo para su blog como si nada, un artículo que trataba sobre los diferentes tipos de turistas imbéciles.

lunes, 23 de junio de 2008

NAVARRA

(artículo dedicado a Iz, en agradecimiento por el maravilloso viaje)

Después de un viaje de una semana, acabo de volver de Navarra, país singular y excelente. Antes que nada quiero aclarar que la utilización del término país en este artículo es totalmente intencionada, pues Navarra me ha parecido en muchos aspectos, más que una Comunidad Foral, una verdadera nación en toda regla, e incluso un planeta aparte. No voy a polemizar ahora sobre qué sitios de España tienen un hecho más diferencial que los demás, porque para empezar para mí las distintas comunidades no reflejan las verdaderas divisiones históricas y culturales del territorio. En mi opinión en España existen las siguientes naciones -o regiones, según le guste a cada cual-: la gallega, la cantábrica, la vasca, la afrancesada, la levantina o zaplanúrica, la castellana, la andaluza, la canaria y el distrito federal de Madrid. Aunque por supuesto, esta clasificación no tiene por qué tener mucho sentido. De hecho se me acaba de ocurrir mientras empezaba a escribir este párrafo.

Una de las características principales que me mueven a definir a Navarra como un país en sí mismo, más que cualquier otro trozo de España, es la relación entre sus ciudades más importantes, con una capital indiscutible, una segunda ciudad con mucha más importancia económica y demográfica que las demás, pero a gran distancia de la primera, y una tercera ciudad de escaso tamaño pero con un gran conjunto histórico y con un palacio real. Sin embargo, la principal seña de identidad de Navarra no es esa. Su principal seña es su forma romboidal casi perfecta, que sólo tiene parangón, pero de menor calidad y perfección, en la Región de Murcia, y luego las otras comunitats tienen formas totalmente absurdas e incómodas que dificultan la cohesión territorial, como ocurre la valenciana. ¿Hasta cuando, señor Camps?

En cuanto a política y sociedad, también se trata de una región más hostil que casi todas las demás, empezando también por la Comunidad gobernada por especuladores y marujas. Si bien tengo entendido que Navarra es pionera en tener un gobierno autonómico PP-PSOE, lo cual debe de ser una de las peores torturas que existen, -el equivalente político a irte de vacaciones a Cuba con tu suegra y tu cuñada-, es también una de las pocas que cuenta con presencia más que nula o testimonial de partidos políticos de izquierda. Y aunque si pasamos al terreno cultural de esta absurda comparación entre el planeta valenciano y el navarro, los bous al carrer me parecen más divertidos como deporte que los sanfermines, la actividad lúdica que me parece insuperable es sin duda la del rolling pirenaico, tradición que pese a haber llegado a nuestros días de manera bastante adulterada, sigue sin tener parangón en el mundo entero.

A diferencia de ciertas costumbres valencianas que son absurdas sin ningún motivo, como la de quemar falleras, o la de suprimir las aceras y obligar a los peatones a desplazarse saltando de balcón a balcón, la mayoría de las tradiciones vascas tienen un sentido antropológico y reflejan la adaptación de sus usos y costumbres al difícil entorno en el que se desarrolla su cultura. Por ejemplo, la tradición que acabo de mencionar, que consiste en lanzarse rodando a gran velocidad montaña abajo para llegar en una sola etapa desde los Pirineos hasta el levante peninsular, se nos antoja a simple vista de lo más estúpido, pero cobra absoluto sentido al considerar las difíciles condiciones de vida de los pueblos del Pirineo navarro. Sometidos a un clima hostil, a una orografía adversa y a una existencia espartana, los vascos de la antigüedad cumplían mediante esta costumbre la tradición de morir en el fértil y agradable Mediterráneo, región en el que su mitología ubicaba el Paraíso. Pues como eran pueblos pobres y atrasados que además apenas contaban con medios de transporte excepto el de la combinación entre la gravedad y la singular resistencia de sus habitantes, éstos, cuando sentían que su vida debía tocar a su fin, para ahorrar recursos a la sanidad pública y perecer en un lugar más placentero, se lanzaban rodando desde las montañas hasta llegar a alguno de los grandes ríos que atraviesan la península ibérica. Aunque la mayoría de las veces, llegados a este punto, ya estaban muertos, la inercia adquirida tras descender a tal velocidad por pendientes tan abruptas resultaba suficiente para seguir rodando por el valle (normalmente el del Ebro, pero a veces los más rápidos alcanzaban incluso el del Palancia desde donde continuaban hasta Sagunto), de manera que, después de ese largo viaje, sus restos mortales alcanzaban siempre la costa mediterránea, donde caían directamente al mar y por fin podían descansar en paz.

