Mostrando entradas con la etiqueta política-ficción. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta política-ficción. Mostrar todas las entradas
lunes, 24 de agosto de 2009
SUSPENSIÓN TEMPORAL DEL BLOG
Soy consciente de la repulsa que tal determinación va a generar, con innumerables muestras de oposición, manifestaciones, quema masiva de cajeros (con mendigo dentro) y la gente enviando cartas de protesta a sus correspondientes congresistas y al Cabinista; soy consciente del dolor que esta decisión va a causar en tantas familias españolas y españoles, pero no me queda otra opción.
El caso es que es ya desde hace uno meses estaba escribiendo una novela: "La Comunitat (La Peor Novela de la Historia)", para contar en clave de humor no solo la historia reciente valenciana sino también lo que ha venido pasando últimamente en la monarquía bananera y en lo que queda del resto de planeta tierra. Por cierto, esta vez la novela no vendrá firmada con el seudónimo habitual sino con uno nuevo que creo que va a ser "Paco Campos"; evitamos así ingeniosamente una descomunal avalancha de acciones legales en nuestra contra, y hacemos de paso que las denuncias por difamación e injurias que el Presidente verterá sobre nosotros vuelvan directamente al Presidente y sea éste el que tenga que responder ante sí mismo. Sencillo, delirante y genial.
Pues como se trata de una novela de actualidad, y teniendo en cuenta mi alto grado de actividad actual, con cuatro durísimas horas al día de estudio del idioma japonés más tajas, papeos, viajes, degustaciones, sofás masaje, festivales, etc., hemos decidido aparcar este blog por un momento y acabar la novela lo antes posible.
Calculo que unas dos o tres semana para terminar de escribirla y el mismo periodo para corregirla. Cuando ya este todo, se avisará en este blog por primera vez.
Mientras tanto podéis dedicaros a leer o releer artículos atrasados o a seguir con el blog sobre Japón, que sigue su andadura a partir de la semana que viene pero ahora con un solo lector (aunque mejor un solo lector bueno que 50 lectores de mierda).
viernes, 12 de junio de 2009
CUENTOS JAPONESES: EL CUENTO DE LOS 12.000 YENES
El presidente Aso apareció de repente un día por el parque en el que vivo. Llevaba una lata de chela de medio litro pegada encima de la cabeza, en posición horizontal, y en la espalda un caparazón al estilo de la tortugas ninja.
¡Vaya presidente más chalado, el tal Aso! Disfrazado ridículamente. Increpando con feas palabras a los abuelos y a las mamás del parque. Pidiéndole a cada persona 12.000 yenes. No me extraña que su índice de popularidad estuviera por los suelos, menos del 10 por ciento, con esa actitud negativista desafiante.
Resulta que unos meses antes, para empujar la economía e intentar salir de la recesión aumentando el consumo, el Gobierno de Aso había repartido dinero entre toda la población. 12.000 yenes por cabeza a todo el que residiera legalmente en suelo japonés. Unos cien euros. Y ahora le pedía a las viejas que le devolvieran el dinero, diciéndoles que no era un regalo, sino un préstamo. Qué hijodeputa de presidente. Qué mala persona. Hasta los niños de la escuela primaria lo saben: ¡Lo que se da no se quita!
Les hacía ir al cajero automático más cercano, sacar la pasta y entregársela. En cualquier país occidental los políticos roban a los ciudadanos para dárselo a los ricos, eso es obvio. Pero que el presidente vaya directamente en persona a cobrar a los parques y a los mercados, ni siquiera a Estados Unidos se le había ourrido dar ese paso.
Si una de las viejas se negaba, Aso reaccionaba utilizando sus superpoderes y la dejaba frita lanzándole un came o haciéndole una patada kararteka voladora mágica. Así que, aunque en un principio se habían reído de su disfraz ridículo, de su chela abierta encima de la cabeza y de su caparazón de tortuga ninja a la espalda; al ver estas terribles muestras de autoridad, y temiendo por su vida, las otras viejas se habían puesto en fila para pagar los 12.000 yenes por propia voluntad.
Decidí que la cosa ya había llegado demasiado lejos. Envalentonado por la injusticia que estaba presentando, lancé por los aires mi propia chela, me fui directo hacia Aso y le reté a dirimir la cuestión, según manda la tradición japonesa, mediante un combate de sumo.
