"Las casas que abundan por España son mierdas de ladrillo que o parecen edificios comunistas rusos o mierdas naranjas con toldos hippies de colores chillones" (By AdamDeLounge en Forocoches).
sábado, 13 de septiembre de 2008
"YO CREO QUE EN ESTE PAÍS EMPEZAMOS A VIVIR COMO SI UNA GIGANTESCA NUBE DE PORRO SE CERNIESE SOBRE NUESTRAS CABEZAS" (BY JAREPEICH)
"Las casas que abundan por España son mierdas de ladrillo que o parecen edificios comunistas rusos o mierdas naranjas con toldos hippies de colores chillones" (By AdamDeLounge en Forocoches).
domingo, 7 de septiembre de 2008
TURISTAS IMBÉCILES
Hay quien se pone a llorar directamente y se marcha sin decir nada, y hay también quien protesta con cierto tono de reproche:
-Oiga, haga algo, esto no puede quedar así, tengo el hotel reservado en Venecia, donde he quedado también con unos amigos... me he pasado varios días planeando estas vacaciones, esto no puede terminar así...
Supongo que es normal que, para hablantes de idiomas muy diferentes al nuestro, los nombres de Valencia y Venecia puedan dar lugar a cierta confusión. Pero si yo me fuera a Alemania algún día, a una ciudad que se llamara, por ejemplo, Rothenburg, tendría mucho cuidado y estudiaría el asunto con bastante atención, para no acabar en otra ciudad con nombre parecido como Rothenberg, Rodeburg o algo así.
Aunque también está quien no tiene ni idea de qué es Valencia:
-¿Valencia?, ¿en qué país está?, ah, en España, ¿y en Valencia qué hay?... ¿sí?...bueno, pues me voy a Madrid o a Barcelona...
Me encantaría trabajar algún día en el aeropuerto de Venecia, para poder orientar a los cientos de tarados que seguro que se plantaran allí pensando que iban a la capital del Turia.
-¿Venecia?, ¿y eso en qué país está?, ¿y qué demonios hay en Venecia?... bueno, pues me voy a ir a Milán o a Roma.
Turistas imbéciles hay de todos los países, credos y colores, pero dos nacionalidades destacan sobre todas las demás, los italianos y los anglosajones.
Lo de los italianos no creo que sorprenda a nadie, tratándose de tipos que gastan un modelo de gafas de sol que les tapan casi toda la cara y que han elegido a un delincuente como presidente del gobierno, han llenado los restos de Pompeya de grafitis y son capaces de matar, literalmente, por un partido de fútbol. El 90 por ciento hace invariablemente la misma pregunta (¿Quién les habrá dicho a todos que eso se dice así en español?:
-Puedo tener una mappa?
Frase difícil de traducir pero que podría ser "trasladada" de la siguiente manera:
-Por supuesto. En España el derecho a la propiedad privada está totalmente garantizado por la ley y por las fuerzas del orden, así que la propia Constitución le concede el derecho de tener no sólo uno, !sino todos los mapas que desee! Siempre que no los utilice para conspirar contra la seguridad nacional ni contra la integridad territorial de nuestra joven pero madura democracia...
Otra conducta clásica entre los italianos es aparecer en la ciudad sin reserva en plena Fórmula 1, Fallas, o Feria del Mueble y buscar un hotel que esté bien y sea barato, céntrico y esté cerca de la playa (en una ciudad en la que el casco viejo está a casi 10 kilómetros del mar).
En cuanto a los anglosajones, se caracterizan por entrar en cualquier lugar de la ciudad en el que haya un mostrador (ya sea una oficina de turismo, la recepción de un hotel, o una tienda de ropa), y sin saludar, ni preguntar de qué tipo de tienda se trata, pedir secamente dos cervezas:
-Can I have a bottle of "vino"?
-May I have a wake up call at "ocho"?
(Frecuentemente su vocabulario español se reduce a dos o tres tipos de bebida o a la serie de números que van del uno al diez. También están los que saben dar los buenos días en italiano, y ya que es lo único que conocen en un idioma extanjero pues lo aprovechan, y cuando entran a un bar en España, saludan orgullosos diciendo: "buongiorno!")