Si bien el deporte nacional después de los toros, la pelota, los pinchos y el sueling goza de gran aceptación hoy en día entre la juventud y entre los turistas extranjeros -que se trasladan en masa a Navarra atraídos por la promesa de bebida barata, pinchos de calidad y rolling extremo- la verdad es que ha llegado a los tiempos modernos bastante desvirtuado, pues en la actualidad no se practica como forma de suicidio sino como un mero deporte de aventura más, sujeto a grandes limitaciones, directivas europeas y medidas de seguridad variadas como la obligatoriedad de llevar casco u otras protecciones de lo más aparatoso, que recuerdan a las que emplean los jugadores de rugby. Y por si eso fuera poco, ya no se atraviesa media península como antes, sino que el descenso queda limitado una sola montaña de tamaño pequeño o mediano, o a una distancia mayor pero dividida en etapas pequeñas.

Incluso la alta cocina navarra, que destaca por su innovación y por su calidad, está inspirada en costumbres tribales. En mi reciente viaje he tenido el placer de contar con una guía local que gracias a sus contactos privilegiados nos consiguió reserva en el muy solicitado restaurante de Goldaratz, uno de los más populares de Navarra, donde hay lista de espera de un año para comer porque se sirven grandes dosis de comida de calidad a un precio ridículo. Lo que no sabía yo de ese restaurante es que carece de carta, pues el menú es fijo aunque suele variar un poco cada día, y que la comida -por cierto, de una calidad verdaderamente increíble-, no viene servida en platos, sino que que los camareros la lanzan directamente en grandes cantidades desde la cocina a la mesa, y además siempre la lanzan con una hostilidad realmente enojosa, apuntando con mailicia a la cabeza del comensal. De hecho, el uso de casco es obligatorio en este local, pues las chuletitas, aún siendo de lechal, alcanzan tal velocidad que podrían ser causa de grandes lesiones, de hecho en el pasado hubo gente que perdió incluso un ojo en este restaurante, así que el casco reglamentario es parecido al que se emplea para practicar el rolling pirenaico. Al acceder al restaurante, una simpática azafata te lo proporciona, si es que no traes el tuyo propio de casa.

Para finalizar, hay que reseñar también el impresionante patrimonio cultural con el que cuenta Nafarroa, muy superior incluso al de naciones con el triple de población, pues cuenta con más de quince conjuntos históricos de obligada visita turística, sin olvidar la casi ilimitada cantidad de localidades que, aunque no cuentan con monumentos propiamente dichos, resultan también atractivos y pintorescos, destacando la belleza de los pueblos del Pirineo navarro, la mayoría de los cuales parecen pueblos suizos. Por no hablar de los innumerables monasterios, castillos, iglesias románicas y ermitas que no están en ninguna localidad sino que se encuentran desperdigados por las montañas y por los valles. Pese a su notable variedad de monumentos y estilos, de Navarra llama la atención la calidad y la cantidad de iglesias románicas y góticas; ello se debe a que Zapatero se está llevando las iglesias de la Comunitat para dárselas a los catalanes y a los vascos, porque Zapatero odia a Valencia y prefiere darle a ellos nuestras mejores templos, y eso aunque a los navarros les sobren las iglesias románicas hasta el punto que todos los años tiran al mar bastantes de ellas porque no les hacen falta, y sin embargo no nos las quieren traer a la Comunitat.