No tenía ni idea de como iba a enfrentarme a los superpoderes, evidentemente anticonstitucionales, del Presidente. De hecho, en cuanto lo tuve enrente a pocos metros, justo antes de empezar el combate, mirándome con expresión fanática, casi me arrepentí de haberle retado.
Pensé en retirarme. Si estuviera en España, no habría problema. Pero ésto es Japón, y el honor es la posesión más importante del guerrero. Además, había ya cientos de viejas agolpadas presa del interés y de la emoción (y de la promesa de sangre) alrededor nuestro, y no podía defraudarles.
Pero la cosa es que estaba muerto del miedo. Al contrario que Aso, no sólo carecía de superpoderes, sino que mi salud de pordiosero y de borracho eran una garantía clara de derrota al menor embite, no ya de un supervillano, sino de una persona normal. No tenía posibilidad alguna de ganar.
Entonces se me ocurrió la estupidez de hacer una lenta y profunda reverencia al presidente. Así conseguía un poco más de tiempo, unos segundos extra para pensar un plan alternativo o una forma honorable de huir.
El presidente se agachó también, su cabeza hacia mí, para devolverme el saludo japonés. Como consecuencia de ello, la chela que llevaba atada a la cabeza, al inclinarse también, se vacío en el suelo, perdiendo con ello los superpoderes para sorpresa de todo el mundo y de él mismo. Animado por las viejas, que gritaban de júbilo, consguí vencer el combate.
Me había convertido en el hombre más admirado y popular de Japón. Además, según una ley japonesa tradicional no escrita, el hecho de vencer al presidente del gobierno me convertía a mí mismo en el nuevo presidente del gobierno.
Mi gabinete fue uno de los mejores de la historia del país. En mi corto pero exitoso periodo, todo el pueblo japonés, sin importar el nivel de ingresos o estatus laboral, gozó por primera vez en su historia de atención hospitalaria gratuita. Además, instauré la jornada laboral de 40 horas, emprendí la carrera chelística, obligué al ejército yanqui a retirarse de Okinawa, saneé la economía, saqué a la nación de la crisis y planté un millón de árboles en Osaka.
Aún así, la prensa local, internacional y la oposición proyanqui no cesaba de insultarme, de acusarme de ser aliado de Chávez y de Zapatero, de querer romper Japón y de no actuar con la suficientemente firmeza con Corea del Norte.
No obstante, gané las siguientes elecciones con mayoría absoluta. Pero en el momento de la investidura, una alianza entre los liberales democráticos, los nacionalistas moderados, los socialdemócratas, los zaplanistas, los regionalistas murcianos y un grupo de diputados transfugas de mi partido (sobornados sin duda por una potencia extranjera), se unieron para elegir al candidato proyanqui, del mismo partido de Aso, e investirlo presidente.
La prensa internacional saludó la caída del candidato "populista" como una victoria “del pueblo japonés” y de la “democracia”, y se felicitaron de la llegada al poder del candidato “moderado”, “prooccidental”, “reformista”, “pro libre mercado” y “democrático”, que en realidad era un yakuza y un fascista redomado, como todo el mundo en Japón sabía. A los dos meses, las tropas americanas estaban otra vez en Japón, la sanidad era de nuevo de pago, y el ayuntamiento de Osaka se había molestado en cortar uno a uno los árboles que mi gobierno había plantado.
Pero si a Japón le fue mal después de mi caída, a mí no tanto. Volví al parque del principio, y desde entonces vivo en el mismo banco. Aunque gracias a la televisión, el manga, el pachinko, etc. el pueblo japonés se olvidó de mí rápidamente, hay una vieja que todavía se acuerda, y, en señal de agradecimiento por mi etapa como presidente, organiza una colecta semanal en mi honor, y cada mañana me trae al parque una caja de cervezas fresquitas, que disfruto con gran placer y alegría.
Otros cuentos japoneses en el Chino Muerto:
¡Vaya presidente más chalado, el tal Aso! Disfrazado ridículamente. Increpando con feas palabras a los abuelos y a las mamás del parque. Pidiéndole a cada persona 12.000 yenes. No me extraña que su índice de popularidad estuviera por los suelos, menos del 10 por ciento, con esa actitud negativista desafiante.