Aunque sin duda eso es menos molesto que oír a un italiano preguntarte algo en inglés y aunque tú le contestas en italiano el tipo no se da cuenta y te sigue contestando a ti en un inglés pésimo en el que no existen las palabras agudas.
Pero el turista más patético del que he sabido nunca fue un tipo australiano que, para escaparse sin pagar de un hotel, bajó la maleta a la calle desde su balcón atándola a una cuerda, y cinco minutos después, a eso de las 6 de la mañana, salió del establecimiento en chanclas y bermudas, con una toalla al hombro, haciendo como si se fuera a la playa, para acto seguido recoger la maleta que había depositado previamente en la acera y largarse disimuladamente, probablemente felicitándose por el éxito de su plan y burlándose para sus adentros de la estupidez del recepcionista nocturno. Un recepcionista nocturno que, sin duda algo molesto por la interrupción de 1 minuto a la que se vio sometido, se limitó a cobrarle la estancia al número de tarjeta que figuraba en la reserva y a continuación siguió escribiendo el artículo para su blog como si nada, un artículo que trataba sobre los diferentes tipos de turistas imbéciles.
viernes, 29 de agosto de 2008
DIMITRI ORLOV
Sin embargo, de vez en cuando me encuentro algún texto interesante no escrito por mí, y que resulta interesante por reflejar algún aspecto de la realidad del que no tengo conocimiento de primera mano. El texto actual es de un tal Dimitri Orlov, un exiliado soviético que vive en los Estados Unidos pero que conoció directamente la gran crisis que se vivió en la Rusia de los años 90 y que provocó que de un día para otro el país dejara de funcionar, los supermercados se vaciaran de productos, las gasoferas dejaran de tener gasolina y que cosas tan básicas como la calefacción o el agua caliente dejaran de existir durante un periodo de varios años.
En este artículo, el tal Orlov encuentra grandes paralelismos entre el momento previo a esa gran crisis y la situación actual de los Estados Unidos, y afirma con todo el convencimiento y una serie de argumentos bastante plausibles por qué un inminente colapso del Imperio yanqui es casi inevitable. A continuación da una serie de valiosos consejos para sobrevivir en una economía colapsada tras un evento de tal magnitud.
Además de lo útiles que resultarán esos consejos para cuando ese tipo de crisis ocurra en España (puede que dentro de bastante poco), el texto en sí es un placer porque está muy bien escrito y hace gala de un extraordinario sentido del humor (negro) a la hora de narrar con todo detalle la vida de los rusos de después de la gran crisis y de explicar cómo tuvieron que buscarse la vida para salir adelante en una época en la que prácticamente volvieron a la Edad Media de un día para otro. En los últimos apartados, compara el grado de preparación de la sociedad soviética de antes de esa gran crisis con el grado de preparación de la sociedad americana actual, que lo tiene mucho más crudo dado su mayor dependencia energética, dispersión urbanística, individualismo y ausencia de estructuras comunitarias y de transporte público.
Al final del texto, el autor deja una inquietante pregunta. ¿A cuál de los dos países se parece más tu país?
viernes, 13 de junio de 2008
BILLY WILDER
Probablemente el mejor guionista de la historia y sin duda uno de los mejores directores. También uno de esos pocos casos en la historia del cine en los que la calidad no está reñida con el éxito en taquilla.
Pese a que la mayoría le recuerda como el mejor director de comedias de la historia, y eso es probablemente cierto, no hay que olvidar que Wilder realizó films soberbios de otros géneros, como El Crepúsculo de los Dioses, un impresionante drama sobre la decadencia moral de Hollywood que es para mí su mejor película; Días sin Huella, que trata sobre el alcoholismo y con la que sin duda se adelantó a su época, y la también extraordinaria Perdición, cine negro con el que se propuso hacer una película a lo Hitchcok pero incluso mejor que Hitchcok, y al final el propio director británico se rindió ante la evidencia y le llamó para felicitarle.