jueves, 29 de mayo de 2008

LOS RECRES DE MOLINA DE ARAGÓN

Después de pasarme toda la vida buscando, y de visitar decenas de pueblos y ciudades históricos -Morella, Teruel, Ávila, Segovia, Santiago, Cuenca, Játiva, Salamanca y muchos más-, al fin he encontrado la quintaesencia del alma española materializada en un pueblo. Un pueblo, dicho sea de paso, que es a la vez monumental y no turístico; rústico y barriobajero al mismo tiempo. Y no sólo por la mezcla caótica de edificios y estilos. En Molina, como en otras ciudades españolas antiguas, no falta el clásico bloque de apartamentos de ocho pisos, de ladrillo y hormigón, despuntando entre casas rústicas de piedra en mitad del centro histórico; ni el típico colegio cuyo diseño exterior parece copiado de alguna cárcel de película yanqui de los 80; ni parques con columpios cuyas estrías oxidadas podrían mutilar al propio Tarzán; ni el peor puente moderno de la historia a escasos metros del mejor puente románico de la historia. Todo eso está bien representado en Molina, por supuesto, pero por algún extraño motivo no envilece a esta ciudad como a tantas otras, sino que le confiere un toque de dramatismo y humanidad, por la combinación de esperpentos de esta calaña no con edificios perfectamente restaurados, sino con monumentos en verdadero estado de olvido, y con arquitectura auténticamente popular y humilde.

Pues lo que no hay en Molina son museos prefabricados dedicados a cosas absurdas, ni tiendas de suvenirs, ni mesones "típicos" sólo para turistas, ni guías audiovisuales, ni miradores, ni rutas "enológicas", ni ruinas rehabilitadas para que "dialoguen con el entorno"; hay bares de abuelos, vecinos que dejan la puerta de su casa abierta, trozos de una muralla del siglo XII derribados para hacer una carretera, inmensos postes de alta tensión junto a un castillo, pintadas nazis en zonas históricas y furgonetas aparcadas en la puerta de cada monumento. En algunos aspectos es una ciudad normal, en otros da la impresión de haberse detenido en los años 80, en otros en el siglo XIX y en otros directamente en la prehistoria.

Hay que decir que Molina de Aragón debe de ser una de las localidades españolas con más edificios históricos por metro cuadrado. Pero ya desde que se empieza a planear la visita a esta localidad encontramos cosas raras. No hay casi información en internet sobre el pueblo, y la web de información turística del ayuntamiento es una de las páginas más caóticas y peor estructuradas de la historia. De hecho, una vez llegamos a la ciudad nos damos cuenta de que la señalización de la mayor parte de los monumentos y de las rutas brilla por su ausencia, y lo que es peor: casi todos los edificios interesantes se hayan en ruinas o o cerrados a cal y canto, sin que en ningún sitio se indique el horario de visitas. Existe un museo con una web que ni siquiera especifica cuándo está abierto ese museo. Y el horario de entrada a la fortaleza, una de las más impresionantes de España, es si le da la gana en ese momento a la persona que está en la oficina de turismo te abre el castillo, y si no te gusta, te fastidias. Además, en esa misma oficina de turismo, te dan un mapa turístico en el que la mitad de los monumentos del pueblo ni siquiera están.

En cualquier ciudad pintoresca de características similares a Molina hay decenas de restaurantes presuntamente "típicos", ubicados en casas rústicas restauradas, con camareras colombianas, que ofrecen diversas combinaciones de menús turísticos y de degustación; si son pueblos de montaña como Molina, esos menús incluyen las clásicas variedades locales de animal muerto tipo ternasco, lechazo, lechón, cabritillo, cochinillo y demás carnaza; si se trata de sitios históricos pero de playa el menú incluirá paelladas, mariscadas, sangriadas y todas esas mierdas. Pero no en Molina de Aragón, que como en otras cosas, es en esto la excepción más radical. Molina es infinitamente superior a todos esos sitios pretendidamente rústicos y auténticos porque se dedica casi exclusivamente al negocio de hostelería más verdaderamente español: el bar de abuelos. Bares típicos de quinto con tapa gratis, sin papeleras ni ceniceros, donde la gente tira directamente al suelo los huesos de la carne, las servilletas, las colillas y los escupitajos.

En un principio creo que incluso nos sorprendió que al entrar en cada bar los viejos interrumpieran sus partidas de dominó para examinarnos de arriba a abajo, como si no hubieran visto una japonesa en su vida, igual que los niños en la calle gritaban: "!chinita, chinita!". En uno de esos bares, el clásico señor español y españolista de bar estaba lanzando una diatriba en contra de la inmigración y de los extranjeros, mientras yo miraba a mi novia y me moría de risa. Entonces uno de sus compañeros le avisó de la situación, así que el señor antiinmigración, totalmente borracho, se disculpó ante mi novia más de cien veces en tono quejoso, mientras explicaba que no era contra ella sino contra otra gente "mala", e incluso nos ofreció las llaves de su casa y nos dijo que estaría abierta para nosotros si teníamos algún problema, y finalmente nos pagó lo que habíamos consumido y nos invitó a una ronda más, una cosa que yo pensaba que sólo se producía en las películas. !Viva Molina de Aragón!