Resulta que unos meses antes, para empujar la economía e intentar salir de la recesión aumentando el consumo, el Gobierno de Aso había repartido dinero entre toda la población. 12.000 yenes por cabeza a todo el que residiera legalmente en suelo japonés. Unos cien euros. Y ahora le pedía a las viejas que le devolvieran el dinero, diciéndoles que no era un regalo, sino un préstamo. Qué hijodeputa de presidente. Qué mala persona. Hasta los niños de la escuela primaria lo saben: ¡Lo que se da no se quita!
Les hacía ir al cajero automático más cercano, sacar la pasta y entregársela. En cualquier país occidental los políticos roban a los ciudadanos para dárselo a los ricos, eso es obvio. Pero que el presidente vaya directamente en persona a cobrar a los parques y a los mercados, ni siquiera a Estados Unidos se le había ourrido dar ese paso.
Si una de las viejas se negaba, Aso reaccionaba utilizando sus superpoderes y la dejaba frita lanzándole un came o haciéndole una patada kararteka voladora mágica. Así que, aunque en un principio se habían reído de su disfraz ridículo, de su chela abierta encima de la cabeza y de su caparazón de tortuga ninja a la espalda; al ver estas terribles muestras de autoridad, y temiendo por su vida, las otras viejas se habían puesto en fila para pagar los 12.000 yenes por propia voluntad.
Decidí que la cosa ya había llegado demasiado lejos. Envalentonado por la injusticia que estaba presentando, lancé por los aires mi propia chela, me fui directo hacia Aso y le reté a dirimir la cuestión, según manda la tradición japonesa, mediante un combate de sumo.
No tenía ni idea de como iba a enfrentarme a los superpoderes, evidentemente anticonstitucionales, del Presidente. De hecho, en cuanto lo tuve enrente a pocos metros, justo antes de empezar el combate, mirándome con expresión fanática, casi me arrepentí de haberle retado.
Pensé en retirarme. Si estuviera en España, no habría problema. Pero ésto es Japón, y el honor es la posesión más importante del guerrero. Además, había ya cientos de viejas agolpadas presa del interés y de la emoción (y de la promesa de sangre) alrededor nuestro, y no podía defraudarles.
Pero la cosa es que estaba muerto del miedo. Al contrario que Aso, no sólo carecía de superpoderes, sino que mi salud de pordiosero y de borracho eran una garantía clara de derrota al menor embite, no ya de un supervillano, sino de una persona normal. No tenía posibilidad alguna de ganar.
Entonces se me ocurrió la estupidez de hacer una lenta y profunda reverencia al presidente. Así conseguía un poco más de tiempo, unos segundos extra para pensar un plan alternativo o una forma honorable de huir.
El presidente se agachó también, su cabeza hacia mí, para devolverme el saludo japonés. Como consecuencia de ello, la chela que llevaba atada a la cabeza, al inclinarse también, se vacío en el suelo, perdiendo con ello los superpoderes para sorpresa de todo el mundo y de él mismo. Animado por las viejas, que gritaban de júbilo, consguí vencer el combate.
Me había convertido en el hombre más admirado y popular de Japón. Además, según una ley japonesa tradicional no escrita, el hecho de vencer al presidente del gobierno me convertía a mí mismo en el nuevo presidente del gobierno.
Mi gabinete fue uno de los mejores de la historia del país. En mi corto pero exitoso periodo, todo el pueblo japonés, sin importar el nivel de ingresos o estatus laboral, gozó por primera vez en su historia de atención hospitalaria gratuita. Además, instauré la jornada laboral de 40 horas, emprendí la carrera chelística, obligué al ejército yanqui a retirarse de Okinawa, saneé la economía, saqué a la nación de la crisis y planté un millón de árboles en Osaka.
Aún así, la prensa local, internacional y la oposición proyanqui no cesaba de insultarme, de acusarme de ser aliado de Chávez y de Zapatero, de querer romper Japón y de no actuar con la suficientemente firmeza con Corea del Norte.
No obstante, gané las siguientes elecciones con mayoría absoluta. Pero en el momento de la investidura, una alianza entre los liberales democráticos, los nacionalistas moderados, los socialdemócratas, los zaplanistas, los regionalistas murcianos y un grupo de diputados transfugas de mi partido (sobornados sin duda por una potencia extranjera), se unieron para elegir al candidato proyanqui, del mismo partido de Aso, e investirlo presidente.