Una de las características del cine de Wylder es que sus guiones están perfectamente medidos y elaborados, de manera que cada línea del diálogo es ingenioso y destila sentido del humor e inteligencia por los cuatro costados, y todos los aspectos de la trama están interconectados hasta el punto de que su sentido en el film se nos revela siempre en el momento preciso para provocar el efecto deseado en el espectador. Aunque sus películas son siempre inteligentes y contienen cierta crítica social, no se trata de cine profundo o con mensaje, pues el propio Wilder siempre fue consciente de su papel como director comercial ante un público como el americano que iba al cine simplemente a divertirse.
Las pelis de Wylder resultan siempre entretenidas por su prodigioso sentido del ritmo y por sus sorpresas, con un arranque frenético que capta en todo momento el interés del espectador, un desarrollo fluido y siempre interesante, y unos desenlaces que nunca dejan indiferente y suelen ofrecer como regalo una broma peculiar, de altísima calidad, o un giro magistral en la trama. Muchos de los finales de las películas de Wilder están entre los mejores de la historia del cine, como la divertida conversación en la lancha de Con faldas y a lo loco, la sobrecogedora escena de la escalera de El Crepúsculo de los Dioses, la escena de la Coca Cola en 1,2,3, la siniestra broma de la cerilla en Perdición, y la sorpresa final de Testigo de Cargo, tras la cual aparecía un letrero que pedía a los espectadores que no contaran el desenlace de la película a sus conocidos, para que nadie se perdiera el efecto sorpresa de la misma.
Pese a que hoy en día se le considera el estandarte del humor elegante e inteligente, en su época era un cine más bien atrevido, picante e irreverente, de hecho Wylder siempre tuvo problemas con la censura y con las grandes productoras, pues planteó de manera bastante descarada temas de que todavía no se habían tratado en Hollywood, como el travestismo, la prostitución, la corrupción de las élites y la hipocresía del american way of life.
Incluso sus comedias en apariencia más tontas, como Sabrina, una mariconada sobre el amor, París, Audrey Hepburn, "La vie en Rouge", etc. resultan todavía hoy tremendamente divertidas e inteligentes, y muchos consideran otra de sus comedias románticas, El Apartamento como la mejor película de la historia. Aparte de la historia de amor protagonizada por dos excelentes y apuestos actores como Jack Lemmon y Shirley McClain, y de los magistrales diálogos, lo mejor de el Apartamento es la manera en que critica el funcionamiento de las grandes empresas americanas, la hipocresía moral de los yanquis y el capitalismo en general; crítica que por inteligente y sutil no deja de resultar demoledora.
Sin ser de las más conocidas, una de mis preferidas es 1,2,3, divertida comedia sobre el muro de Berlín en la que la hija del presidente de la Coca-Cola se enamora de un joven comunista de la parte pro-soviética de la ciudad. En esta película, los comunistas y los yanquis se pelean y se gastan putadas como si fueran niños pequeños, y Wylder se ríe en ella de los dos bandos y los ridiculiza a ambos por igual.
Aunque no las he visto todas, calculo que e 70 por ciento de las películas de Wylder son obras maestras, mientras que el otro 30 por ciento, entre las que incluyo La Tentación Vive Arriba y La Vida Privada de Sherlock Holmes, son simplemente buenas películas, pero no tiene ninguna película mala.
miércoles, 30 de enero de 2008
EL SEÑOR PANCETA
Trabaja de recepcionista en un hostal de mierda en Santiago de Compostela. Trabajar de recepcionista en un hostal es el mejor trabajo del mundo, aunque no paguen muy bien, porque consiste simplemente en estar sentado sin hacer nada durante ocho horas, y puedes leer, escribir, leer el periódico, comer, cocinar, masturbarte o hacer lo que te venga en gana. Es el trabajo más parecido a no trabajar, simplemente de vez en cuando alguien te pide una llave y tienes que mover la mano para dársela, o te preguntan por un restaurante o dónde está la parada de bus más cercanay simplemente tienes que decírselo, se lo dices amablemente y no cuesta ningún esfuerzo, es casi imposible equivocarse y si no sabes algo te disculpas y lo miras en internet en ese momento y se lo dices en un minuto; al final es muy fácil que el cliente se vaya contento y a veces incluso hasta te dan propinas, totalmente inmerecidas porque tú simplemente estás ahí rascándote las pelotas y siempre contestas a las mismas preguntas chorras dos veces cada ocho horas y no haces nada más en todo el día.
