miércoles, 10 de septiembre de 2008

CUANDO EL EURÍBOR VOLVIÓ A BAJAR EN EL AÑO 2017 (POR CULPA DEL TERILLAS)

Eran tiempos de mierda para las familias y los familios que todavía vivían en la España del año 2017; con el euríbor al 9 por ciento, cada pareja tenía que gastar el 95 por ciento de ambos sueldos combinados para pagar la casa, y el resto servía para comprar productos básicos de supervivencia o para alquilarlos, de hecho ya existía un boyante mercado de papel de vater usado y otro de las sobras de la comida de los ricos, que eran vendidas por la tarde en las plazas mayores de los pueblos e incluso habían surgido franquicias yanquis que explotaban ese mercado.

La jornada laboral era de 65 horas diarias. Eso ocurrió porque los europeos sólo tomaban las calles para celebrar las victorias de sus equipos de fútbol preferidos; de manera que las élites de Bruselas, sorprendidas por la nula contestación ciudadana a la jornada de 65 horas semanales, habían decretado también la jornada de 65 horas diarias. Y dado que era imposible trabajar tantas horas al día, las que faltaban para llegar a la cifra de 65 eran descontadas de las vacaciones de cada trabajador, de manera que éstos se habían convertido en esclavos de las grandes empresas, disponibles 365 días al año por un sueldo cada vez más bajo.

La economía estaba tan arruinada que los bares de tapas que no eran para las élites sólo ofrecían con la cerveza, -incluso en ciudades como Santiago, Granada, o León- una tapa de cuatro o cinco granos de arroz blanco. Ese arroz era cultivado en los campos cibernéticos de una multinacional valenciana operada por robots. Los robots disparaban rayos láser a los harapientos que no podían pagarlo e intentaban sustraerlo para alimentar a sus familias.

Pero la máxima preocupación de los españoles seguía siendo si el Madrid ficharía o no a Cristiano Ronaldo !Ese verano parece que sí que iban a conseguirlo! Aunque exceptuando a los políticos y a los directivos de las grandes empresas y de los bancos, la vida fuera extremadamente miserable para el poble, con los precios de los alimentos duplicándose cada mes cuando los datos de la inflación que daban los telediarios eran siempre del 2 coma algo. Por cierto, el gobierno había dejado de gobernar hacía mucho tiempo, limitándose a alguna prohibición absurda de vez en cuando para que no se notara, como la de prohibir ir en monopatín por la acera y también un montón de leyes protegiendo los derechos de los chimpancés y por la igualdad de género. Y, como no, nuevos impuestos a favor de Ramoncín y la SGAE. Alguna ley sin demasiado contenido real pero que enfurecía a la iglesia también solía caer con cierta regularidad.

Pese a que la clase media prácticamente había desaparecido de España, Zapatero se mantenía en el poder en coalición con los nacionalistas visigóticos moderados, los ultraderechistas de izquierda, varias asociaciones de amas de casa de Andalucía y el gremio de ganaderos bizcos asturianos. Y por supuesto, Rajoy seguía siendo el peor líder de la oposición de la historia, más aún después de veintitantos años sin poder desbancar al inútil de ZP del gobierno.

En esa tesitura estaba el presidente del Banco Central Europeo, tratando de decidir si bajaría los tipos de interés un punto al día siguiente, si los dejaría tal como estaban (al 9 por ciento), o si los subiría un puntito (al 9´1) para robar un poquito más a los pobres y enriquecer a los banqueros. Una subida más pondría el euríbor tan alto que la economía de las familias españolas se iría inmediatamente al traste, y ya no daría ni para pagar el arroz modificado genéticamente. Pero ayudaría a los bancos, cuyos beneficios ese año sólo habían aumentado en 237 mil millones de euros en el primer semestre del año -un 1,1% menos que el primer semestre del año anterior-, cifra que había hecho sonar las alarmas entre las élites. Y por supuesto, había que ayudar a los bancos porque si caían afectarían al resto de la economía.

Así que aunque en un principio había pensado en dejarlo todo igual, al final el presidente del BCE decidió contentar a sus amigos de las élites y subir los tipos al 9´1, lo que significaría otro aumento del euríbor y la desaparición definitiva de la clase media española. De manera que el presidente del BCE comunicó la cifra del 9,1 a su secretaria por la tarde para que la diera a conocer a la prensa y que todos los medios de comunicación lo publicaran a la mañana siguiente. La secretaria se la transmitió a su asistente, su asistente a la jefa de comunicación, ésta al segundo jefe de comunicación, el segundo jefe de comunicación a la becaria adjunta a su departamento y la becaria adjunta al Terillas, que estaba en ese momento de turno de noche como estudiante de alemán en practicas laborales en el distrito financiero de Franckfurt.