La prensa internacional saludó la caída del candidato "populista" como una victoria “del pueblo japonés” y de la “democracia”, y se felicitaron de la llegada al poder del candidato “moderado”, “prooccidental”, “reformista”, “pro libre mercado” y “democrático”, que en realidad era un yakuza y un fascista redomado, como todo el mundo en Japón sabía. A los dos meses, las tropas americanas estaban otra vez en Japón, la sanidad era de nuevo de pago, y el ayuntamiento de Osaka se había molestado en cortar uno a uno los árboles que mi gobierno había plantado.
Pero si a Japón le fue mal después de mi caída, a mí no tanto. Volví al parque del principio, y desde entonces vivo en el mismo banco. Aunque gracias a la televisión, el manga, el pachinko, etc. el pueblo japonés se olvidó de mí rápidamente, hay una vieja que todavía se acuerda, y, en señal de agradecimiento por mi etapa como presidente, organiza una colecta semanal en mi honor, y cada mañana me trae al parque una caja de cervezas fresquitas, que disfruto con gran placer y alegría.
Otros cuentos japoneses en el Chino Muerto:
“El cuento de los kanjis”
Etiquetas:
cuentos japoneses,
Japón,
politica japonesa,
política-ficción,
relatos
martes, 14 de abril de 2009
CREACIÓN DE UN ESTADO ROMANO EN LA COMUNITAT VALENCIANA
En el periodo posterior a la segunda guerra mundial, apareciereron de repente en la ciudad de Valencia varios miles de paramilitares italianos con pintas de niño pijo idiota, gafas que les tapaban media cara, patillas afiladas, y ropa hortera. Tenían como objetivo la creación de un Estado Romano en la Comunitat Valenciana.
Al principio a los valencianos tomaron el asunto como una simple broma macabra, pero la cosa se tornó en pesadilla cuando, para conseguir su perverso objetivo, los italianos lanzaron una ola de ataques terroristas en todo el territorio valenciano y expulsaron a cientos de miles de personas de sus casas a punta de pistola.
La creación de ese absurdo nuevo Estado Romano fue rechazada por prácticamente toda la comunidad internacional, pero contó con el apoyo de la mayoría de los gobiernos occidentales como Alemania, el peor país del mundo y sobretodo Estados Unidos.
La mayoría de los valencianos fueron expulsados de su tierra y obligados a vivir en pésimas condiciones higiénicas, hacinados en campos de refugiados en zonas menos fértiles de las provincias de Albacete, Cuenca, Murcia y el sur de Alicante, o en bloques de edificios construidos deprisa y corriendo en los suburbios obreros de las capitales de esas provincias. Posteriormente los romanos les rodearon de muros, controles, asentamientos puestos de vigilancia y alambradas, negándoles cualquier posiblidad de llevar una vida digna.
Los romanos justificaban la creación de su Estado diciendo que la Comunitat era su nación según sus libros sagrados, que les había sido prometida por sus dioses desde hacía miles de años; para apoyar esa idea, citaron libros de autores latinos como Tácito, Cicerón y César en los que ya se afirmaba que la Comunitart formaba parte del Imperio Romano.
Aunque a algunos valencianos les fue permitido quedarse en la Comunitat, fueron siempre considerados ciudadanos de segunda con menos derechos que a los cientos de miles de habitantes del antiguo imperio, que llegaron de lugares como Italia, Estados Unidos y Argentina, y a los que se les concedió la ciudadanía en el nuevo estado. Los romanos llenaron la Comunitat de templos dedicados a sus dioses paganos y sometieron a los cristianos valencianos que se quedaron a todo tipo de discriminación.
La mayoría de los valencianos que fueron obligados a huir de la Comunitat se convirtieron en ciudadanos pobres que vivían en campos de refugiados en condiciones precarias. Como no contaban con ejército alguno, apenas se defendían de las periódicas incursiones de los ataques del terrible ejército romano con cohetes caseros; los niños valencianos se dedicaban a lanzar piedras a los tanques que patrullaban por las calles de Almansa, Minglanilla, Yecla, Landete, etc., sembrando el terror entre los valencianos autóctonos.