Yo estuve haciendo ese trabajo durante un tiempo. No es como en un hotel que normalmente haces un montón de papeleo y hasta a veces tienes que asumir responsabilidades. En un hostal no haces nada, en tres meses que estuve allí me leí más de 100 libros, incluso el Quijote, aprendí idiomas, hice amigos online de todo el mundo y escribí un montón, hasta óperas. Al final estaba tan aburrido que me dedicaba a traducir traducciones de libros famosos otra vez a su idioma original; cada semana traducía un libro entero; traducía la Eneida del español al latín o un libro de Harry Potter del castellano al inglés, simplemente para distraerme comprobando si mi versión era exactamente igual, palabra por palabra, a la versión inicial del autor. Así pasaban los días en ese trabajo parecido a no trabajar. Trabajaba menos de 5 minutos al día, sólo cuando un cliente me preguntaba algo. Le daba siempre información de calidad porque no me costaba ningún esfuerzo hacerlo.
Yo pensaba que no existía ningún recepcionista de hostal malo hasta que me crucé con el señor Panceta, sin duda el peor recepcionista del mundo. Le pregunté un sitio que estuviera bien para comer en Santiago y el tipo me contesta que en cualquiera. !Bingo! !Por supuesto que en Galicia se come de puta madre en todas partes, para eso no hace falta preguntar a un gordo de mierda! Si le preguntas a un recepcionista un sitio para comer bien, esperas que te recomiende un lugar no turístico que esté bien de precio y calidad, donde van a comer los nativos y no los guiris, o algún lugar con un producto especial o con unas vistas fantásticas. Eso le intenté explicar al señor Panceta, pero el tipo seguía mirándome fijamente con esa media sonrisa enigmática de gilipollas que le caracteriza.
Al día siguiente, le pregunté dónde y a qué hora se cogía el bus para el aeropuerto y el tipo me contestó. "Creo que es en la Plaza de Galicia, pero no sé los horarios. Pero es mejor ir en taxi, para m´s seguridad. Todo el mundo que conozco hace eso" Si el señor Panceta llevaba más de dos semanas trabajando en ese sitio, seguro que le habían hecho esa pregunta más de diez veces, pero el tipo probablemente prefería quedar como un gordo inepto antes que meterse en internet e imprimirse los putos horarios del autobús.
Yo creía que no había en el mundo nadie más perezoso que el pordiosero Unión, hasta que conocí al Parado. Y ahora resulta que existe alguien incluso peor: el señor Panceta.
lunes, 5 de noviembre de 2007
EXCELENTE CONVERSACIÓN SURREALISTA JUNTO A LAS TORRES DE SERRANO
Este es el diálogo completo tal como ocurrió exactamente. Adjunto una foto de las Torres de Serrano para que los que no conozcan Valensia visualicen mejor la situación

Un tipo sentado con su novia en uno de los banquitos al pie de las torres de Serrano. Llega un desconocido de origen latino, unos 30 años y bastante bien vestido, con el pelo engominado, y le empieza a taladrar. Mantienen una conversación como si fueran colegas de toda la vida.
-¿Qué altura tendrán?
-Ni idea, unos 40 o 50 metros, no lo sé.
-Es que me quiero suicidar.
-Los suicidios son hasta las 8. A partir de esa hora creo que las torres están cerradas.
-Es que me ha dejado mi parienta.
-No importa, hay un montón.
-Era así de gorda (abriendo los brazos al máximo)
-También hay muchísima comida en casi todas partes.
-¿Usted cree que éste es un buen lugar para suicidarse?
-Sin duda. Gótico militar de excelente calidad. Bellísima tracería. Sencillas pero estilizadas almenas.
-Su novio es un hombre muy atractivo (dirigiéndose ahora a la chica). Créame, porque yo soy latino americano y de eso sé muchísimo. Usted es muy hermosa también. Les felicito.
-Gracias. No olvide intentar caer al suelo de cabeza, pues si cayera de pie, las posibilidades de morir serían mucho menores, a parte de algunos huesos rotos, y el objetivo de esto no es otro que una muerte instantánea.