Personalmente opino que este tipo de personas representa la esencia española por encima de cualquier estereotipo. Personas de sentimientos buenos e intenciones honestas pero que frecuentemente terminan confunidendo al agresor, y que por cuestiones tan españolas como la raza, la nación, el orgullo, o el sentido del honor, acaban despellejándose entre ellas, o contra oponentes de esencia igual de humilde que la suya, mientras otros, refugiados en sus palacios o chalets feudales, continúan enriqueciéndose, como decía Cernuda, con el trabajo ajeno, y también con su sangre.

Pero volviendo al pueblo, sin duda lo mejor de Molina, el principal atractivo turístico por encima incluso del castillo y de la iglesia románica, es que la ciudad todavía cuenta, en una de las calles empedradas del centro histórico !con unos recres! Es verdad que en muchas ciudades españolas todavía existen algunos, pero se trata de sitios de diseño ubicados en lugares ultrapijos de estilo yanqui como centros comerciales, salas multicine, boleras, parques temáticos, etc., y los juegos que hay ahora son la mayoría de meterse dentro de una moto y conducir, o de chutar una pelota atada a una cuerda o cosas así. Los recreativos de Molina son los clásicos de los 80, ubicados en un local oscuro y mugriento al que acuden rudos grupos de preadolescentes a armar gresca y jugar al futbolín, y en el que todavía se puede jugar, con una moneda de 20 céntimos -precio incluso más barato que el de aquella época ajustándolo a la inflación y al aumento de los salarios- a clásicos como el Super Pang, el Tetris y el insuperable Ghost´n´Goblins.

Los niños de los 80, a diferencia de la apática generación de la Play Station, aprendimos la realidad de la calle y la hostilidad de la vida en ese tipo de tugurios en el que siempre había un grupo de bakalas fumando porros, un gitanito que nos pedía una moneda, un listillo que nos ofrecía pasarnos de nivel, y un tipo que nunca tenía pasta y que se pasaba la tarde mirando las partidas de los demás y taladrándote con mil trucos y explicaciones pese a que nunca había jugado a ninguno de los juegos de los que tanto hablaba. Y qué decir del clásico viejo arisco que regentaba el garito y daba cambio, y vendía gominolas y cigarrillos sueltos a los niños -ah, la libertad de los salvajes años 80-, viejo al que todos llamaban "jefe".

Desafortunadamente, los recres de Molina están en peligro de desaparición. "El jefe" me dijo que estaba esperando a que vinieran a llevárselos porque a la juventud de hoy ya no le molaba jugar y que sólo el futbolín daba dinero. Aún así, es un hecho extraordinario que esos recres vayan a desaparecer en pleno 2008, más de 10 años después de que desaparecieran los recres de las otras ciudades españolas.

Si por mi fuera, yo los declararía patrimonio de la Humanidad, a fin de que la UNESCO le pagara dinero al "jefe" para que no los cerrara nunca, aunque la gente no jugara. Y declararía también Patrimonio a la ciudad entera de Molina, incluyendo no sólo los monumentos, sino también especialmente los bares cutres, para evitar que cerraran y fueran sustituídos por tabernas rústicas de diseño

Y para que no desaparecieran nunca, clonaría a los viejos del dominó, o los disecaría, y a la tipa de la oficina de turismo a la que no le apetecía currar, y a las viejas, y al tipo que diseñó el mapa sin monumentos, y al encargado de cerrar el museo cuando los turistas llegan a la ciudad, y al borracho que estaba en contra de los inmigrantes.




jueves, 14 de febrero de 2008

GUÍA DE VIAJES EXCELENTE

He creado un nuevo blog que es una guía de viajes excelente, incluye informaciones útiles para suelistas y pordioseros que las guías normales no suelen incluír, como los mejores sitios para hacer sueling, dónde comprar chela fresca para llevar, actividades culturales gratuitas, etc. Si seguimos los consejos de otras guías turísticas, acabamos gastándonos más de 200€ al día porque sólo recomiendan hoteles y restaurantes caros y lugares tópicos; si por ejemplo cierto monumento está muy bien desde fuera pero te cobran por entrar y no vale la pena te lo decimos claramente, esta guía no se nutre como las demás de publicidad encubierta, sólo queremos contarte lo que nos hubiera gustado saber antes de visitar cada ciudad pero no hubo ninguna guía que nos lo dijera; además, al ser una guía tipo blog, todo el mundo puede añadir sus comentarios, que serán tenidos en cuenta a la hora de ir modificando las entradas para dar una información más precisa de cada sitio.