Muchos valencianos eran ateos, otros musulmanes y otros cristianos; pero los valencianos eran calificados en general por la prensa occidental como "fundamentalistas cristianos" y como terroristas. Al Estado Sionista Romano se lo consideraba un gobierno democrático pese a trarse de en realidad de una élite militarista y fascista que dominaba los medios de comunicación y que contaba con el apoyo y la ayuda militar de Estados Unidos.
Con la excusa del terrorismo, cada cierto tiempo los romanos realizaban incursiones en los territorios donde vivían los valencianos expulsados, se anezionaban las tierras más fértiles y masacraban y bombardeaban a los niños y los ancianos población utilizando para ello la más sofisticada tecnología bélica norteamericana.
Al principio a los valencianos tomaron el asunto como una simple broma macabra, pero la cosa se tornó en pesadilla cuando, para conseguir su perverso objetivo, los italianos lanzaron una ola de ataques terroristas en todo el territorio valenciano y expulsaron a cientos de miles de personas de sus casas a punta de pistola.
La creación de ese absurdo nuevo Estado Romano fue rechazada por prácticamente toda la comunidad internacional, pero contó con el apoyo de la mayoría de los gobiernos occidentales como Alemania, el peor país del mundo y sobretodo Estados Unidos.
La mayoría de los valencianos fueron expulsados de su tierra y obligados a vivir en pésimas condiciones higiénicas, hacinados en campos de refugiados en zonas menos fértiles de las provincias de Albacete, Cuenca, Murcia y el sur de Alicante, o en bloques de edificios construidos deprisa y corriendo en los suburbios obreros de las capitales de esas provincias. Posteriormente los romanos les rodearon de muros, controles, asentamientos puestos de vigilancia y alambradas, negándoles cualquier posiblidad de llevar una vida digna.
Los romanos justificaban la creación de su Estado diciendo que la Comunitat era su nación según sus libros sagrados, que les había sido prometida por sus dioses desde hacía miles de años; para apoyar esa idea, citaron libros de autores latinos como Tácito, Cicerón y César en los que ya se afirmaba que la Comunitart formaba parte del Imperio Romano.
Aunque a algunos valencianos les fue permitido quedarse en la Comunitat, fueron siempre considerados ciudadanos de segunda con menos derechos que a los cientos de miles de habitantes del antiguo imperio, que llegaron de lugares como Italia, Estados Unidos y Argentina, y a los que se les concedió la ciudadanía en el nuevo estado. Los romanos llenaron la Comunitat de templos dedicados a sus dioses paganos y sometieron a los cristianos valencianos que se quedaron a todo tipo de discriminación.
La mayoría de los valencianos que fueron obligados a huir de la Comunitat se convirtieron en ciudadanos pobres que vivían en campos de refugiados en condiciones precarias. Como no contaban con ejército alguno, apenas se defendían de las periódicas incursiones de los ataques del terrible ejército romano con cohetes caseros; los niños valencianos se dedicaban a lanzar piedras a los tanques que patrullaban por las calles de Almansa, Minglanilla, Yecla, Landete, etc., sembrando el terror entre los valencianos autóctonos.
Muchos valencianos eran ateos, otros musulmanes y otros cristianos; pero los valencianos eran calificados en general por la prensa occidental como "fundamentalistas cristianos" y como terroristas. Al Estado Sionista Romano se lo consideraba un gobierno democrático pese a trarse de en realidad de una élite militarista y fascista que dominaba los medios de comunicación y que contaba con el apoyo y la ayuda militar de Estados Unidos.
Con la excusa del terrorismo, cada cierto tiempo los romanos realizaban incursiones en los territorios donde vivían los valencianos expulsados, se anezionaban las tierras más fértiles y masacraban y bombardeaban a los niños y los ancianos población utilizando para ello la más sofisticada tecnología bélica norteamericana.
Aunque casi todo el mundo criticaba esas incursiones, que vulneraban los derechos humanos y contrariaban las resoluciones de las Naciones Unidas; al final las declaraciones de los gobernantes europeos se quedaban en meras reprimendas verbales. Sólo el valiente Presidente de Venezuela se ganó el respeto de los valencianos convirtiéndose casi en un héroe con la decisión meramente simbólica de expulsar de su país al embajador del Estado Romano.