-Tiene usted razón. Gracias por su consejo, buen señor.
-Gracias a usted. Le deseo mucha suerte, a la hora de acometer tan intrépida gesta.
domingo, 7 de octubre de 2007
LEOPOLDO MARÍA PANERO
-Villon murio ahorcado por robar.
-Baudelaire era opiómano, dandy, antisemita, ultracatólico, quizás también impotente.
-Blake tenía visiones en las que veía querubines, diablos, semidioses, algunas otras criaturas mitológicas.
-Cernuda se acababa querellando con todos sus amigos.
-Stendhal se exaltaba tanto al contemplar obras artísticas que a veces se desmayaba.
-Celine se paso al bando alemán en la primera guerra mundial, y antes de la segunda se mostró afin con Hitler.
-Mallarmé vivía en su propia realidad paralela.
-Rimbaud recibió un disparo de Verlaine.
-Lorca chupaba pollas (la frase no es mía, es de Buckowsky)
-Buckowsky era pordiosero, suelista, alochólico, ludópata y terriblemente feo.
-Mauricio R. ha escrito el Libro Azul, el mejor libro de la historia de la literatura; libro que, pese a ser mucho más importante que la Biblia o el Corán, está lleno de faltas de ortografía que harían sonrojarse a cualquier estudiante español de primaria.
Leopoldo María Panero es para algunos el mejor poeta español de la actualidad: no es muy conocido, no presenta un telediario ni hace apología de Aznar, ni está casado con un limón; no escribe una columna en el ABC ni colaborá en ningún estúpido suplemento dominical del grupo PRISA; sus textos son demasiado herméticos como para ser adaptados al cine.
Hace sueling, vive en un manicomio en Las Palmas de Gran Canaria. Su padre fue el renombrado poeta español del franquismo, Leopoldo Panero. Era una familia de artistas, pero él estaba loco.
El Desencanto, de Jaime Chavarri:
http://es.youtube.com/watch?v=cPqNn_ygFzw
Un excelente documental sobre la familia Panero. Seguro que está entero en el emule. Que alguien lo ponga a bajar.
En una de mis escenas preferidas de la película, el tipo afirmaba ante la cámara, creo que delante de su propia madre, que él no padecía de complejo de Edipo, pues tal complejo implica un deseo inconsciente de hacer el amor con la madre de uno, y para Panero ese deseo fue siempre totalmente consciente y se la quería tirar abiertamente.
Uno de sus grandes momentos televisivos fue cuando se orinó encima en directo, mientras era entrevistado por Sánchez-Dragó en su programa de los domingos por la noche. No he encontrado el video en youtube, si alguien lo encuentra en el emule...
Escribió un poema perfecto con cuatro años de edad:
Mi corazón temblaba y no era un sueño / fueron muriendo todos los soldados de la guardia del rey / y mi corazón seguía temblando
Aquí un link a una entrevista:
http://www.nodo50.org/tortuga/article.php3?id_article=2270
Hablando del incesto, su poema Bello es el Incesto, pese a lo desagradable del título, para mí uno de los mejores poemas que se hayan escrito jamás en castellano. O quizás precisamente debido a esa mezcla entre una temática tan mórbida y unas imágenes tan hermosas.
Bello es el incesto.
Hay torneo de lanzas, y juegos
y el vino promete su derrame
para alegrar la unión
de los esposos.
Se decapitará a dos niños para saber si es buena
la sangre, y si así augura
una feliz unión para los siglos.
Cándido, hermoso es el incesto.
Madre e hijo se ofrecen sus dos ramos
de lirios blancos y orquídeas, y en la boca
llevan ya el beso para desposarlo.
Y en la noche
de bodas, invitado
viene también el cielo: lluvia
y truenos
y los rayos, y el mundo entero convertido en lodo
para celebrar la unión
de los esposos.
Sin embargo, mi poema preferido de este tipo es El Canto del Llanero Solitario:
http://musolari.blogia.com/2006/092801-el-canto-del-llanero-solitario.php
miércoles, 20 de junio de 2007
TODO SOBRE EL BEERCLOCK.