De la mente infalible del Terillas dependía las hipotecas de varios centenares de millones de europeos. El Perillas sólo tenía que teclear 9´1 en su ordenador, apretar el enter, y el dato sería transmitido inmediatamente a todos los periódicos y bancos de Europa, que a su vez ajustarían automáticamente sus préstamos de interés variable a esa nueva subida, la cual repercutiría directamente sobre las hipotecas, haciéndolas aumentar hasta un extremo intolerable.

Perillas ya tenía el dedo sobre la tecla del 9, pero en ese momento se levantó a tirarle los trastos en un alemán pésimo a su compañera de departamento. Luego estuvo 10 minutos persiguiendo a una mosca por la oficina hasta que se calmó y volvió a su lugar de trabajo para por fin iniciar su única faena de esa noche. Sólo que se equivocó y que no se sabe bien por qué tecleó 0,19 en lugar de 9,1.

No es que la tarea que le habían asignado fuera muy difícil, pero hay que tener en cuenta que se trataba del Terillas; en ese momento nuestro personaje tenía abiertas en la pantalla de su ordenador 5 ventanillas de conversación del messenger, dos páginas webs de compra y venta de motocicletas usadas y el blog del Chino Muerto, escrito en correcto castellano, que regala un billón de euros y alquila pisos a un euro.

Así que la bajada de los tipos de interés al 0,19 de golpe se transmitió a todos los bancos del Europa, y el euríbor y por tanto las hipotecas se recalcularon a partir de la mañana siguiente en relación a esa cifra. Al principio nadie pareció darse cuenta de la mayor bajada de tipos de la historia porque las portadas de los periódicos se generaban automáticamente: "El BCE sorprende y baja los tipos al 0,19" (Si el Perillas hubiera tecleado 9,1 la portada generada automáticamente habría sido: "El BCE sorprende y sube los tipos al 9,1%), y también porque la gente leía los periódicos sin pensar, y los telediarios los presentaban androides que nunca decían su opinión ni cuestionaban las noticias, pues una computadora de Washington se las enviaba directamente a su cerebro electrónico y ellos las decían tal cual.

Así que gracias al error del Teris las hipotecas bajaron de tal manera que mucha gente que estaba pagando 2000 € al mes pasó a pagar menos de 400; de repente, el populacho tenía pasta para gastar, era como si se hubiera hecho ricos de la noche a la mañana. Hubo gente de a pie que se gastó los 1600€ al mes que se ahorraba en contratar cinco hipotecas a interés fijo y pasó a ser dueño de 5 pisos por la misma cuota con la que antes sólo pagaba uno. Los bancos tenían que conceder hipotecas a un interés que no les era rentable porque el euríbor oficial era absurdamente bajo gracias al Terillas y los bancos siempre anunciaban euríbor + algo y ahora tenían que cumplir, habían caído en su propia trampa.

Por descontado, todo ello provocó una crisis en el sistema bancario de la que éste jamás se recuperó, habiendo perdido de golpe el 90 por ciento del dinero que robaba mes a mes a los ciudadanos. Cuando quisieron recuperar la normalidad y aumentar de nuevo los tipos una semana después, era demasiado tarde y se fueron todas las grandes empresas de la mano a pique, lo cual fue una nueva bendición para la plebe española, pues significó que un montón de gente que había abierto negocios o comprado pisos o tierras pidiéndole un crédito al banco o a un mafioso no tuvo que devolver ese crédito porque el banco había quebrado y sencillamente ya no existía. ( Si bien, justo antes de caer, las élites consiguieron detener y encarcelar al Terillas.)

El resultado de aquello, como acabamos de ver, fue desastroso para el sistema bancario y para los millonarios, pero la economía de la gente normal subió como la espuma de repente, pues el dinero que antes se quedaban los bancos a final de mes pasó de la noche a la mañana a la economía real. Pese a que normalmente, la entrada de liquidez provoca inflación, en este caso ocurrió lo contrario. Como las cajas registradoras de todos los comercios estaban a reventar de billetes, las empresas bajaban continuamente los precios porque no tenían espacio físico para almacenar tantos papeles.

La clase política española desapareció de golpe. No es que hubiera una revolución y que la gente decidiera de repente levantarse contra ZP y Rajoy y darles su merecido; lo que ocurrió es que como sus apoyos mediáticos y los grupos que les ayudaban se extinguieron, los políticos se dejaron de oír y acabaron por perder cualquier relevancia.

La gente fue feliz en un primer momento, aunque luego las envidia les empezó a corroer, porque aunque gozaban de muchos bienes materiales, su única preocupación era tener muchos más aún que el vecino.

Hubo unas elecciones a las que sólo se presentaron el Chino Muerto y el Perillas, recién salido de la cárcel y aclamado como un héroe en todas las plazas de la España profunda.

Y el Terillas se convirtió en el Presidente del Gobierno con mayoría absoluta, y fue mucho mejor presidente que ZP.

Aunque eso no es mucho decir. De hecho acabo declarándole la guerra a Nepal.

Pero eso es otra historia, y quizás en el futuro tenga tiempo para inventarla.

1 comentario:

El profeta Azul dijo...

Excelente, probablemente el mejor post de la historia.