He empezado con Valencia que es la ciudad que más conozco y la iré actualizando tal como me vaya viniendo en gana con otras ciudades; puede que tarde dos días en añadir la siguiente o puede que tarde 6 meses. Si queréis que añada alguna ciudad, sólo tenéis que enviarme el texto, siguiendo el mismo formato que yo he utilizado, y os lo publicaré después de corregir las faltas de ortografía y el estilo. Para visitar la guía, pincha aquí.

viernes, 11 de enero de 2008

TÚNEZ, PAÍS EXCELENTE

Tunicia es un país excelente, pues pese a su reducido tamaño atesora grandes tesoros artísticos de épocas y estilos variopintos: mezquitas, catedrales francesas, fortalezas medievales españolas, bazares, pueblos blancos que recuerdan a Andalucía, ciudadelas antiguas, cuevas bereberes todavía habitadas, ruinas romanas. Las ruinas romanas incluyen varios teatros y templos bien conservados e incluso ciudades míticas como Cartago, pero entre todos los restos romanos destaca el coliseo de el Djem, con capacidad para 30.000 espectadores, utilizado para rodar Gladiator y conservado actualmente en un estado magnífico.

La gente es muy amigable, e incluso en los hoteles de lujo te tratan de forma directa y simpática, tomándose confianzas enseguida pero sin faltas de educación. Además, les gusta hablar con los extranjeros y se comunican bien en francés y en italiano. No hay apenas peligro de atentado terrorista, ni se nota que exista delincuencia en las ciudades. Si te pierdes por las intrincadas calles, siempre surge algún niño dispuesto a acompañarte hasta el punto de referencia más cercano. El transporte público, aunque algo lento, es bastante puntual y barato, te puedes recorrer el país en tren por un puñado de euros.

Pese a que se trata de una dictadura, Tuinicia no es un país integrista sino que tiene una forma de organización laica que permite casi la misma liberalidad de costumbres que en Europa, viéndose muchas mujeres pirulando por la calle sin pañuelo, sobretodo las más jóvenes. Los habitantes del país son bastante guapos, con mucha mezla de rasgos y razas. No se trata en absoluto de un país pobre, a mi me recordó en muchas ocasiones la España de principios de los 80, que en bastantes apartados era mejor a la España de ahora.

Los precios son irrisorios. Si cenas en un restaurante italiano elegante y de calidad, pidiendo dos platos de la carta y postre y vino, el precio es de 12 o 15€; el mismo restaurante en España te costaría de 30 para arriba. En un bar normal revientas por menos de 10€, aunque si le pides la cuenta al camarero te la garabatea con bolígrafo en el mantel y siempre intenta colarte un par de bebidas de más. La comida es excelente, combinando especialidades locales con influencia de las cocinas italiana, francesa, turca, marroquí y árabe. La cerveza es relativamente fácil de encontrar pese a tratarse de un país musulmán.

Se venden packs desde España por menos de 250€ en temporada baja incluyendo el vuelo, el translado al hotel, estancia de una semana en un 3 o 4 estrellas con enorme piscina, y papeo en media pensión de buffet libre. Aún así, hay un montón de imbéciles en España que optan por gastarse el doble e irse a Ibiza, Tenerife o Benidorm.

Uno de mis lugares preferidos en Túnez por su originalidad es Cartago. A diferencia de otros importes yacimientos arqueológicos, hoy en día hay en ese lugar una urbanización de chalets parecida a la que hay alrededor de cualquier lugar de España, pero no una de esas urbanizaciones monstruosos con miles de adosados iguales unos a otros, sino de esas con chalets antiguos y singulares que se levantaron en nuestro país en los años 60 y 70. Además, la urbanización se encuentra junto al mar, y entre las casas hay hermosas colinas con frondosos bosques mediterráneos.

Pero lo mejor es que en varios puntos de esa urbanización hay algunos importantes monumentos dispersos aquí y allá. Uno va pirulando por una calle en la que sólo ve chalets a la europea y de repente dobla una esquina y se encuentra un impresionante anfiteatro romano en estupendo estado de conservación; sigue andando otra vez entre más chalets y junto a un club de tenis vislumbra una mezquita; sube de repente una colina llena de pinos y cuando llega a la cima descubre por sorpresa una hermosa catedral que construyeron los franceses en la época colonial, o unos baños árabes de época medieval, o los restos de una ciudad romana.