El beerclock es uno de los mayores atractivos turísticos de Inglaterra, y es también el único reloj del mundo que funciona con cerveza y da la hora en litros de cerveza. Se trata de una persona que mediante una tradición ancestral, que se transmite de padres a hijos y que data de la época anterior a las invasiones romanas, ha aprendido a beber cerveza a una velocidad constante durante las 24 horas al día. (En realidad, cada beerclock se compone de dos o tres miembros que hacen turnos, normalmente de 8 o 12 horas, para cubrir el día entero). El beerclock suele estar conectado mediante un artefacto mecánico al reloj de la torre al pie de la cual está sentado (por ejemplo, la del Big Ben), de manera que el reloj va a marcando las horas a la velocidad a la que el beerclock va bebiendo.
El beerclock se bebe 24 litros de cerveza al día, exactamente un litro cada hora. Por eso el día en Inglaterra se divide en 24 litros de cerveza; el litro a su vez en dos latas de tenis (equivalentes a nuestra media hora); la lata de tenis está compuesta de cuatro vasos, cada vaso en varios chupitos, y así sucesivamente. Por eso, en vez de decir que son las seis y cuarto, los ingleses, que dan la hora en litros de cerveza, dicen que son seis litros de cerveza y un vaso. Las 10 y media, por ejemplo, serían 10 litros y una lata de tenis. Existen medidas mucho más pequeñas, como el tercio, el quinto o el trago. El trago, por ejemplo, es el tiempo en que tarda el beerclock en darle un trago a su cerveza, tiempo que como hemos visto en el párrafo anterior, es siempre constante. Hay, finalmente, unidades más pequeñas, como la gota o el átomo de cerveza. Esta última, que sólo utilizan los científicos y las computadoras modernas, se define como el tiempo que el beerclock tarda en ingerir un átomo de cerveza.
El método para convertirse en un beerclock es bastante duro, y también la vida de estos relojes. Los que trabajan como beerclocks tienen una esperanza de vida mucho menor que el resto de los ingleses, y la mayoría de sus mujeres enviudan relativamente jóvenes. A cambio, el beerclock cuenta con muy buenas prestaciones sociales y un salario más que aceptable. Pero la mayor gratificación del beerclock es el enorme prestigio que su trabajo reporta. Cuando uno llega a un pueblecito británico, se da cuenta de que los personajes más respestados y populares suelen ser el alcalde, el párroco y el beerclock local.
Existen beerclocks de gran tamaño y popularidad, por ejemplo el del Big Ben, el beerclock de la catedral de Glouscester, y también el beerclock de Oxford. Luego hay beerclocks de aldea o de barrio, cada uno de los cuales tiene también su encanto particular, como el precioso beerclock de la estación de metro de High Kensington, en Londres, que ya mencionara en su famoso poema el escritor del siglo XVIII Ralleigh Myles-Dylan. Pero lo que es común a todos los beerclocks es que todos dan la hora con una exactitud asombrosa, una exactitud que es superior a la de casi todos los relojes actuales y que ha sido puesta a prueba mediante las más modernas computadoras, para regocijo de los patrióticos medios británicos. De hecho, uno de los magazines de moda del Canal Four, organizó el año pasado una competición entre un modernísimo ordenador de la nasa y un beerclock liverpudiano de barrio, con resultado favorable a éste último.
Además de por su precisión, el beerclock destaca por su fiabilidad. A un reloj de pulsera se le agotan las pilas, se rompe, es sumergido en el agua por error. El beerclock, verdadero patriota inglés, sigue dando la hora con precisión, por muy enfermo que esté, hasta que el médico le obliga a ser sustituido cuando ya está en las últimas. Eso no quiere decir que los beerclocks no fallen nunca, pues de hecho existen algunos casos de beerclocks que se han adelantado o retrasado o que han dejado de funcionar. Pero la ocurrencia de estos errores es muy inferior a los que se producen con relojes de cualquier otra índole.
Un verdadero ejemplo del patriotismo y del sentido del honor de los beerclocks fue el que se produjo durante la segunda guerra mundial. Muchos ingleses todavía no han olvidado que, mientras la aviación alemana bombardeaba Londres, Bristol y otras ciudades inglesas, y la población civil se refugiaba en el metro y en los refugios antibombardeos, los beerclocks desoyeron las consignas de su gobierno y continuaron en su puesto de trabajo, bebiendo cerveza y dando la hora con la misma precisión y velocidad de siempre.