¿Permitirías la creación de un estado sionista en la Comunitat Valenciana?
Otras interesantes historias de políticica-ficción en este blog:
sábado, 22 de septiembre de 2007
EL IMPORTANTE LEGADO POLÍTICO DE MICHAEL GORBACHOVSON
De entre los políticos que han movido los hilos de la historia contemporánea, destaca la figura del gran estadista norteamericano Michael Fitzgerald Gorbachovson (St Louis, Missouri, 1943), uno de los pocos líderes mundiales que supieron interpretar las particularidades de la época en que vivían para cambiar la política de su país y adaptarse a la modernidad y a los nuevos tiempos.
Considerado por algunos un héroe y un traidor por otros; más popular en el extranjero que en su país, Gorbachovson supo ver que el capitalismo había ido degenerado hasta llegar a un peligroso callejón sin salida. De hecho, a finales de los años 80, todavía existían en Europa y en Norteamérica terribles regímenes capitalistas en los que una minoría de la población se enriquecía impunemente mientras otros se veían obligados a mendigar y a vivir en cajas de cartón o en cubos de basura.
Durante su etapa como presidente de los Estados Unidos, Gorbachovson tuvo la valentía y la visión política de iniciar las reformas necesarias para convertir a su país en una economía socialista como cualquier otra, terminando así con el periodo llamada "guerra fría". Una de de las primeras consecuencias de sus reformas fue la caída de los terribles sistemas de libre mercado que habían asolado Europa occidental durante casi todo el siglo XX.
Actualmente, la mayoría de los países europeos que formaron parte antiguamente el bloque capitalista se encuentran bien integrados en el COMECON y en el Pacto de Varsovia, si bien los servicios públicos de estos países todavía no alcanzan el grado de desarrollo del de sus vecinos del este de Europa; de hecho decenas de miles de jóvenes de Francia, España, Italia, etc. se ven obligados a emigrar cada año a naciones con un modelo social más avanzado como la Unión Soviética, Yugoslavia o Checoslovaquia, pues, pese a las reformas, el acceso a una vivienda sigue siendo una quimera para los jóvenes de Europa occidental, mientras que en la Europa oriental los gobiernos garantizan un hogar digno para todos los ciudadanos.
Quizás precisamente por haber estado sometidos al yugo capitalista durante tantas décadas, la población y los gobiernos los países de Europa occidental manifiestan unas opiniones políticas sobre la Unión Soviética incluso más favorables que las de los países de Europa del este. Aunque la caída del capitalismo y la transición al nuevo sistema fue pacífica en la mayoría de los países, en algunos como Italia, Francia o España sus dirigentes fueron ajusticiados salvajemente por el pueblo.
En cuanto a Estados Unidos, pese a que quedó debilitada territorialmente tras la independencia de varios de sus estados; y en un principio se consolidó como un socio fiable y manso de la URSS; en los últimos años, sobretodo desde la llegada al poder de Bush nieto, parece que ha recuperado sus ambiciones imperialistas, apoyado en los altos precios del petróleo extraído de Alaska, con el cual a menudo chantajea a sus vecinos.
Parece ser que el origen de las recientes disputas entre los Estados Unidos y la Unión Soviética tiene como origen la decisión de este último de instalar un poderoso escudo antimisiles en Méjico, tradicional aliado de Estados Unidos en tiempos de la guerra fría y ahora socio leal de los soviéticos.
Este hecho a provocado gran indignación en Washington, si bien Moscú afirma que el escudo no es contra Estados Unidos, sino que tiene como objetivo interceptar un posible ataque balístico intercontinental de naciones potencialmente rebeldes como Nepal, Gambia o los Estados Federados de Micronesia.
(Una imagen Michael Fitzgerald Gorbachovson. Analistas políticos de todas las ideologías coinciden en que Estados Unidos, de no haber sido por las reformas acometidas por Gorbachovson, habría ido degenerando hasta convertirse en la actualidad en una especie de dictadura militarista preocupada simplemente por mantener su posición hegemónica por la fuerza, que se dedicaría fundamentalmente a chantajear a otros países, a torturar a inocentes y a invadir naciones sin ton ni son)
Suscribirse a:
Entradas (Atom)