Cartago es metáfora y resumen perfecto de Túnez, que a su vez lo es también de toda la cultura mediterránea. Pues no hay país mediterráneo que sintetice mejor nuestra historia. En definitiva, mucho mejor que Marbella o Benidorm, y también menos hostil y más barato.

miércoles, 26 de diciembre de 2007

DIAGONAL SECRETA QUE ENLAZA VALENCIA CON PAMPLONA EN 40 MINUTOS CAMINANDO


Hay una forma de ir a Pamplona desde la Comunitat Valenciana que es sumamente rápida y económica porque se puede hacer en unos 40 minutos andando, aunque la ruta no empieza en Valencia sino en Sagunto, ciudad histórica con restos arqueológicos romanos a unos 30 kilómetros de la capital del Turia, lo cual no es un problema porque también hay un camino desde Valencia a Sagunto en dos o tres minutos, así que es muy extraño que todo el mundo que se desplaza desde Valencia hasta Navarra y el País Vasco lo haga en bus, en tren o en avión, cuando hay una conexión excelente que además es obvia, si piensas un poco, pero nadie todavía se ha dado cuenta.


Además, la ruta discurre entre agradables montañas y es un paisaje muy placentero. Se va andando por una carretera local de un solo carril por la que nunca pasa ningún coche; el único lugar feo de todo el camino es el pueblo de Buñol, sucio y contaminado; pero está escondido entre dos montañas y apenas se ve.


El camino que sale de Sagunto da directamente a una calle del centro de Pamplona que atraviesa la catedral. El centro histórico de Pamplona es espectacular, pues aunque no sea muy grande, todas sus calles y edificios, incluyendo la hermosa catedral, y varias iglesias, y también las casas viejas de piedra, están dentro de un mismo edificio, una especie de centro comercial bajo cuyos techos encontramos todas las calles antiguas de Pamplona y varios supermercados de la marca Mercadona


Cuando sales de ese edificio que contiene el centro histórico, ya sólo encontramos barrios modernos, bastante feos, pero sigue siendo espectacular porque Pamplona está situada en una profunda depresión entre dos de las montañas más altas del Pirineo, así que las vistas son excelentes. Además, esas montañas están surcadas por cuevas inmensas con enormes estalactitas y estalagmitas que se ven en todo momento desde las calles del centro de la ciudad; la mayoría de esas cuevas son incluso más grandes que la propia Pamplona, así que resultan espectaculares porque parecen que vayan a comerse a la capital de Navarra

sábado, 22 de diciembre de 2007

LOS PUEBLOS MÁS HERMOSOS DE LA TIERRA

La semana pasada tuve un sueño visionario en el que se me reveló la existencia de ciertos pueblos turcos de la Capadocia, los pueblos más hermosos de la tierra, en los que todavía hoy en día se conservan multitud de viviendas excavadas en la roca, que se funden perfectamente con la obra humana en el paisaje y que están habitadas por trogloditas inmortales como en el relato de Borges.

Puesto que soy millonario, ya que, aunque no trabajo demasiado, ahorro muchísimo dinero porque vivo en una caja y por lo tanto no pago alquiler, saqué un pasaje Valencia-Milán-Tokio, y desde Tokio volé a Saporo, y luego en un velero viajé hasta Vladivostok. Desde allí enlacé con el Transiberiano en un viaje de dos semanas hasta Moscú, y allí un viejo Tupolev me llevó a San Petersburgo. En San Petersburgo subí a un autobus de inmigrantes hasta Constanza, y en el puerto de esta ciudad me metí de polizón en un submarino nuclear ruso que paró en Estambul para repostar. Estambul me sumé a una expedición de beduínos que se dirigían a Capadocia.

Estas son algunas de las fotos de pueblos de la Capadocia que pude tomar. Destacan las viviendas dentro de la roca, con algunos ejemplos de arquitectura excelente, incluso algunas iglesias, y también hay restos romanos de gran calidad. Os recomiendo pinchar en las fotos para verlas en tamaño grande, son aún más espectaculares.

Se trata de los pueblos de Cavusin, Aspendos, Uchizar, Gorerme, Ortahisar y Side.