Después de ser aclamados como héroes en la posguerra, los años sesenta fueron un periodo difícil para los beerclocks, debido a las corrientes progresistas que surgieron por entonces y a la preocupación por los derechos humanos que fueron mostrando las nuevas generaciones. Con la nueva sociedad de consumo, los jóvenes se desentendieron de las tradiciones, de manera que trabajar como beerclock perdió prestigio. Además, la sociedad se fue sensibilizando ante la falta de derechos laborales y el dilema ético que supone mantener una tradición de índole, para muchos, tan bárbara. Así que el gobierno dictó estrictas leyes para regular sus jornadas laborales, y dejó de conceder en muchos sitios los permisos que garantizaban su mantenimiento, permisos que antes se renovaban de manera prácticamente automática.
En los noventa, la economía y la vida social británica experimentaron un nuevo florecer bajo el gobierno de Tony Blair. Los laboristas volvieron a promover el uso de beerclocks y los convirtieron en un símbolo de la recuperación de la autoestima y el orgullo británicos que se estaban produciendo bajo su gobierno. Hoy en día, pese a que los ingleses utilizan relojes de todo tipo como cualquier otra sociedad modernas, los beerclocks vuelven a estar de moda. Además de los tradicionales beerclocks, que suelen situarse en ayuntamientos, mansiones antiguas y catedrales, muchas instituciones públicas y privadas de la actualidad están abriendo beerclocks nuevos. Prácticamente no existe pub de moda en el centro de Londres que no tenga su propio beerclock, y algunas entidades financieras han construido para sus sedes algunos modernísimos.
En cuanto al resto del mundo, en la época de esplendor del imperio británico se construyeron beerclocks por todo el planeta, algunos de los cuales aún perviven. En Escocia, Gales e Irlanda de Norte el grado de implantación es similar al que existe en Inglaterra, con la única diferencia de que en Escocia no funcionan con cerveza, sino con güisqui (Scotchclocks). En otros lugares de la Commonwealth también sobreviven algunos en la actualidad, aunque sea sólo como tradición histórica, pues en todos esos lugares la población no mide el tiempo en litros de alcohol sino en horas y minutos como el resto del mundo. Hay que destacar que todos estos relojes, situados en lugares diferentes del globo, están totalmente sincronizados entre sí y dan exactamente la misma hora en todas partes, con la sola diferencia de las horas que separan una franja horaria con otra. Hay beerclocks famosos en ciudades tan dispares como Bombay, La Valetta y Shangai. El beerclock de Shangai, por ejemplom fue cerrado por las autoridades chinas tras la revolución, pero en los 90 fue vuelto a abrir como símbolo de progreso y apertura a occidente y a la economía de mercado. Cabe destacar también que en Japón se puso de moda, también en los años noventa, una modalidad autóctona del beerclock, que todavía pervive y que funciona a base de sake.
Además de los beerclocks que miden el tiempo, también existieron los beerclocks de distancia, que eran igual de fiables que aquellos. Desde épocas ancestrales, la distancia se midió en Inglaterra también en litros de cerveza. Los beerclocks de distancia eran algo más complejos que los otros, pues estaban entrenados para beber y a caminar siempre a una velocidad constante. Si había que medir la distancia, por ejemplo, entre Liverpool y Manchester, se mandaba a un beerclock a que recorriera andando el trayecto entre ambas ciudades. La cantidad de cerveza que se bebiera por el camino daba la medida del alejamiento que existía de una urbe a la otra. Actualmente, los beerclocks de distancia apenas se usan, pero sus mediciones también han sido corroboradas como ciertas, y los ingleses siguen utilizando litros, vasos y chupitos, en vez de metros o centímetros como nosotros.
Otras extrañas tradiciones inglesas británicas a destacar son la de cocinar un plato más del número de comensales que haya en la mesa y luego tirar ese plato a la basura sin probarlo como símbolo de opulencia, o la de comprar siempre un billete de ida y vuelta aunque se vaya a hacer sólo el trayecto de ida.

